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martes, 22 de noviembre de 2011

Nueva Inglaterra


No recuerdo bien a qué edad comencé a leer a Twain. Como mucho, 10. Lo que si recuerdo con claridad es la sensación de entrar en un mundo nuevo, desconocido, mágico y aventurero, muy diferente al que en aquel momento yo vivía con mi familia en Madrid, y en mi cole de gris uniforme.

Desde entonces, no sé las veces que he leido a Mark Twain. Tantas, que Tom, Huck, Beckie y el indio Joe pasaron a ser parte de mi familia. Tantas, que cuando hace un par de años fui a visitar la casa de los Twain en Hartford (en realidad allí se ve la casa de los Clemens), no pude evitar el volver a vivir todos esos momentos felices de mi infancia. Visité la casa, acaricié la madera de la barandilla que tantas veces tocarían los Twain y me senté en el rincón en que el escritor le contaba cuentos a sus hijas. Y lo sentí. ("volver a los diecisiete, después de vivir un siglo...)

Puede que esta sea la razón por la que me gusta tanto Nueva Inglaterra. O quizá no, porque la mayoría de las novelas de Twain están ambientadas en el sur, lejos de aquí. Pero tanto da. Ya sabes que si uno siente algo normalmente existe un motivo detrás. Y yo a Twain le siento en Nueva Inglaterra. Le siento en los ríos, en las cabañas, en la luz.

Ayer visitamos algunos de los pueblos de por aquí, fuimos de compras (arruinada estoy) y luego nos dimos un paseo por Hammanasset beach, una playa salvaje entre dunas que es, para mí, un lugar muy especial.

Ayer, mientras paseaba por estos preciosos lugares, de nuevo, como cada vez, me dejé sorprender por la luz anaranjada de Connecticut, las nubes infinitas y el espíritu, al menos, de Tom Sawyer...

domingo, 28 de agosto de 2011

El gobernador de Connecticut y la intérprete de signos

Esta mañana, antes de que el generador de casa de Kerrie hiciera "kaput" y que las cosas se complicásen mucho en el hogar de los Flannagan, hemos invertido un rato en hacer una de las pocas cosas posibles (bueno, también podíamos comer o darle al tintorro pero lo de comer no es muy bueno para mi dieta y al tintorro ya le dimos Kerrie y yo ayer en una de esas conversaciones de madrugada "a calzón quitado") así que lo de ponerse frente a la caja tonta para ver cómo se sucedían las noticias del huracán era una de las mejores opciones.

Casi todo el rato hemos tenido la NBC de NY, porque la tele ha decidido que para cambiar de canal necesitábamos más energía que la que proporciona el generador, así que cuando ya estábamos hartos de ver imágenes de Staten Island, Queens y Times Square, hemos decidido que lo mismo era una buena idea "rebootear" la tele para pillar alguno de los canales locales (aquí son absolutamente localistas y se miran el ombligo, así que o localizábamos un canal de Connecticut o no nos enterábamos de nada de lo que había pasado)

Hemos intentado con el Canal 3 pero estaba totalmente off... con lo que me hubiese gustado ver a mi amigo Bruce DePriest contando todo lo del huracán... así que hemos pasado al Canal 8 en el que la rubia presentadora tenía cara de funeral de tercera, lo que nos ha preocupado bastante.

Inmediatamente, hemos pasado a ver la intervención del gobernador de Connecticut, Dannel Malloy, en rueda de prensa para comentar la situación del estado de Connecticut.

La comparecencia podría haber sido comparable a algunas de las que tenemos en España... salvo por algunos detalles: los periodistas eran más certeros, más rápidos e iban mejor al nudo de la cuestión que en España, apenas dejaban tiempo a que el gobernador pensara, el diálogo fue rapidísimo. El gobernador en todo momento conservó la calma, respondió con datos concretos
y emitió algunos mensajes de forma machacona, mensajes que tenían que ver con aquellas personas que estaban más afectadas por el huracán, especialmente aquellos que se habían quedado sin luz (700.000 hogares), personas mayores, personas imposibilitadas o niños. El mensaje era para sus vecinos: "por favor, confirmen que sus vecinos ancianos o imposibilitados están bien y que no les falta de nada"... un mensaje muy enlazado con la solidaridad entre vecinos absolutamente necesaria en un estado con casas diseminadas como setas en el que el saber que alguien cercano te puede ayudar es clave.

Otro detalle que me ha llamado la atención ha sido la intérprete de signos que estaba con él. Rápida, expresiva, y tremendamente interesante bajo el punto de vista de la comunicación. Independientemente de que sólo se comunicase con las manos y con los gestos, la forma en que lo hacía, su expresividad era brutal. Y contrastaba extraordinariamente con el aspecto sereno y serio del gobernador.

Y me ha parecido curioso que en una sola imagen en televisión tuviésemos los dos aspectos de la comunicación: el asunto y la emoción. El asunto transmitido por el político y la emoción transmitida por la intérprete. Y esto me lleva a la reflexión de que quizá lo que necesiten nuestros políticos sea una interprete de signos...


domingo, 21 de agosto de 2011

Back home



Este año mi viaje se ha gestado en tiempo de descuento. Realmente no tenía nada claro si iba a tener mi economía lo suficientemente saneada como para venir y ni siquiera sabía si en este momento vital era lo más conveniente. Pero después de recibir un email de Sue: "no quiero presionarte pero... ¿cuándo vienes?" y hacer -igualmente en tiempo de descuento- un par de trabajos imprevistos, me lié la manta a la cabeza y decidí venir.

El viaje -en stand by- agotador. Pasé 24 horas viajando y sin dormir, el enlace a Charlotte añade 4 horas al viaje (sin contratiempos, que los hubo) y al final una llega como si le hubiesen dado una paliza del quince.

Pero lo importante es que llegué. Y curiosamente, mi maleta lo había hecho en el vuelo anterior, así que llego incluso relajada a casa de Eric. En el camino empiezo a disfrutar del verde de Connecticut, de la amplitud de las autopistas, de la noche infinita...
Llegamos a la casa y es como llegar a la mía. Estreno mis llaves con el dibujo de la bandera americana y me tiro en el sofá. Y en menos de lo que canta un gallo estoy durmiendo como una bendita. Ese sueño profundo, denso, sin fin, que caracteriza las vacaciones.

Al día siguiente, un rayo de luz me despierta. Abro la cortina y veo las plantas del jardín de Eric y la frondosidad del bosque vecino. Y, al escuchar un ruidito, vuelvo a mirar. Y la veo. Seguro que ha adivinado que venía. Es ella, la misma, la inconfundible... la ardilla que cada mañana desayunaba conmigo. Esa con la que cada día tenía estupendos intercambios de miradas. Esa que solo huía cuando veía la cámara. Mi amiga la squirrel me saluda. Ya estoy en casa... :)

martes, 17 de agosto de 2010

A matter of trust



Recuerdo una conversación con Kerrie cuando estuve aquí para thanksgiving. Hablabamos del país ideal, de las cosas que sería maravilloso que tuviera nuestro lugar perfecto. Yo, de España, me quedo con la luz y el sol, con la espontaneidad de la gente, con el concepto de familia, la tortilla de patatas, el tinto de verano, las fiestas de los pueblos y mil cosas más. De USA me quedaría con ese refuerzo positivo constante, con su entusiasmo por todo, la amabilidad de la gente, el maiz, los bosques y sobre todo con la confianza.

Cada vez que tengo oportunidad de hablar con algún responsable de recursos humanos de alguna de mis empresas clientes, emito el mismo mensaje: la confianza genera confianza, y cuando la das, la recibes.

Esto es una de las cosas que creo que son claves aquí. En stop and shop te escaneas tú los productos. Y luego haces el total en la caja. Y nadie comprueba si hay alguno que no has escaneado y no vas a pagar. Recuerdo cuando fuimos a Amishlandia y en las granjas te podías encontrar mesas con verduras, frutas y una balanza romana. Y al lado un bote donde se supone que dejabas el dinero una vez que habías elegido y pesado aquello que querías. Y sin querer no pude evitar pensar en España y en qué ocurriría si importamos esta práctica. E inmediatamente pensé que la gente cogería los tomates y no los pesaría ni los pagaría. Porque además (y esto es lo peor de todo) pensaría que el que ha puesto semejante chiringuito es tontoelhaba y merece que le estafen. España es el país de la picaresca, y lamentablemente podríamos apostar a que ocurriría así.

O quizá no.

O quizá ocurriría en un primer momento. O en dos. Y puede que, si la gente ve que se confía en ella, respondiera positivamente. Y puede que en una generación o dos, o quizá en diez, las cosas fueran diferentes.

Lo que está claro es que si no hacemos ese primer esfuerzo nunca lo sabremos. Y dudo mucho que esto se pueda implementar sin un cambio social, sin un cambio en los valores, sin que dejemos de pensar en negativo de los demás por principio.

El otro día pasé por un jardín donde había muebles en venta. Sugerían que dejasen el dinero en el buzón. Y os juro que me dió envidia. Yo quiero esa confianza. Prometo no defraudar. De verdad.


jueves, 26 de noviembre de 2009

Thanksgiving day


Ayer era el gran día. La fiesta esperada durante todo el año, esa en la que las familias y los amigos se unen frente a un pavo para dar las gracias, sobre todas las cosas, por estar juntos.

Y lo primero que hicimos nosotros fue desayunar en familia. Un típico desayuno americano con tostadas francesas (qué paradoja, verdad?), salchichas, huevos revueltos y zumo de naranja.

Y tras este energizante desayuno, comienza la preparación de la cena... cena que sigue el horario habitual, o sea, que es a las cuatro de la tarde...
Eric lidera el proyecto pavo, así que nosotros simplemente seguimos sus órdenes: yo desmenuzo el bizcocho para el stuffing (?), pelo patatas y cebollas mientras él hace el relleno, coloca el pavo en la rustidera y controla el tiempo. A Sue le toca hacer de pinche.





A las tres y pico comienzan a llegar nuestros invitados: Emily y su chico, Jill con su familia, Delia y Franz y los invitados especiales: David y Stephanie que traen una tarjeta de Thanksgiving muy especial... la foto de la primera ecografía del nuevo Collins que vendrá a este mundo. La noticia revoluciona el día y a partir de entonces nos envolvemos en una conversación sobre bebés, embarazos, síntomas... y sobre todo el primer regalo que según David debería tener su hijo: la Playstation 3...

Brad prepara la mesa en la planta calle, o sea, en el apartamento de Cecilia, la abuelita de Eric. Tiene un salón con un mirador maravilloso, y a pesar de que el día amaneció lloviendo, parece que va a mejorar.
Aprovechando el respiro que nos da el tiempo y que el cielo se ha puesto maravilloso y la luz es dorada, salimos a hacer una foto de grupo. Sale razonablemente bien y después de hacer alguna otra foto aprovechando la luz, volvemos a la tarea.



Aquí la comida no se pone en la mesa (salvo alguna guarnición), sino que se situa en una mesa en un lado y cada uno se pone lo que quiere. Yo me pongo algo de pavo, unas zanahorias al horno, un poco de puré de calabaza, otro poco de puré de calabacín, unas cebolletas con crema y el relleno del pavo que no lo meten detro (aquí lo llaman stuffin'). Todo muy rico y mucho más suave de lo que yo imaginaba.




Para los postres subimos a la planta de arriba. Allí tenemos pastel de calabaza, tarta de Cramberries, una especie de Tiramisú (tengo que confirmar el nombre) y alguna otra cosa. Yo ni los miro, el resto los atacan (deben estar más acostumbrados a dejar hueco).

El resto de la tarde la pasamos charlando en el salón, riendo y disfrutando de la compañía. Vamos, como las fiestas en Madrid. Lo que no tengo muy claro es por qué, siendo algo tan de navidad, en esta casa no se juega al Cluedo...


viernes, 28 de agosto de 2009

Back home


Siempre se dice que una de las mejores cosas de viajar es volver a casa. Cuando después de unos días - en este caso unas semanas - de haber disfrutado nuevas experiencias es el momento de viajar a nuestro lugar de origen y contarlas (para mí una de las mejores maneras de revivirlas, por cierto).

Sin embargo, en muchos casos, la vuelta no está exenta de un cierto sentimiento agridulce. Supongo que todo viene de ese refrán tan español que una y mil veces le escuché a mi madre: "hija, no se puede estar en misa y repicando"

Lo cierto es que, cada vez que conoces a nuevos amigos que viven en lugaras lejanos y estos se hacen un huequito en tu corazón no puedes evitar una cierta sensación de nostalgia por la separación. Nostalgia por la incertidumbre de cuando volverás a compartir momentos con todas esas almas que te han acogido como si fueses uno de ellos.

Sin embargo, en esta ocasión he de decir que tengo un presentimiento. Creo que nos volveremos a ver más veces. Creo que tomaremos de nuevo vino juntos. Que iremos a la playa. Y a fiestas variadas. Y a Lenny and Joe's. Y que volveremos a Marshall's. Y que la próxima vez controlaremos el escaner personal de stop and shop. Y que haremos muchas fotos a los niños. Y que esta vez me bañaré en ese río. Y que volveré a reir con todos esos amigos que ya tienen un huequecito en el alma.

Gracias Carmen por haberme dado la llave de todo. Por tu videncia y por ayudarme en esta experiencia.
Gracias Eric por tu generosidad, por tu confianza, por tu cariño. Por haberme prestado a tu familia, a tus amigos. Dice mucho de tí.
Gracias a Brian y Sheila por haberme hecho vivir una experiencia fantástica en Yale.
Gracias a Bruce, Ann y Ali por su cálida acogida, por llevarme a conocer, por ayudarme a saber más sobre vidas diferentes a la mía.
Gracias Jen, Eric por haberme hecho vivir un ambiente familiar fuera de mi familia. Besad a pitufito y Talia de mi parte.
Gracias Juan y Vicky por darme un momento español fuera de casa. Y risas en castellano.
Gracias Carrie por tu sonrisa, por tu calidez. Nos veremos en España. Fijo.
Gracias Nancy por todo. Por haberme hecho reir. Por haberme hecho sentir de tu familia.
Gracias Sheila por haberme dado calor de abuela. Gracias.
Gracias a Vickie, Larry, Lee y todos los amigos de la pool. Hemos pasado estupendos días juntos.
Gracias Brad por corregirme una y mil veces aunque una y mil veces pronunciara mal. Gracias por tu cariño y tu interés en mi mejora.
Gracias Emily, Harry y familia y todos los amigos de la familia Collins por vuestra cálida acogida. Un placer conoceros
Gracias Franz por tu sonrisa y tu agrado constante.
Gracias Delia por todo. Por ayudarme en los primeros momentos, por integrarme en tu grupo de amigos, por acompañarme a sitios en los que habías estado mil veces. Y por todas las risas que hemos compartido.

Y sobre todo... gracias Sue... mi american mummy. Ha sido tan especial conocerte que ya tendrás un lugar propio en mi corazón. Me has hecho pasar uno de los mejores veranos de mi vida. Me has dado cariño, te has preocupado por mí y has hecho que aprendiera a desternillarme de la risa en inglés. Gracias, de verdad. Eres la pera. De verdad.

Y, por supuesto, querría dar las gracias a todos los lectores de este blog. Muchos de vosotros me habeís escrito dándome ánimos para que siguiera haciéndolo. Y con ello habeís conseguido que plasme mis recuerdos en fotos, música y posts. Y que siempre los tenga a mano. Y que queden más lejos del olvido.

Y gracias a mi familia y amigos por recordarme que me quieren y que esperaban mi vuelta. Siempre es más fácil volver cuando alguien te espera.

Os quiero a todos. De verdad.


lunes, 17 de agosto de 2009

De los americanos, la edad y el cuchi coupon



Ayer domingo teniamos fiesta en casa de Nancy. Su suegra llegaba desde Florida para pasar unos días, así que en su honor se montó una de estas cenas que empiezan a las tres de la tardey a la que estabamos invitados unas 40 personas.

Antes de ir a casa de Nancy pasamos a ver la casa de Carrie. Una maravilla por la que se podría matar, una maravillosa casa en madera gris con dos alas separadas por un maravilloso living y dos edificios anexos en un bosque con 56 acres de terreno: Antes de irnos nos da una cosa para que se la demos a Nancy. Unas orejas de conejo, un collar para el cuello y alguna cosa más. Le pregunto qué es y me dice que Nancy le había prestado el disfraz con el que sorprendió a su marido en Halloween. El disfraz era de conejito del Playboy.

Obviamente que alguien se ponga el disfraz de conejita de Play boy para sorprender a su marido aun siendo original no es algo extraordinario. Lo que sí que me lo pareció (no solo extraordinario, sino maravilloso) es que alguien con más de sesenta años y más de treinta de matrimonio lo hiciera.

Y además de ser maravilloso nos dice que aquí no existen los complejos que existen en España con la edad. Aquí puedes ver a una respetable abuelita de las que en España estaría rezando a la espera de pasar a mejor vida con unos shorts y un t-shirt jugando al golf, viajando, conduciendo, paseando con sus amigas o subida en una noria. Sin complejos.

Y al final mi reflexión fue que yo quiero ser de esas abuelitas, la verdad.

Una abuelita como la suegra de Nancy, haciendo fotos con su cámara digital a todo lo que se le ponía por delante, en esa fiesta tan estupenda que le habían montado.

Precisamente en esa fiesta (muy diferente a las fiestas de casa también, aqui se pone la comida y se van sirviendo y sentando en todos los sitios de la casa, no hay que esperar a todos para empezar) aprendí una nueva palabra dentro de mi vocabulario inglés: cuchi coupon.

Y lo aprendí porque de repente, alguien se lo dijo a su pareja que parece ser que se había ido a hacer la compra solo y dejando que su santa durmiera. Como premio ella le dijo que le daba un cuchi coupon.
Parece ser que cuando tu pareja es majete y va a la compra, o limpia la casa (sin protestar) se le puede dar un cuchi coupon (o dos o tres dependiendo de lo que hayan hecho)

Supongo que no hace falta que traduzca el significado, solo decir que son acumulativos e ilimitados... y que tienen su gracia, la verdad.
Y aunque no sé si recordaré todo el vocabulario que estoy aprendiendo, me da que esta palabra tan simpática sí que la voy a recordar...

viernes, 14 de agosto de 2009

Nail Tique


Una de las cosas que me llamaron la atención cuando aterricè por primera vez en Estados Unidos fue que las funcionarias de aduanas llevaban unas uñas larguísimas y muy cuidadas. Y cuando hablo de larguísimas hablo de incomparablemente más largas que las que suelen llevar las mujeres en Europa, ni siquiera las que trabajan en pelis porno (esto me lo ha contado una amiga). Es por eso por lo que se pueden ver multitud de locales dedicados a hacer la manicura y pedicura.

Y como aquí todo el mundo lleva las uñas impecables y hay tantisima oferta, es dificil sustraerse a la tentación de pararse a ver si en esto, también son diferentes a los españoles.

Me acerco a Nail Tique, un local en el Westfarm Mall. Y lo primero que veo cuando asomo la cabeza es una doble fila de mesas con asientos. En estos y frente a las clientes, una serie de mujeres vietnamitas que pareciera que trabajaran en una cadena de produccion. No puedo evitar en este momento recordar ese lugar (no sé si mi hermana Bea lo recuerda)en el que me depilaba las piernas cuando iba a la facultad... creo que estaba en Moncloa o en San Bernardo. Un local en el que nos poníamos en fila y una mujer nos iba dando la cera una tras de otra. Luego volvía y nos quitaba la tira. No era muy higiénico pero era barato. Y nosotras eramos jóvenes. Incluso nos divertía. Que tiempos aquellos...
Bueno, que me enrollo... decido ser valiente y entrar. Me preguntan y digo con el mejor acento que puedo que quiero pedicura y manicura. La mujer me conduce a una línea de sofás enormes con un mini spa en los pies, me pone agua y da a un botón de un mando a distancia del brazo del sofá. ¿pero qué es esto? le pregunto cuando empiezo a moverme como si tuviese ataques epilepticos.... Un masaje, me contesta. En ese momento me doy cuenta que el super sofá, además de darte jacuzzi podal me va a dejar los nudos de la espalda más suaves que la seda.

Me descalzo, meto los pies en el agua, me pongo cómoda con el sofá y me preparo para disfrutar. Si, aunque parezca increible, disfruté. La pedicura que en Madrid me resulta un infierno y con la que paso unas cosquillas desagradables de morir, aquí es una experiencia deliciosa. Una mujer vietnamita, con bata blanca, guantes y mascarilla, trata a mis pies como si fuesen los únicos del mundo. Fantástico.

Me hace la pedicura francesa y pasamos a una de las mesitas a la manicura. Me pregunta que tipo de manicura quiero (esta es otra historia, que aquí cuando dices que quieres algo, empiezan a hacerte mil preguntas para definir). Le digo que la normal y le pregunto qué son esas cartulinas que dicen nail design. Me las enseña y ya entro casi en trance. 250 modelos de diseños de uñas de todo tipo: flores, rombos, líneas, en blanco y negro, en colores fluorescentes, op art, con el smiley, con papa noel, el árbol de navidad, números, letras, signos de todo tipo... un surtido alucinante. Y todas de un tamaño que harían palidecer a Barbra Streisand.

La mujer me pregunta si quiero uno de los diseños y yo respondo horrorizada que no. En realidad es un impulso, porque hubiera molado ver la cara de mis hermanas si aparezco en Madrid con las uñas pintadas con calabazas de Halloween...

Me deja unas uñas que en mi vida me las han dejado así. Me cobra 45$ (unos 30€), me desea feliz noche y me acompaña a la puerta.
Y yo me voy tan contenta a comprarme unas flip flop. Obviamente tengo que enseñar los dedos de los pies, no???

jueves, 6 de agosto de 2009

Magnolias de acero


Magnolias de acero,es la historia de seis mujeres muy diferentes y especiales, que viven en un pequeño pueblo de Louisiana. La historia está ambientada en un ambiente rural. Y tiene como lugar de encuentro una pequeña peluquería en la que se comparten tristezas, alegrías, amores, desilusiones... todas las emociones que van construyendo día a día nuestra vida.

Pues bien, no en Lousiana pero sí en Connecticut, yo hoy he estado en la peluquería de Magnolias de Acero... y he de admitir que lo he hecho por imperiosa necesidad: llevar el pelo como la abuelita Paz de blanco no me ponía nada y, aunque la idea de ir a otra peluquería diferente a mi estupenda Luis y Tachi no me dislocara, la opción alternativa era inviable.

La primera diferencia con mi peluquería habitual es que esta situada al lado de un bosque. Y por muy bonito que sea el retiro, no es lo mismo, la verdad.
La segunda es que veo una hilera de secadores de pie de esos que hacía siglos que no veía. Fantásticos.
La peluquería es pequeña y coqueta. Tiene dos partes separadas: una para hombres y otra para mujeres.

En total hay tres personas trabajando para las dos peluquerías, lo que así a primera vista parece bastante estresante. Le pregunto a Sue si suele venir mucha gente y me responde que allí solo van a cortarse el pelo.¿Y a peinarse? -digo yo- No, dice ella, ya te peinas en casa tú (lógica aplastante, claro), aquí solo vienen todas las semanas las mujeres mayores.

La verdades que esto me sorprende. Yo, cuando tengo trabajo, voy cada semana a la peluquería. A peinarme. Solo. Y desde luego mis hermanas y muchas de mis amigas también. Así que pienso que no es un muy buen negocio ser peluquera en Connecticut.

Chris, la peluquera, conoce a Sue desde hace muchos años, así que tengo confianza con ella para mirarle con cara de perrito abandonado a efectos de que no me deje el pelo color rasperry. Con gesto profesional saca su muestrario de tonos y elige el mío. Lo hace tan convencida que me tranquiliza, la verdad.

Cuando comienza a secarme veo que sí, que podía confiar en ella. Menos mal.

Lo que no sé es si debo decir algo que no corresponde o no haberlo dicho, pero ella se limita a secarme el pelo. No brushing. No salir de la pelu para ir de cena. No mirarte en los escaparates disfrutando de una melena vaporosa. Solo secar.

El resultado no me preocupa hasta que, después de comer, Sue me lleva a un precioso salto de agua cercano (donde estuve a punto de ser devorada por los mosquitos, por cierto) y donde había una humedad considerable.
No me preocupa hasta que, cuando llegamos a casa de Sue, beso a Brad y me dice eso de: "te veo muy distinta..." (una frase que nunca ha presagiado nada bueno...)
No me preocupa hasta que me miro en el espejo retrovisor y veo la cruel realidad: soy una mezcla entre Mafalda y el mudo de los hermanos Marx...


miércoles, 5 de agosto de 2009

De playas privadas, Santa Pola y Gossip Girls



Ayer, después de confirmar una y mil veces el weather forecast (por si las flies...), decidimos, con Jen y los niños, ir a la playa.

Y como este concepto es muy diferente al que tenemos en España, a mí me sigue llamando mucho la atención y me provoca curiosidad, la verdad. Esto de las playas privadas no lo acabo de entender.

Cogemos el coche y las toallas y nos dirigimos a la playa. Jen me cuenta que es una playa privada y que ellos pagan por la temporada unos 300$ por el uso de la playa y las instalaciones.

Cuando dejamos el coche me doy cuenta de a lo que se refiere con "las instalaciones". Entramos directamente en una zona el la que hay habilitado un edificio con cierto aspecto de corrala y pequeñas habitaciones, cada una de ellas compartida por dos familias. En estas, se puede dejar la toalla, los bañadores, las hamacas... y hasta tienen una ducha para quitarse la arena antes de irse. Fantástica idea.

Cada uno de los habitantes de las habitaciones la ha decorado a su gusto, y la mezcla de todas es absolutamente divertida, una decoración ecléctica que resulta muy simpática.

Lo curioso del sitio no es eso, sino que la gente se queda charlando en mesitas o sillas en la puerta de su chiringuito, lo que hace que tengamos una versión Gossip de Playa Lisa... uniendo en el sentimiento a los veraneantes de Silver Sand Beach y Santa Pola (quien lo diría). Si no fuese por el cambio de idioma, pensaría que de un momento a otro iba a escuchar el bingo playero que pontaban en Playa Lisa por la noche...

Dejamos los bolsos en la pequeña habitación (con las tarjetas de crédito, el dinero y todo lo de valor.. cuando vuelva a casa me va a costar deshacerme de este concepto de tranquilidad...) y vamos hacia la piscina. Hay dos: una para adultos y niños y la otra solo para adultos. Como llevamos amiguitos pitufos, vamos a la infantil.

Y allí encontramos una piscina con vistas al mar -que eso mola- y con gaviotas que de vez en cuando vienen a beber del agua clorada... un misterio.

Paso la tarde haciendo fotos a diestro y siniestro a los niños y a los adultos sin que nadie me diga nada (creo que aquí están algo menos neuróticos con las fotos) y cuando viene el orgulloso padre de las criaturas nos vamos a cenar a un restaurante en el mismo complejo (sin muchas sofisticaciones pero con buen sabor).

Después de cenar (suena raro decir eso cuando eran las siete) nos fuimos a dar un paseo por Silver Sand Beach y es entonces cuando tuve oportunidad de ver las casitas y los casoplones que llegaban hasta un faro cercano.

Como aquí se estila hablar con la gente que te encuentras, saludamos a esta chica recién salida de la portada del "Sport Ilustrated" con gafas de Gucci y flip flaps de Tommy. Sus perros llevan collares de coach (para quien no lo conozca, una marca muy pro de bolsos y complementos)



Según estamos hablando con ella nos damos cuenta que empieza a anochecer, y que el sol está cambiando de color hasta llegar a un espectacular tono carmín, así que decidimos separarnos y Jen y yo vamos por la costa a ver el atardecer.
Llegamos tarde y solo alcanzamos a ver la luz tamizada que el sol deja en el mar.
Es como en la vida, a veces también se llega tarde.
El mejor consuelo es que, hoy, de nuevo, saldrá el sol...


lunes, 3 de agosto de 2009

Friendly people



Siempre he pensado que es duro que lo que sorprenda sea lo positivo. Quiere decir que no es lo frecuente y esto es definitivamente malo. Y es por eso por lo que determinados comportamientos que estoy viendo en este bonito estado además de agradar, me sorprenden.

Sorprende que cuando pides algo en un super, vuelen por dártelo.
Sorprende que cuando te ven despistada en la gasolinera te pregunten si necesitas ayuda.

Hoy me ha sorprendido que un señor en la piscina (un sesentón, mi mercado objetivo... ;) ) me haya visto ir a por una hamaca y que se levantara para ayudarme (estando como estaba a unos 10m leyendo el periódico tan contento, que se podía haber escaqueado...)y que además se me haya presentado y ofrecido para lo que quisiera.
Me sorprende que la gente te hable en la piscina y te den conversación. Hoy he conocido a una mujer que al enterarse que no era de aquí me ha presentado a todos los vecinos que estaban en la piscina y ha montado ir a tomar una copa hoy para que conociera un bar de estos tipo Ally McBeal a los que tengo ganas de ir.

Y me ha sorprendido que un tipo lleno de tatuajes, hoy en el Trader's Joe, me preguntara cuales eran mis planes en este precioso día. No me imagino al del carrefour haciéndome esa pregunta.

Y la última sorpresa ha sido que me ha pedido que le haga una foto. No solamente no te ponen verde sino que se dejan. Definitivamente sorprendente. Los habitantes de esta parte de Connecticut son claramente friendly people. De verdad.

Listen "Keith urban Keith urban - somebody like you"

domingo, 2 de agosto de 2009

De marshmallows y primeras veces



Una de las cosas que nunca dejaré de agradecer a la vida es que, a pesar de cumplir años y vivir experiencias vitales buenas, mejores o mediopensionistas, sigo teniendo intacta la capacidad de asombro, lo que es una ayuda inestimable para disfrutar de la vida y de las experiencias nuevas o no tanto.

Cierto es que según vas cumpliendo años, cada vez es más dificil vivir situaciones nuevas y es por eso que cada una de ellas se torna magnífica cuando ocurre. Anteayer disfruté muchisimo viendo a mis sobrinos por la webcam y sobre todo viendo la cara de mi hermana Bea que estaba viviendo un encuentro en la tercera fase tecnológica.
Ayer tuve la oportunidad de tener una nueva "primera vez". Después de cenar en casa de Brad y Sue, esta me dijo que luego iríamos al fuego de los vecinos. La verdad es que me sonó raro, pero como no acabo de pillar el 100% de lo que escucho y aquí son muy aficionados a los fireworks, creí que nos ibamos a situar en algún lugar estratégico para verlos.

Pero no, cuando ví que salíamos con la sangría, los vasos de papel y el cochecito de golf hacia una fogata que veíamos desde la casa, me dí cuenta de que iba a ser otra cosa...
Efectivamente, cuando llegamos al fuego (perfectamente situado en un alcorque para evitar cualquier peligro) y vi que alrededor de él había un montón de gente bebiendo y riendo me dí cuenta de que se parecía más a una noche scout que a un espectáculo de fuegos artificiales.

Tras las pertinentes presentaciones,, y viendo que iba a compartir la noche con algunos de los protagonistas del próximo casting de High School Musical IV, decidí integrarme en el grupo (la aclimatación en estos casos es una regla de oro) y seguir practicando mi inglés.

En un momento dado me preguntan si quiero un marshmallow. La verdad es que a mí me sonaba el término por haberlo visto en dos ocasiones: en las viñetas de Charlie Brown de mi infancia y el otro día en el stop and shop. Les pido que me lo describan para ver si me va a gustar y no acaban de dar con la definición, así que decido probarlo.

El marshmallow es una especie de terrón de azucar grande (una vez probado os diré que creo que es equivalente a nuestras nubes de golosina) que pinchan en una especie de tridente y pasan por la hoguera. Puedes tomarlo poco hecho, medio o pasado, y una vez caliente el interior queda con una textura tipo la del queso brie. Luego lo meten en una especie de sandwich hecho con una galleta y una onza de chocolate... y os aseguro que el resultado es riquisimo.

El primer marshmallow me lo hace Jessica. Pero en el segundo me pico y me apetece hacerlo a mí. Así que lo pincho en el tenedor gigante, lo paso por el fuego y lo remato. Y de nuevo me acuerdo de mi sobrino Nacho. Y pienso que va a ser un privilegio que viva esto a la edad que toca, porque yo lo estoy viviendo algo añosa (aunque feliz, por supuesto).

La noche es muy agradable. Por aquí en los exteriores de las casas no hay luces (o no las ponen) con lo que la oscuridad es total. Gracias a eso, las estrellas casi se pueden tocar y contribuyen a que la noche sea perfecta... bueno, casi...yo echo de menos alguien tocando la guitarra y cantando, pero no sé si aquí son más de banjo...

Cuando vuelvo a casa, a la altura de Portand me sorprenden, ahora sí, los fireworks.
Azules, rojos, verdes,amarillos y púrpura explotan al final de mi camino. Definitivamente, el caldero está bajo el arcoiris...


jueves, 30 de julio de 2009

On the beach


Ayer amanecí temprano.
Eric escribió a Sue para decirle que me tenía que llevar a la playa y a comer a un sitio que le gusta mucho, y ella inmediatamente se puso a la tarea.
El tiempo aquí no estaba de rechiflar, pero pensé que mejoraría según llegase a Durham dondenormalmente es mejor. Pero... no fue así aunque a pesar de todo, ella agarró una especie de quilt para sentarnos en la arena, los bañadores y el bronceador (que no se diga que no somos gente positiva.

Recorremos las pocas millas que separan Durham del Hammonasset Beach State Park y antes de que me de cuenta estamos entrando en el parking, el trayecto se me ha hecho cortísimo, creo que si algún día sale el sol me iré a pasar el día allí.

Como hace mal tiempo y no nos vamos a quedar, le decimos a la chica de la garita de la entrada (una entrada con carriles como las de las autopistas de peaje) que nos deje pasar sin pagar los 7$ que cuesta dejar el coche allí. Ella nos dice que podemos pasar 15 minutos a echar un vistazo. Sue le dice que anote el número de la matrícula y ella dice que no, que no hay problema. Sue me comenta que se fia de nosotras por sus canas (yo pienso que aquí se fian todos de todos mientras no les demuestres lo contrario).

Carmen me dijo que aquí las playas son privadas. Este concepto que en España es inexistente y que además obliga a servidumbres de paso a fincas lindantes con la playa aquí es normal y parece ser que cada verano, motivo de polémica puesto que hay algunos que no son nada partidarios de no tener playas (lo normal). Por la tarde, de hecho, estuvimos conduciendo por la costa por playas preciosas a las que solo puedes acceder si eres vecino y pagas tu tasa correspondiente. Además, solo puedes ir a la playa que te corresponda, lo que yo creo que dificulta mucho que conozcas a nadie fuera de tu entorno. Al final, los habitantes de Connecticut van a acabar como los Borbones, con poca mezcla de raza ...

La playa de Hammonasset es una de las pocas donde los que no viven en el mismo vecindario pueden acceder. Y esto, en principio augura cienes de personas aquí. No las encontramos. Claro que puede ser porque el tiempo bueno bueno no es, pero sin embargo, cerca de la entrada vemos la zona de acampada con el cartel de "lleno total", así que la segunda razón debe ser que es tan larga que hay sitio para todos.

Según paramos para ver la playa, me doy cuenta de lo que echo de menos el mar. Siempre pienso que en otra vida debí ser pez, por muchos motivos, pero uno de ellos es que cada vez que meto los pies en el mar, me siento en casa.
La playa es bastante salvaje, con dunas, del estilo de la de Eastham en Cape Cod, y hay una zona en la que unos cuantos valientes se bañan. No podemos aguantar la tentación y metemos los pies y disfrutamos de ese momento tan agradable.

Detrás de la playa hay una explanada amplia, con unos postes gigantes de madera que Sue dice que son para las aguilas. Mientras nos limpiamos los pies para entrar de nuevo en el coche, hablamos con un hombre que piensa que el día es maravilloso para pasarlo en la playa a pesar de las nubes. Yo le digo que de donde vengo estamos acostumbrados a tener el sol en la playa. El me pregunta que de donde vengo y le digo que de España y me responde en correctisimo español que "a veces no hay quien aguante el sol allí". Sorprendida, le pregunto cómo es que habla tan bien español. Y me dice que es Español, que nació en Barcelona y que hace unos años que trabaja en Connecticut. Ya decía yo que tenía un aspecto diferente...

Después de la playa decidimos irnos de shopping y más tarde a comer al sitio recomendado por Eric, el Lenny & Joe's. Un lugar encantador, familiar y especializado en pescado, algo que echo mucho de menos aquí.

Llegamos al restaurante y la camarera saluda a Sue con un abrazo. Parece ser que es la mujer del handyman (el hombre que hace chapuzas en las casas) que a veces va a casa de los Collins.
Comemos una sopa de pescado para poner un piso al cocinero. Tras ella, un roll de lobster riquisimo con ensalada de col. Creo que es el día que más me ha gustado la comida desde que estoy aquí..
A la salida, desfalco el stand de las camisetas para que los niños vayan todos iguales de Lenny & Joe's que fijo que es un sitio que en Madrid no conocen y eso siempre mola...

Por la tarde y como estaba previsto, comienza a llover. Cenamos en casa de Sue con Owen y Nancy y me vuelvo porque parece ser que tengo un invitado para dormir. Cuando llego compruebo que está como en casa. Incluso se ha traido una nevera portatil para sus cervezas y una serie en DVD.

Hoy me voy a jugar a los chinos si me acerco a la piscina o no... parece que hay sol pero dan tormentas... el tiempo en Connecticut está loco loco...

martes, 28 de julio de 2009

Swimming pool day



Una de las cosas que más me gustan del verano (y del año en general) es la sensación de, después de un buen baño en la piscina, secarme al sol. Creo que pocos placeres habrá comparados a este que además tiene la ventaja de que ni engorda ni es pecado, con lo que les gana por goleada.

Así que una de las cosas que le pregunté a Eric antes de venir es si había alguna piscina cercana. Y la hay. Curiosamente a tres minutos andando de su casa.
Claro que no todo podía ser perfecto, y Eric ignoraba si tenía pases de piscina, dónde y cómo funcionaban.

Pero me dijo eso de: "vé y dile al tipo que vives en mi casa y que te deje entrar...". Y esto pensaba yo hacer. Lo característico de este verano en Connecticut es que está siendo dominado por las tormentas y que muy buen tiempo no hace. Entre eso y que mi vida social está ocupando gran parte de mi tiempo, no tuve oportunidad de ir.

Ayer, viendo el weather forecast, dijeron que hoy haría bueno. Así que en previsión, y antes de tener que volverme a casa con mi toalla, mi libro y dos palmos de narices, ayer me pasé por la piscina a preguntar si me iban a dejar pasar.

El chico, un asiático con un acento atroz, me pidió el carnet. Y allí que iba yo con mi speech preparado: "Soy la habitante de la casa 310, el dueño está en España y no recuerda donde está su carnet, pero me ha dicho que me dejariaís entrar" (seguido por mi mejor sonrisa de: soy extranjera y rubia...)

Cuando ya pensaba que el tipo me iba a mandar a hacer puños para hoces, sorprendentemente coteja en su lista si Eric estaba y... bingo!!. Así que me da un formulario de tres folios para que lo rellene.

Yo, viendo el solecito, la piscina en forma de haba y el árbol gigante con hamaca debajo donde me pensaba poner al día siguiente le dije por supuesto a todo que sí, que me lo llevaba a casa y ya lo traía mañana.

Hoy, con nubes y claros he ido de nuevo. Eso sí, hoy ya con el kit de bañista piscinera clásica (bañador, toalla, pareo, bronceador, chanclas, libro e ipod) y... mala suerte... no estaba el vietnamita...

Cuando pensaba que iba a tener que explicarle de nuevo la historia al doble del Michael Jackson cuando este tenía 15, he pensado que mejor ir a la política de hechos consumados. Así que le he largado el papel relleno con los habitantes de la casa 310 (Eric, te he puesto a tí también... :D :D) y el tipo en dos minutos me ha traido un carnet plastificado con mi nombre. He flipado. Esto es eficiencia y fiarse de los otros, desde luego...

La piscina es muy agradable. Una praderita rodeando las dos piscinas: la de adulto y la infantil. Hay ardillas visitantes, no hay duchas (se supone que no les debe preocupar la grasa de los bronceadores), hamacas diseminadas y curiosamente mesas de las de hacer picnic en el campo... claro que cuando he visto que los pocos que venían lo hacían con fiambrera y nevera portatil, lo he entendido todo...

Así que me he pillado una hamaca y me he dispuesto a disfrutar del sol... cuando ya llevaba un rato he pensado que debería hablar con alguien, por eso de la práctica, pero lo que había por allí no era de mis perfiles favoritos: dos mujeres beyoncenianas, a lo suyo con sus niños, una mujer en la piscina, con gafas de bucear que se ha pasado todo el tiempo que he estado allí mirandose los pies bajo el agua, una pareja de jóvenes encantados de conocerse... menos mal que he descubierto a mi amiga perfecta del día...

Tiene 9 años y se llama Isabella. Este año ha aprendido a tirarse de cabeza, aunque le entra agua por la nariz y no le gusta. Por ese motivo, el pino lo hace tapándose la nariz con la mano y no le queda muy allá. La voltereta la hace mejor, y su especialidad es tirarse de canto.

Hemos hecho unas carreras en las que me ha ganado en todas, me ha dicho que ha venido con su tía (que se ha dedicado a pimplarse una bolsa gigante de pringles aprovechando que había colocado a la niña) y que a ella le gustaba mucho nadar y que quería ir a las olimpiadas.

Y todo esto con un inglés exento de esfuerzos por que la entendiera, por supuesto.

Hemos quedado en vernos el jueves y practicar cómo tirarnos de cabeza con salto. A ver como nos salen.

Después de esto, me he vuelto a casa porque tenía un curso de arreglos de jardín. Y es la primera vez que nos da plantón el profesor. El otro chico (al que por supuesto le he pegado una charleta importante, no lo hago por vicio sino por la crisis, que tengo que aprender inglés como sea...) estaba indignado y ha dicho que les iba a escribir para que le devolvieran su dinero y que no esperaba más (yo hubiera esperado algo más, la verdad) y que el barrio era fatal y que no debería quedarme sola allí.

Así que he puesto pies en polvorosa y me he venido para casa. Hoy he decidido darle al play en el CD del coche de Eric.
Y, mientras recorría la zona residencial de West Hartford, he escuchado la canción que probablemente menos le pegaba a este entorno... yo creía que solo a mí me gustaba esta canción...

Y cantando a grito limpio, llego, antes de que oscurezca, a Wisteria...

yo no te pido la luna
tan sólo quiero amarte
quiero se esa locura que vibra muy dentro de ti
yo no te pido la luna
sólo te pido el momento
de rescatar esta piel y robarme esa estrella
que vemos tú y yo al hacer el amor



lunes, 27 de julio de 2009

El río de la casa de Nancy



No sé bien si por ser hija de topógrafo o por algún otro motivo desconocido, siempre me han provocado mucho interés esos conflictos familiares y vecinales sobre las lindes. Supongo que bajo esto subyace el sentimiento de propiedad tan hispano que a veces ha generado que familias armoniosas dejasen de serlo y que vecinos que hasta ese momento se prestaban el pan y la sal acaben más enfadados que los hermanos de Puerto Hurraco.

Es por eso por lo que el sistema de casas diseminadas en las praderas como si fuesen setas que llevan por aquí me llama poderosamente la atención. Siempre me pregunto dónde termina una casa y empieza otra, lo que en España es fácil de saber: donde está la valla (aunque siempre hay vecinos que tienen tendencia a sacar la sillita un poco más hasta que se van haciendo con los territorios, pero eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento...)

Y no solo es el tema de la propiedad. Es, sobre todo, el tema de la pradera. Creo que no he visto una sola casa desde que he llegado aquí que tenga el cesped mal cuidado o el jardín estilo selva que tanto se lleva en la sierra madrileña. Supongo que a nadie le gustará estar segando el cesped del vecino por muy chulos que sean esos carritos del estilo del de Forrest Gump. El otro día le pregunté a Brad por esto, y me decía que para ellos no es tan importante si una casa termina en ese seto o en el otro, porque hay libertad para pasar por los prados.

Uno siempre tiene la tendencia a extrapolar las vivencias a las propias del lugar de origen y la verdad es que no veo que esto fuese un sistema que gustase nada en España. La sola idea de tu vecino poniendo sus zapatos en tu cesped recien cortado fijo que no era nada interesante.

Sin embargo, a mi me parece un sistema estupendo. Es como cuando yo digo en las reuniones de la comunidad que la gente tiene que entender que tan suyo es el portal como su piso y que hay que cuidarlo igual. En realidad lo que aquí llevan es una vida en comunidad mucho más que si vivieran en un bloque de apartamentos.

Ayer fuimos a cenar a casa de Nancy. Tiene una casa preciosa (como no!!) y un cesped maravilloso supongo que consecuencia a partes iguales del clima de aquí y el trabajo de su marido. Le pregunté a Jimmy dónde terminaba su finca, y me dió unas indicaciones vagas sobre aquel pino y el otro seto...

Pero lo más alucinante es que en la parte de atrás del jardín, Nancy tiene un rio. Si señores, un rio con sus piedras gigantes, sus árboles y su corriente. Un rio donde los niños se bañan y hacen fuego de campamento. Cuando lo ví no pude dejar de acordarme, de nuevo, de mis sobrinos y lo que disfrutarían en un lugar como este.
Les pregunté qué pasaba si alguien se quería bañar en el río. Y ellos me dijeron que lo podían hacer. Pero me da la sensación de que no es por servidumbre de uso sino porque aquí debe haber tantos kilómetros de rios que no merece la pena meterse en casa de nadie (casa que no tiene valla, por supuesto) para bañarse.

Tengo una amiga que tiene un Renoir en su casa. Ahora tengo una amiga que tiene un río. Bien pensado es mejor el río. No tienes que pagar un seguro carísimo y además sabes que nadie se lo llevará. Creo que definitivamente, si tuviera que elegir, me quedaría con el rio. Fijo


sábado, 25 de julio de 2009

Vamos de excursion



Ayer amaneció con sol. Y esto fue una novedad, porque durante la noche no sé la cantidad de litros de agua que debieron caer por este rincón del mundo... pero fueron muchos, de verdad.

A las ocho teniamos el meeting point para ir con la westlife a ver las ballenas a Plymouth (Massachussets). Puntuales y organizados, vamos entrando en un autobús escolar. Somos unos cincuenta, con perfiles muy diferentes. Varias madres con niños (¿los padres durmiendo?), un grupo de hispanos dignos de ser protagonistas de un episodio del programa de Jerry Springer... una familia de color con tres hijos que dudo que quepan en el autobús (deber ser de los alevines de la NBA), una mujer vestida como si fuese a Pachá de ligue, algunos matrimonios senior.. y yo.

Con mi Lacoste azul marino, mis vaqueros y mis menorquinas amarillas desentono total en este grupo humano. Pero en estos casos lo mejor que se puede hacer es sonreir, así que en seguida recibo lo mismo de vuelta.

El viaje a Plymouth dura unas dos horas y media. El autobus nos deja en la zona del puerto, donde se cojen los barcos para el whale watching. Nos dan las instrucciones del día en un papel y nos emplazan dos horas y media más tarde para coger el barco.

Estupendo!! tengo un rato para visitar esta pequeña ciudad. Cargada con mi cámara voy andando por lo que en España se denominaría paseo marítimo pero que es muy diferente. Las baldosas haciendo dibujos sinuosos se susituyen por praderitas y bancos, donde uno se puede sentar a ver el mar.

Me llego hasta la Plymouth Rock que está en una especie de templete frente al mar. Esta piedra simboliza el lugar del desembarco de William Bradford y los peregrinos del Mayflower. Es como un símbolo de la primera roca que pisaron los peregrinos al llegar a Estados Unidos.

Después me acerco a ver el Mayflower (bueno, más bien una reproducción) que está frente a la roca. Y una vez vistos los principales lugares de interés cultural, me dirijo hacia la zona histórica.

Me encuentro con un casco antiguo típico de la zona de Nueva Inglaterra: casitas de madera, con colores suaves, preciosas. Me recuerdan a las que aparecían en la película Tiburón (voy a ver si Carmen me recuerda el nombre del pueblo en el que se rodó). No puedo evitar compararlo (y mira que no me gusta hacer eso) con Provincetown, y Plymouth pierde: la alegría y el ambiente de la pequeña localidad de Cape Cod abruman al visitante y dejan un regusto inolvidable.

Visito un local market donde venden productos locales y artesanales: miel, hortalizas, colchas bordadas a mano... curioso.

A la 1.15 estoy puntual en el lugar desde saldremos con el barco. Somos muchos menos de los que eramos la última vez que fui a ver ballenas... ¿será la crisis?.
Entro la primera en el barco y le pregunto a una mujer del cuerpo de guardacostas cual es el mejor lugar (la mujer tiene los sesenta cumplidos, debe medir al menos 1,80, es rubia y lleva las coletas que suele llevar mi sobrina Isa..). Me dice que mejor en uno de los laterales pero que me podré mover. Así que me pongo en un banco en el centro del barco, en un lateral.

Detrás de mí escucho hablar en francés y me doy cuenta de que Lolita ha venido. Entre tanto americano, una chica de quince años, con biquini blanco y minipantalon, gafas de sol panorámicas y melena rubia, tumbada en uno de los bancos, llama bastante la atención. Sobre todo si ella se encarga en hacerlo... A su lado su compañera de intercambio, americana (si las ves de espaldas podrían ser clones), con granos, gafas y una camiseta de Tommy Hilfiger, algo avergonzada por la indiscrección de su amiga...

El camino hasta donde las ballenas están dura alrededor de una hora. Mientras, una bióloga marina nos cuenta millones de cosas sobre ellas. Algunas las entiendo, otras no me interesan pero hago el esfuerzo.

Empezamos a ver ballenas y los niños empiezan a emocionarse. Al principio ballenas pequeñas, ballenas bebé las llamaba la bióloga. Y tardamos mucho en ver las grandes.
Eso sí, cuando se ven son toda una experiencia. Uno de los barcos está a su lado y ellas juegan, saltan y aprovechan para comer... y cuando emergen, decenas de gaviotas las rodean (se comen el pescado que ellas arrastran) y es un precioso baile de color y vida.



Hago muchas fotos. Quizá alguna esté bien. Ya las veré en Madrid con el lightroom porque aquí con el portatil y el photoshop ni me molesto. Hago fotos de la gente que me interesa más. Realmente parecemos diferentes. En realidad no sé si lo somos.

Llegamos a Plymouth después de una hora de camino de vuelta disfrutando del sol y de la brisa del mar. Hoy me siento como de vacaciones de playa, de las de toda la vida.
Tenemos tiempo para dar otra pequeña vuelta. Me dedico a observar a todos los moteros de Harley que veo por allí y que son muchos, con motos tuneadas y aspecto de malotes.

En el autobús de vuelta nos ponen la tercera parte de Indiana Jones. Eso sí, para no molestar a los que duermen, practicamente inaudible. Así que a los que duermen les molesta la luz de la pantalla y a los que vemos la peli nos molesta no escucharla. Por no molestar a nadie se molesta a todos, como en la vida...

Llegamos on time y la organizadora nos va despidiendo uno a uno. En el parking lot del Target me espera pulgoso (la idea de ir andando de noche por aquí a casa me ponía los pelos de punta, así que decidí bajarme en coche)para traerme a esta encantadora casa que tengo okupada....

jueves, 23 de julio de 2009

Donde reside el amor


Donde reside el amor es una preciosa película del año 95 protagonizada, entre otras, por Winona Ryder y Ann Bancroft que relata la historia de una mujer con una crisis de pareja que para poner distancia física y mental decide ir a casa de su abuela, donde entre esta y unas amigas le estan confeccionando un quilt para su boda.

Ese quilt donde cada una pone su historia es una mera excusa para disfrutar, durante la hora y media que dura la película, de un intercambio de sentimientos, vivencias y emociones muy especial. Cada una de las mujeres se desnuda en ese momento en el que las barreras bajan, la tensión se relaja y uno solo tiene que pensar en lo que tiene entre las manos.

Yo, al contrario de lo que le pasaba a las protagonistas de tan bella película, odio coser. Y no solamente lo odio sino que además, es algo que me estresa. Por eso cuando esta tarde he llegado al curso sobre bolsos navajos que comenzaba hoy he pensado que mi madre se estaría matando de la risa allá donde estuviera, solo de ver el estrés que me provoca el enhebrar un hilo en una aguja.

Sin embargo, y ya que tenía tres horas por delante en tamaña labor he pensado eso de que con lo bien que cosía mi madre lo mismo algún gen despistado me quedaba. Y me he puesto a la tarea.

En un momento determinado, mientras la profesora nos contaba que su hija se casaba en Pennsylvania el mes que viene y cada una de nosotras hablaba de su vida y su momento, me he visto protagonista de esa película. He mirado desde arriba y he visto una escena tan relajante, tan cálida y tan especial que incluso he disfrutado cosiendo las minúsculas cuentas del bolsito navajo, una tarea que requiere concentración total que, en algunas ocasiones, es algo muy interesante, la verdad.

Las tres horas se me han pasado en un plisplas. Y, algo más tranquila que cuando salí de casa, vuelvo conduciendo despacito entre los reflejos que la lluvia, un día más, nos deja en esta parte del mundo...


miércoles, 22 de julio de 2009

Rainy day




Ayer amaneció lloviendo. Pero esto lo sentí antes aún de abrir la ventana. Mi espalda me avisaba, implacable.
Y a pesar que no apetecía más que quedarse leyendo bajo el edredón, me levanté al primer toque del despertador.
Como cada día, lo primero que hice fue ir a la cocina y levantar el estor. Observar esta calle tan Wisperia y ver como el vecino vuelve de nosedonde. Pensar en lo diferentes que son nuestras vidas y conectar la cafetera. Medio embobada, el aroma a marcilla traido desde Madrid me dice que tengo que moverme.

Me ducho, me visto y me dispongo a conducir el estupendo convertible del padre de Eric... lástima que esté disfrutando de un descapotable un día de lluvia torrencial... en fin, lo mismo me lo deja algún otro día. El otro día me encantó la sensación de conducir sin capota, con mi gorra y mis gafas de sol. Casi me sentí de la tierra.

Llego a Shelton a media mañana. Mi destino: la empresa con la que llevo colaborando tres años y en la que solo conozco al responsable de los free lance. Me hace ilusión conocer a esos compañeros con los que trabajo en equipo en remoto y que tantas veces nos hemos escrito.

El encuentro no defrauda mis expectativas: es un placer comprobar que en la distancia corta las personas suelen ser mejores. A partir de ahora, intuyo que los mails serán más cálidos.

Como con Rick en un chili's. Una de esas ensaladas gigantes que tienen por aquí y con la que sobreviviría una familia entera de la India. Hablamos del trabajo, de la situación y de cosas más interesantes, como que se ha comprado un camión de bomberos de segunda mano (esto tuve que confirmarlo tres veces por si me había enterado mal) que ha restaurado y con el que estuvo, por ejemplo, en la parade del cuatro de Julio. Me dice que a veces se lo presta a los amigos para sus fiestas de cumpleaños. Me lo ofrece igualmente a mí. Yo me imagino a Jonete en el camión y no puedo con la vida. No se cómo pero hay que llevarlo. Seguro.

A la vuelta voy a Durham a cambiar el convertible por el coche de Eric. Me encuentro a Nancy en la barra de la cocina, bebiendo vino. Le pregunto disimuladamente a Sue si lleva allí desde hace tres días (fue la última imagen que tuve de ella). Ella se rie y me sirve un vino. Aprender inglés no sé si lo haré, pero voy a ser una experta en vinos americanos...

Vuelvo escuchando la 92.5 en la radio. Empiezo hasta a saberme las canciones. Es un camino agradable, aunque llueva. Todo consiste en disfrutar del clima, verdad???

martes, 21 de julio de 2009

Healthy Food


Una de las cosas que uno descubre en el minuto uno de poner el pie en Estados Unidos es la especial relación que tienen con la comida. Desde los puestos de pretzels y donuts del aeropuerto al aluvión de pizzerias y hamburgueserias, pasando por los restaurentes italianos y chinos (qué decir de los carritos de perritos calientes de Nueva York, pecaminosos totales...), todo incita a comer. Bueno, no solamente a comer, sino a comer un tipo de comida denominada "fast" porque tan rápido como se come tan rápido se instala en tus caderas.

Así que este año y conociendo el percal he decidido prescindir la mayor parte de veces posible (en algunas ocasiones es casi inevitable) de ese tipo de comida e inclinarme hacia la healthy food. Gracias a la recomendación de Carmen de visitar el stop and shop (con una zona de fruta y verdura fresca maravillosa)y al hecho de comer o cenar en casa la mayoría de las veces creo que puedo tener este tema controlado o, al menos vigilado de cerca.

La buena noticia es que desde la primera vez que viene a ahora, ha habido un cambio en la oferta de los super y la fruta y la verdura y, en general, la comida saludable, se ha hecho un hueco en el mercado.

Ayer Delia y yo quedamos para cenar, y fuimos a una especie de mercado de comida fresca en el que había una barra de ensaladas maravillosa (y de todo tipo de comida que ni quisimos mirar...). Lo curioso es que ibas con el plato y la misma cajera que te cobraba las coca colas, pesaba el plato y te lo cobraba. Fuera de esta zona había otra en la que uno podía comer lo que había comprado. Eso sí, viendo, mientras degustas orgullosa tus espinacas, que el tipo de al lado se está pimplando una cuatro quesos cuyo aroma te puede matar en cualquier instante...

En fin, todo sea por los nuevos modelos de otoño...

sábado, 18 de julio de 2009

I want to be like Huckleberry Finn


Hoy amaneció lloviendo. No era una lluvia fuerte, ni siquiera sonaba al chocar con el suelo. Era más bien una lluvia asturiana, de esas que pareciera que ni siquiera mojan, pero que molestan.

Así que pensé en ponerme unos zapatos cerrados, coger el paraguas y prepararme para otra potencial thunderstorm de camino a Durham.

Sin embargo, y como las predicciones del weather channel, que pueden cambiar en cuestión de minutos, cuando salí a la calle había dejado de llover e incluso tímidamente asomaba el sol.

Como mañana es el cumpleaños de Sue, cogí el coche en dirección a Marshalls, un lugar que según mi mejor amiga Carmen debía visitar sí o sí, a ver si encontraba algo que regalarle. Y eso que regalar algo a alguien a quien apenas conoces es complicado, pero como de igual manera tendría que ir porque si vuelvo sin hacerlo Carmen me matará, me llego a uno que hay en West Hartford.

Como todas las tiendas de aquí, es enorme. Entro y veo la sección de zapatos. Craso error. Miro y oteo así de lejos alrededor de cincuenta modelos de esclavas. Me pruebo unas y me encantan. Y las otras también. Y de lejos, unas flip flap me llaman... así que como veo que mi vida va a ser un sindios allí y que solo tengo una hora,opto por irme, fundamentalmente por el bien de mi economía.

Al lado, en la food court veo que hay plantas. Quizá sea una buena idea regalar una, es algo poco comprometido y que en general, gusta. Entro y en seguida diviso una orquidea aterciopelada color violeta oscuro que me gusta. El floristero, un tipo con una media melena a lo Peter Horton, me pregunta si necesito ayuda. Le miro y me sonríe. Y su sonrisa multicolor ilumina el super...

Le pido una funda para el tiesto y se ofrece a ir a buscarme una. No, digo yo, ya voy yo. Pero antes de terminar, con esta amabilidad que gastan por aquí, había vuelto con tres tiestos que podrían servir. Me sugiere uno pero me dice que mejor en azul (a mi a estas alturas y epatada por la sonrisa multicolor tanto me da un color que otro) y va a buscarlo. De repente, busca en su mostrador y saca un tiesto de zinc en verde oxidado que es el que le va fetén. Le doy las gracias y cuando voy a pagar me dice que es un regalo. Increible.

Llego a Durham y me voy con Sue y su familia a casa de su sobrina. Es el cumpleaños del niño y han quedado alli. Sue lleva nachos y sangría y allí hay pizza y alguna otra comida saludable.
Cuando llego me siento como si fuese invitada a la mesa con la familia de "little miss sunshine". Me siento en una silla y abro bien los ojos. Qué suerte que tengo de poder estar en ambientes tan diferentes al mío. Todo tipo de perfiles en esta reunión: niños, jovenes, mujeres de mediana edad, hombres de todo tipo... Me presentan y voy charlando con ellos. Me encuentro a un hombre que me habla de la Barcelona del 72. Yo casi ni recuerdo la de antes del 92, así que lo que me cuenta me suena a chino. Otra mujer me pregunta cuanto tiempo voy a estar y muchos dicen que mi inglés es encantador. Y, como diría mi amigo Jose, ellos son muy majos.

En un momento determinado, le dan los regalos al niño. Y tiene tantos que no sabe ni a cual hacer caso de los nervios y la excitación. El resto le ayudan a abrirlos, juegan con él... pero en diez minutos nuestro protagonista está en el arenero con un camión sin hacer caso a los nuevos regalos... veo que los niños son iguales en todas partes.

Más allá me fijo y veo a un niño subido en un neumático que está colgado de un árbol. Su padre le columpia y el vuela por el cielo de Middletown. Y grita. Y ríe. Y yo recuerdo a Huckleberry Finn y sus aventuras. Y deseo tener cinco años. Y entiendo a Carmen cuando me dice que quiere que sus hijas vivan esto. En este momento lo entiendo muy bien...