sábado, 28 de agosto de 2010

La casa de los Alcott


No recuerdo bien cuantos años tendría la primera vez que leí "mujercitas". Pero estoy segura que era muy pequeña. Tan poco como para comprender la historia de esa familia de mujeres fuertes, abnegadas, especiales y tanto como para que esa novela calase en mi corazón con la magia infantil.

Más tarde ví la película por la tele. Una y mil veces puesto que era una de las favoritas de mi madre. Aún ahora, el escuchar esas voces dobladas que parece que cantasen me provoca unos niveles de ternura infinitos y de alguna manera me trae a esos momentos felices de tu infancia.

Mi personaje favorito siempre fue Jo. Ella encarnaba todos los valores que para mí eran importantes: una chica inteligente, independiente, creativa, especial... todo aquello que yo quería ser con seis años. Sin embargo, me parecía que era la que más sufría (junto con el personaje de la madre, abnegada donde las hubiera...) y a la que además, el chico guapo cambia por una de sus hermanas: menos inteligente, menos especial pero con un perfil de esposa perfecta para la época. Curiosamente, cada vez que leía la novela o que veía la película pensaba que el final iba a cambiar, que Laurie y Jo se casarían y serían felices (en aquella época lo asociaba). Pero nunca pasaba.

De cualquier manera creo que esta novela, junto a "la cabaña del Tio Tom", "Las aventuras de Tom Sawyer" y "La vuelta al mundo en ochenta días" fueron mis lecturas favoritas de infancia. Y creo que lo son en este momento. Novelas con personajes fuertes, con aventuras que desde mi infancia eran lo más, historias con fondo y desarrollo de personajes... ¿qué más se podía pedir?

Gracias a una recomendación de mi adorada Elvira Lindo en Facebook, decidí ir a Concord a conocer la casa de los Alcott. Y la primera sorpresa es el lugar mismo. Una ciudad especial, con unos paisajes de caramelo y que tuvo entre sus ilustres vecinos nada menos que a Louisa May Alcott, Ralph Waldo Emerson, Margaret Fuller, Nathaniel Hawthorne y Henry David Thoreau. Vamos, uno de esos lugares donde uno piensa que el agua lleva algo especial...

(Continuará)

jueves, 26 de agosto de 2010

That's Life


Hay dos cosas que me ponen...
Eric Clapton y sentir bajo las ruedas del coche el puente de Portland.
That's life...

sábado, 21 de agosto de 2010

Pillow talking


Hace un par de años, cuando asistí a esa especie de campamento para que los pijos adultos aprendan inglés llamado "Vaughantown", uno de los anglos (precisamente uno que pretendía practicar conmigo algún otro idioma además del inglés)me dijo que la mejor forma para aprender un idioma era con el Pillow Talking. Esto, para los que no tengaís conocimientos básicos de la lengua de Shakespeare es algo como decir que para aprender otro idioma lo ideal es practicarlo con alguien que tenga un lugar en tu almohada.
Y yo no digo que esto no sea cierto, porque precisamente en la cama se pueden mantener conversaciones profundas (de hecho, JL sostiene la teoría de que la gente habla más y mejor cuando está desnuda... aunque es una teoría sin evidencia científica alguna, por cierto), y cuando además las mantienes con algún nativo del idioma que estás aprendiendo te ayudan siempre en este proceso.

No siempre esto es tan fácil. En mi caso tengo que encontrar alguno por aquí que esté soltero (algo complejo al menos en el pretty mundo de Durham), ligármelo, que me apetezca estar con él (más complejo aún) y que además hable inglés de negocios y consultoría que es el que más me interesa entrenar. Si a esto le añadimos que para que el tema funcione ha de haber una cierta constancia, creo que me sale más barato y más fácil irme un año a alaska que hablan un inglés raro pero que al menos es un lugar tranquilo...

Pues bien, desde que estoy aquí he descubierto que este término es utilizado por la WRCH, una emisora de radio de New Britain que escucho para titular un programa nocturno (de las noches de aquí, entre 7 y 9)

El programa Pillowtalk emite basicamente canciones de amor. Amor en todos los ámbitos: paterno/materno filial, de pareja, de hermanos, de amigos, de persona a perro, planta o lugar... variopinto total.

Y aquí viene lo especial y que tiene mucho que ver con la personalidad americana y en el cómo expresan sus emociones. En este programa los oyentes llaman y expresan lo que sienten por su hijo, su marido, su hermano o el perro de la vecina. Y en base a esto la presentadora elije un tema que pueda reflejar esto. Y os puedo garantizar que lo que se escucha es para ponerte la piel de gallina a las 7 y mantenerla hasta media noche. No caen en la falsa cursilería, se escuchan declaraciones de amor sentidas, especiales, desde el corazón. Y expresadas con esa falta absoluta de pudor que sería tan corriente en España.

Cuando yo era pequeña y Adela trabajaba en casa, me encantaba irme al cuarto donde ella planchaba mientras de fondo se escuchaba un programa de radio llamado "peticiones del oyente".

Y mientras escuchaba estas declaraciones de amor hechas "a calzón quitado" recordaba aquellas emitidas por esa radio en esas tardes de plancha: "A mi hijo Manolo, con el deseo de que el servicio militar le haga un hombre", o "A María, tu novio que no te olvida".

Según Silvia esto tiene que ver con la austera herencia castellana. Yo creo que va en el ADN, o en la educación. Pero al final tengo claro que me gustan estas expresiones de afecto. Y cada vez más... debo estar haciéndome mayor...


martes, 17 de agosto de 2010

A matter of trust



Recuerdo una conversación con Kerrie cuando estuve aquí para thanksgiving. Hablabamos del país ideal, de las cosas que sería maravilloso que tuviera nuestro lugar perfecto. Yo, de España, me quedo con la luz y el sol, con la espontaneidad de la gente, con el concepto de familia, la tortilla de patatas, el tinto de verano, las fiestas de los pueblos y mil cosas más. De USA me quedaría con ese refuerzo positivo constante, con su entusiasmo por todo, la amabilidad de la gente, el maiz, los bosques y sobre todo con la confianza.

Cada vez que tengo oportunidad de hablar con algún responsable de recursos humanos de alguna de mis empresas clientes, emito el mismo mensaje: la confianza genera confianza, y cuando la das, la recibes.

Esto es una de las cosas que creo que son claves aquí. En stop and shop te escaneas tú los productos. Y luego haces el total en la caja. Y nadie comprueba si hay alguno que no has escaneado y no vas a pagar. Recuerdo cuando fuimos a Amishlandia y en las granjas te podías encontrar mesas con verduras, frutas y una balanza romana. Y al lado un bote donde se supone que dejabas el dinero una vez que habías elegido y pesado aquello que querías. Y sin querer no pude evitar pensar en España y en qué ocurriría si importamos esta práctica. E inmediatamente pensé que la gente cogería los tomates y no los pesaría ni los pagaría. Porque además (y esto es lo peor de todo) pensaría que el que ha puesto semejante chiringuito es tontoelhaba y merece que le estafen. España es el país de la picaresca, y lamentablemente podríamos apostar a que ocurriría así.

O quizá no.

O quizá ocurriría en un primer momento. O en dos. Y puede que, si la gente ve que se confía en ella, respondiera positivamente. Y puede que en una generación o dos, o quizá en diez, las cosas fueran diferentes.

Lo que está claro es que si no hacemos ese primer esfuerzo nunca lo sabremos. Y dudo mucho que esto se pueda implementar sin un cambio social, sin un cambio en los valores, sin que dejemos de pensar en negativo de los demás por principio.

El otro día pasé por un jardín donde había muebles en venta. Sugerían que dejasen el dinero en el buzón. Y os juro que me dió envidia. Yo quiero esa confianza. Prometo no defraudar. De verdad.


sábado, 14 de agosto de 2010

Sometimes, a perfect day, appears


Durante toda esta semana he sido una fiel seguidora de el Weather Channel. A pesar de que el dicho reza: "Si no te gusta el tiempo en Nueva Inglaterra, espera media hora" y es bastante ajustado a lo real, yo esperaba ansiosa durante toda la semana que uno de esos dibujos de solsindudas apareciera anunciando un maravilloso día de sol.

Pues bien, después de varios días de nubes y claros, ayer, sin dudas, apareció el deseado icono. Y aprovechando que hoy tenía visita y que prefería llegar a casa tarde, esta mañana decidí el plan del día: playa + outlet + cine.

Pero como el hombre propone y Dios dispone, he recibido una llamada de Kerrie. Le propongo el plan y se apunta, así que quedamos en que la recojo y nos vamos hacia Hammonasset Beach, una de las playas semi-públicas de la zona (al menos, pagando, se puede entrar...)

Cuando llego al casoplón de Kerrie me la encuentro hecha un brazo de mar: modelo perfecto, pamela de mimbre, shorts blancos inmaculados... y una nevera con dos sandwiches para comer, cuatro cervezas, dos hamacas y toallas a tutti plen.

Así que pertrechadas con tamaño equipaje nos dirigimos a la beach. Está en un parque natural, así que es algo salvaje, hay que atravesar una línea de dunas para llegar a ella y está inundada de gaviotas gigantes que conviven cual estupendas vecinas de verano con los bañistas.

Como podeís imaginar, el día resulta perfecto, en la playa (salvo en las zonas de las barbacoas y los servicios centrales donde por supuesto no nos situamos) aunque hay bastante gente, al ser tan grande estamos más repartidos que la pedrea de navidad y además, como aquí la gente ni grita ni lleva radios escandalosas, ni juega con las palas ni da por saco en sus diferentes acepciones, podemos disfrutar del sonido de las (pocas) olas (al ser una bahía, casi pareciera un lago)

Comemos los sandwiches, bebemos las cervezas y cedemos los brownies a las gaviotas. Y en el mientras tanto, nos relajamos infinito, charlamos y disfrutamos del sol.
Antes de salir del parque nos acercamos a la zona común de duchas. Kerrie, obviamente, no olvidó el jabón ni la crema hidratante, así que salimos fresquitas, relajadas y estupendas.

Nos queda una cerveza para coronar el día perfecto, así que nos dirigimos al pueblo más cercano: Clinton.
Atravesamos el pueblo y huele a verano: barcos anclados en el puerto, bares repletos de gente, niños con helados, mercadillos... un disfrute, vamos.

Decidimos parar en Lenny&Joe, pero la cola nos disuade, así que Kerry me lleva a otro de los lugares clave en este pueblo: Bill's.
Cuando entramos descubrimos un restaurante absolutamente lleno de gente, con cola esperando a que les asienten en la terraza, donde hay una vista estupenda del río y una temperatura fantástica. Kerrie, sin embargo, piensa que es mejor que nos quedemos dentro de ese bar estilo Cheer's donde hay un ambiente brutal, uno de esos lugares donde todo el mundo conoce tu nombre.

Nos colocamos en una esquina y por supuesto le contamos a la camarera que soy de Madrid y que estoy encantada, así que en seguida nos cambia a un lugar mejor. En ese momento, una banda formada por un saxo, una trompeta, un contrabajo, un teclista y un batería que en vez del DNI se identifican con la prueba del Carbono-14 comienzan a tocar. Y lo hacen como los mismos ángeles. Es como si hubieran dejado Nueva Orleans para hacer unos bolos en Connecticut.

No se cómo en un bar tan enorme y tan lleno de gente, un hombre se entera de que soy de Madrid (creo que al final de la noche lo supieron las trescientas personas del bar) y nos guarda un sito en primera fila. Nos presenta al cantante de la banda y este nos firma un cd.



Cuando comienzan a tocar uno de mis temas favoritísimos "Georgia on my mind" Kerrie me mira y me dice aquello de "Sometimes, the perfect days, appear" y yo le respondo eso que tantas veces le escuché a mi madre: Kerrie, no sé si esto será la buena vida... pero la mala no es...

viernes, 13 de agosto de 2010

Los idiomas y la inteligencia emocional



En realidad esta entrada podría llamarse: "cómo hacerse la tonta en varios idiomas", pero es que lo de la inteligencia emocional me gusta más.

Una de mis primeras tareas al llegar aquí fue localizar el carnet de piscina que, con mucho esfuerzo, logré conseguir el año pasado. La tarea es inutil. Eric lo debió tirar a la basura, así que tengo, de nuevo, la sensación de que tendré que empezar de cero con el premionobel de la piscina.

Pero, como no hay cosa mejor que llevar un espíritu ganador para conseguir las cosas, me visto con mi mejor sonrisa y me encamino al lugar de mi reto. Las noticias eran desesperanzadoras: parace que el mes pasado se lo negaron en dos ocasiones al anterior visitante. Pero a pesar de ello, me dirijo con paso firme.

Mi estrategia comienza con una visión general de la pool y sus habitantes. El año pasado pegué el palique con tododios, así que lo mismo alguno está. Reconozco a Lee metida en la piscina y pienso que en un grito la tengo a mi favor. Total, somos amigas de facebook y eso une mucho...

En esta visión general compruebo que el premionobel no está, pero que en su lugar está una mujer que conozco del año pasado. Como si fuesemos íntimas, me acerco a saludarla con un enérgico "how you doin'? como si la emoción me impidiera decir algo más interesante.

Cuado la mujer pone cara de notengonideadequienesesta, le comento que me hace mucha ilusión volver a verla, lo que a la mujer le impide cualquier gesto o frase en opuesto a esta alegría colectiva.

Le digo que no encuentro el pase del año pasado y me dice que necesito uno nuevo. Y que igualmente necesito demostrar que vivo en esa casa. Pongo mi mejor cara de "qué faena, pues no lo tengo" y paso a re-sonreir y a decirle aquello de: "¿cómo podría demostrarte que vivo aquí?. Eso sí, en ese momento ya dirijo una mirada a Lee que, desde la piscina observa la escena.

Le digo que soy amiga de Lee, que asiente, le pregunto si sabe cuándo vuelve Vickie, le digo que está mucho más morena que el año pasado y al final, lo logro.

De nuevo, tengo el carnet a mi nombre. Me esperan muchas fiestas en la pool...

martes, 10 de agosto de 2010

Ubicando, que es gerundio



Después de un viaje francamente y con media hora de adelanto sobre el horario previsto, llego al aeropuerto de Bradley. La última media hora de vuelo la paso pegada a la ventana, viendo el paisaje de casitas de madera que casi parecieran setas en praderas enormes, lagos rodeados de bosques y carreteras sinuosas con destinos inciertos.

Al llegar a Bradley, un desencuentro con Kerrie me hace esperar a la salida de este minúsculo aeropuerto, sentada en el suelo. Observo el cambio de paisaje humano. Comienzo a ver personas enormes, afroamericanas con rastas, adolescentes enormes con gorras y pantalones caidos. También los coches son diferentes. Supongo que aquí todo se relaciona con el tamaño del país, y por eso los coches casi parecieran camiones. Menos mal que los parkings aquí están adaptados, porque no quiero ni imaginar lo que sería meter uno de estos casi-camiones en mi plaza de garage.

Al encontrarme, por fin, con Kerrie, me invade una sensación de relax. Supongo que de alguna manera, mi mente decide que ya se estresó bastante viajando en lista de espera y entrando la última en el Philly-Madrid y la penúltima en el Philly-Bradley. Ahora solo queda llegar a casa de Eric y descansar hasta mañana.

En el camino no puedo dejar de mirar esa carretera rodeada de árboles gigantes, ese verde infinito, este atardecer de caramelo. Y me hace sentir bien. Es como volver a casa.

Llegamos a New Britain con luz. Y como en las dos ocasiones anteriores he llegado de noche, me permite verlo con una perspectiva diferente. Y me gusta.

Abro la puerta de esta mi casa adoptada. Y antes que nada, descubrimos dos cervezas en la nevera. Y nos las tomamos en el mini-porche disfrutando del momento de relax, del frescor del bosque, del silencio...

Agotada, en seguida llego a la cama. Mañana será otro día...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Navidades en Connecticut





En Estados Unidos, dos días después de Thanksgiving, queda inaugurada oficialmente la temporada navideña. Es entonces cuando las casas se empiezan a decorar y con ellas, los jardines, las tiendas, los mall, restaurantes, hospitales, aeropuertos... en fin, todo todo. La máxima expresión es el encendido del árbol del Rockefeller Center, que se celebra con una gala navideña que, este año al menos, ha sido brillante.

En casa de Sue ponen el árbol el domingo. Es un árbol enorme, iluminado con minúsculas luces serpenteantes desde el ángel que lo corona a los juguetes y la flor de Pascua que tiene en su base (por cierto, que el caballito mecedora no es del agrado de Clive, que le ve como un rival y es a lo único que ladra). Los adornos los hizo Sue con cuentas doradas, primorosamente engarzadas en grupos de tres y diseminadas con adornos de figuritas varias.

Pero en eso no queda su decoración navideña: los peregrinos y los indios que decoraban la chimenea en thanksgiving son sustituidos por adornos plateados más propios de la estación en la que estamos. Las toallas se cambian por otras rojas con copos de nieve, los tupperware clásicos por otros con dibujos de Santa... y hasta Sue y su madre cambian sus forros polares lisos por otros con abetos y renos... total!!!

En la radio ya solo escuchamos la 100.5 que desde el día después de acción de gracias ya comienza a emitir hasta el 1 de Enero exclusivamente música navideña (uno podría pensar que si fuese M80 se repetirían los villancicos hasta el suicidio colectivo de los oyentes, pero esta emisora de Nueva Inglaterra se encarga en demostrarnos que no solo Bing Crosby y Dean Martin hicieron música navideña sino que desde los Beach Boys a Barry Manilow, pasando por McCartney o Shakira...)

Yo creo que no tengo una opinión muy definida sobre la navidad: a veces me encanta y otras veces me pone triste... incluso a veces me hace odiarla. Sin embargo, cuando voy conduciendo por estas carreteras entre bosques mágicos y veo las casas iluminadas con millones de minúsculas lamparitas o renos de jardín hechos de seto mientras escucho la 100.5 no puedo evitar enamorarme.

Y, de hecho, me resulta mucho más complicado cuando, sin darme cuenta, acabo coreando este clásico que cantaron desde Marilyn a Kyle pasando por Madonna:

Santa baby, just slip a sable under the tree, for me
Been an awful good girl
Santa baby so hurry down the chimney tonight

Santa baby, a '54 convertible too, light blue,
I'll wait up for you dear
Santa baby, so hurry down the chimney tonight

Think of all the fun I've missed,
Think of all the fellows that I haven't kissed
Next year I could be just as good
If you check off my christmas list



miércoles, 2 de diciembre de 2009

Margaret O'Brien y la pista de hielo del Rockefeller Center



Ayer estuve en Nueva York. Y como lo bueno que tiene volver a los sitios es que hay lugares imprescindibles que ya has visitado, te puedes dedicar a visitar "los caprichos". Y para mí había uno prioritario: ver la pista de hielo del Rockefeller Center.

Después de un agradable viaje en tren con Kerrie desde una apeadero clónico de los que existen en Disneylandia (obviamente basados en lugares reales, como las pelis) y de llegar a una abarrotada Grand Central Terminal, nos encaminamos, con menos frío del que pensábamos, hacia el Rockefeller Center.

En el camino paramos a compartir un lunch en un lugar repleto en el que sorprende la rapidez de los camareros. El 80% de la gente que acude a este lugar lo hace para "take away", o sea, para llevarse a la ofi la comida, en su mayoría sandwiches o ensaladas. Kerrie me dice que normalmente invierten un máximo de 20 minutos y que la mayoría come en una sala habilitada como cocina en la empresa.

Nosotras nos sentamos en unos taburetes altos mirando hacia la calle. Y la verdad es que es mucho más entretenido que algunas de las últimas películas que he visto. Un ir y venir de los más heterogéneos grupos humanos que uno podría imaginar: yuppies, raperos de color, mujeres extravagantes, judios con rizos en las patillas, cowboys de ciudad, homeles... de todo. Realmente aquí no haría falta ver la tele para entretenerse.

Nos metemos en la masa humana intentando esquivar a los rápidos y llegar sanas y salvas a la quinta avenida. Al llegar allí, obligada parada para mirar al cielo. La silueta de los rascacielos cortándose en el cielo azul es impresionante. Una y mil veces que venga a esta ciudad, una y mil veces me parecerá maravillosa.

Después de respirar hondo y sentir como NY huele a navidad (el escaparate de Saks con maniquies con maravillosos vestidos de gala rojos es simplemente impactante), cruzamos hacia donde la masa humana es mayor: el Rockefeller Center.

Al cruzar la plaza, donde hay preparado un stand de televisón (según Kerrie para retransmitir en directo el encendido del árbol de navidad, que, por cierto, es de Connecticut) intento llegar sana y salva hacia donde está la pista. Y lo consigo.

Y ese momento es especial. Miro la pista y tengo la misma sensación de la primera vez que estuve, que es un lugar más pequeño de lo que aparece en las pelis, pero que tiene tanta magia o más.

En la pista, no más de cuarenta personas patinado. Niños, jovenes y adultos patinando en la misma dirección y no sé si dándose cuenta de que son muy afortunados por estar viviendo ese momento en ese lugar.

Hago una y mil fotos. Intento meter en el fotográma el árbol gigante, el rascacielos y la pista, algo ajustaditos, la verdad. Lo consigo. Y cuando, de repente, y no se de donde, se empieza a escuchar un villancico, tengo que parar. Y, como esa escena de ghost en la que Patrick Swayze sale de su cuerpo y se ve a si mismo desde arriba, me veo situada en esa escena. Y tomo aire y huelo la navidad. Y escucho la música y ella me trae recuerdos: de la cola del cine Imperial en fiestas, de la Plaza Mayor y su música de fondo, del múerdago y el acebo, del oyeniñodequieneres que cantábamos frente al belén, de los regalos bajo el árbol, de la pandereta, del odiado verdugo y la bufanda, de las tres hermanas vestidas iguales para las fiestas.. y de esa escena de "Cita en St Louis" en la que Judy Garland le canta a Margaret O'Brien ese maravilloso villancico... y de lo que este me recuerda a mamá, y a lo que nos quería, y su ausencia...

Y mientras observo como la gente patina, y se cae, y rie, doy gracias al cielo por vivir este instante. Y me giro y sonrío a Kerrie, que probablemente no imagine todo lo que me ha pasado en un minuto. Y con ella, agarradas del brazo, bajamos riendo por la quinta avenida...

domingo, 29 de noviembre de 2009

black friday II

Para los no iniciados, voy a intentar explicar lo que es la experiencia de un black friday en Estados Unidos. Tradicionalmente, este viernes posterior a thanksgiving es el día de las ofertas. Parece ser que todos los centros comerciales, tiendas e incluso sitios virtuales aplican unos descuentos mucho más altos de los que se hacen en otras epocas del año.

Para que os hagais una idea, en Target ofertaban un portatil HP con buenas características técnicas que puede tener un precio de unos 700 dólares, por 199. Y la playstation III cuyo precio es de unos 300 $, estaba rebajada a 199 e incluía tres juegos y un sistema de dvd especial.

Claro que yo, acostumbrada a las ofertas del media mark, estaba entre escéptica e incrédula suponiendo que, igual que cuando llegas al media mark la oferta está caducada, o eran tres unidades o no correspondía a lo anunciado en el folleto. Pero aquí me garantizaban que, aunque se tratara de unidades limitadas, iba a haber muchas.

Así que como Stephanie queria una PSIII y yo comprar la cámara de Silvia, nos pegamos el super madrugón para estar a las cuatro y media en walmart.
Nos levantamos de noche profunda, con lluvia y viento y maldita la gana que tengo de ir, pero me sabe mal perderme ni una sola experiencia aquí, aunque para ello me cale. Así que recogemos a Steph y a las cuatro y media estamos en la tienda.

La visión impacta. El gigantesco parking lot está a rebosar y tenemos que aparcar lejos de la entrada. El viento casi hace girar los paraguas y añadiéndonos a un grupo de oscuro (casi parece la noche de los muertos vivientes) nos ponemos en una de esas colas que los americanos organizan tan bien, una de las que hace eses que inventaron en Disneylandia...

Una de las cosas que me impactan es que las personas que están organizando la cola sonríen y te dan los buenos dias y te desean una excelente jornada de compras. Al igual que los que organizan la cola dentro y te buscan los productos. Ni una mala cara, ni sueño, ni desatención al cliente. Esta es una de las areas de las que deberiamos aprender nosotros. Para todos, y a pesar del madrugón, parece una jornada de fiesta.

En la tienda colas interminables bien organizadas por sectores y gente comentando la jugada (aquí la gente habla mucho en las tiendas, es muy curioso)
Compramos la PS III de Steph (hay unidades!!), un guitar hero, mi cámara y otra que compro porque es muy barata y salimos bajo la lluvia al siguiente destino, el radio shack, donde le compro a una dependienta que parece Bambi un móvil y nos damos cuenta de que en esa tienda el único que va a conservar su empleo en las siguientes semanas es un tal Ken porque el resto son un pelin torpes...

Tras la dura jornada de compras, alrededor de las 7,30 decidimos irnos a desayunar. Y como aquí no hay vips, nos vamos al Laur's


Al entra, de nuevo, me siento como si entrara en una peli, esta es como el restaurante de "Alicia ya no vive aquí", un lugar coqueto, con pocas mesas, una barra con taburetes altos y adornada con algunas calabazas resto de Halloween.

En una mesa, tres respetables abuelitos charlando, como si acabaran de volver de una jornada de pesca, relajados y compartiendo uno de esos instantes especiales.

Nosotras nos sentamos en la mesa de al lado y pedimos cada una una cosa diferente. Yo me decanto por una tortilla de queso y un zumo (el café de aquí es un infierno), Sue toma huevos revueltos y Steph una especie de plato combinado.

Todo está muy rico y nos hace que mejore el estómago tras el madrugón. Aunque a pesar de ello, volvemos a casa y como las camas nos tientan, decidimos rematar la jornada en brazos de Morfeo...

viernes, 27 de noviembre de 2009

Black friday

Son las tres y media de la madrugada y acabo de salir de la ducha. Me voy con Sue y con Stephanie de compras. Es el black friday. Isn't it incredible???

jueves, 26 de noviembre de 2009

Thanksgiving day


Ayer era el gran día. La fiesta esperada durante todo el año, esa en la que las familias y los amigos se unen frente a un pavo para dar las gracias, sobre todas las cosas, por estar juntos.

Y lo primero que hicimos nosotros fue desayunar en familia. Un típico desayuno americano con tostadas francesas (qué paradoja, verdad?), salchichas, huevos revueltos y zumo de naranja.

Y tras este energizante desayuno, comienza la preparación de la cena... cena que sigue el horario habitual, o sea, que es a las cuatro de la tarde...
Eric lidera el proyecto pavo, así que nosotros simplemente seguimos sus órdenes: yo desmenuzo el bizcocho para el stuffing (?), pelo patatas y cebollas mientras él hace el relleno, coloca el pavo en la rustidera y controla el tiempo. A Sue le toca hacer de pinche.





A las tres y pico comienzan a llegar nuestros invitados: Emily y su chico, Jill con su familia, Delia y Franz y los invitados especiales: David y Stephanie que traen una tarjeta de Thanksgiving muy especial... la foto de la primera ecografía del nuevo Collins que vendrá a este mundo. La noticia revoluciona el día y a partir de entonces nos envolvemos en una conversación sobre bebés, embarazos, síntomas... y sobre todo el primer regalo que según David debería tener su hijo: la Playstation 3...

Brad prepara la mesa en la planta calle, o sea, en el apartamento de Cecilia, la abuelita de Eric. Tiene un salón con un mirador maravilloso, y a pesar de que el día amaneció lloviendo, parece que va a mejorar.
Aprovechando el respiro que nos da el tiempo y que el cielo se ha puesto maravilloso y la luz es dorada, salimos a hacer una foto de grupo. Sale razonablemente bien y después de hacer alguna otra foto aprovechando la luz, volvemos a la tarea.



Aquí la comida no se pone en la mesa (salvo alguna guarnición), sino que se situa en una mesa en un lado y cada uno se pone lo que quiere. Yo me pongo algo de pavo, unas zanahorias al horno, un poco de puré de calabaza, otro poco de puré de calabacín, unas cebolletas con crema y el relleno del pavo que no lo meten detro (aquí lo llaman stuffin'). Todo muy rico y mucho más suave de lo que yo imaginaba.




Para los postres subimos a la planta de arriba. Allí tenemos pastel de calabaza, tarta de Cramberries, una especie de Tiramisú (tengo que confirmar el nombre) y alguna otra cosa. Yo ni los miro, el resto los atacan (deben estar más acostumbrados a dejar hueco).

El resto de la tarde la pasamos charlando en el salón, riendo y disfrutando de la compañía. Vamos, como las fiestas en Madrid. Lo que no tengo muy claro es por qué, siendo algo tan de navidad, en esta casa no se juega al Cluedo...


Un día en la High School




El día previo a thanksgiving fue un día interesante. Sue me acerca a West Hartford, a la High School donde trabaja Eric para que conozca una típica escuela americana.
Lo primero que impacta es el tamaño de la High School y el cómo está organizada. Tiene tres plantas en forma de H. En cada planta hay un departamento y nosotros subimos a la tercera, donde está el de idiomas en el que trabaja Eric.
Allí todo el mundo me saluda en castellano y se escucha en las conversaciones del pasillo. Suena raro, pero es simpático.

Eric me presenta a sus compañeros y alguno de ellos me pide que intervenga en su clase. Puede ser divertido. De momento, me voy con Eric a la suya donde sus alumnos están viendo "mar adentro". Una vista general me dice que los adolescentes son de un estilo en cada lugar del planeta. En este incorporan la gorra al revés, los pantalones por las rodillas y las melenas imposibles. Por lo que respecta a actitud, estilo y espabile... absolutamente intercambiables por los madrileños.

Me quedo a la siguiente hora donde tienen que hacer una redacción sobre thanksgiving. Es un grupo de nivel cuatro, que parece ser que no tiene mucho dominio del idioma, así que les cuesta. Les soplo algunas cosillas y veo como las chicas -como en España- se lo curran más y son más aplicadas.

Después de la clase, Eric me lleva a una visita guiada por la High School, y veo departamentos de teatro y psicología, impensables en España y el gimnasio que es como el de las pelis de HSM I a III...
Coincidimos con algunos ex-alumnos. El día previo a thanksgiving son todos bienvenidos y muchos aprovechan para dar señales de vida. Hay -o parece haber- una relación relajada y fluida con los profes. Bien

Colaboro con otro profe en una especie de trivial en castellano y antes de que nos demos cuenta se ha terminado la mañana, así que nos vamos al Mall a comprar una fuente para el pavo. Al salir, cambiamos de planes ya que el paseo por el reservoir resultaría algo incómodo con la lluvia, así que nos vamos directamente a la casa de Guy, una compañera de Eric, profesora de francés que parece que necesita asistencia culinaria.

Ella vive en una casa maravillosa en la montaña, rodeada de un bosque. En el camino paramos a hacer algunas fotos a casas que me llaman la atención y a unos pavos salvajes que encontramos en un jardín. Sí, como los del farville. Sorprendente.



Eric prepara con mucha pericia el relleno del pavo, una pie de cranberries y deja todo listo para el horno. Mientras lo hace, Chester y yo le damos conversación y pelamos manzanas y judías . Cuando llega Guy ya está casi listo todo. En un momento determinado, sale al bosque con entrañas del pavo para dárselo a los zorros, algo que yo nunca haría... que susto más grande... Le acompaño y me dice que tiene un sitio especial donde deja la comida para que ellos la encuentren. Todo esto para una urbanita como yo es francamente diferente.
Compartimos con ella un chile asesino y salimos temprano.

Al terminar, nos vamos a casa de los Chester donde mi amiga Talia está encantada de verme. Pitufito se hace el interesante, aunque a la hora ya somos amigos. Después de cenar, nos vamos a un bar. Parece ser que la noche previa a thanksgiving es la noche de marcha oficial.

Bajo la lluvia llegamos a un bar con buena pinta. Nada más entrar en él me siento como Mark Hamill en la guerra de las galaxias cuando entra al bar donde la gente tiene dos cabezas, tres trompas y aspectos variopintos totales. En este veo varios hermanos travestidos de Cher, un grupo de fans de star treck con el corte de pelo de Mr Spock, negros enormes con camisetas de fútbol americano y cadenas enormes y respetables abuelitos que pareciera que acababan de llegar de pescar.

A pesar de la primera impresión, la música es buena. Y pronto nos bailamos todo. Nos encontramos a una amiga de Eric que a su vez va con dos amigos. Uno de ellos es como un joven Dustin Hoffman y no se pierde pieza.

Después de tomar mil cervezas y copas todos menos yo (el chile me ha asesinado y creo además, que es una buena idea que conduzca), de bailar sin parar y de corear exitos de los 80 y los 90, decidimos irnos. No sin antes observar como el joven Dustin Hoffman cada vez está más suelto. Tanto que casi me dan ganas de decirle lo mismo que a Cleve... don't jump!!!

martes, 24 de noviembre de 2009

Shopping day with Kerrie




Ayer amanecí temprano. Y nada más hacerlo y adivinar la luz tras los estores, los levanto y me vuelvo a meter en la cama a disfrutar de la vista. Es francamente agradable.

Kerrie vino prontito a buscarme. El día estaba feote, con lluvia intensa y temperatura baja, así que aprovechamos para ir de shopping. Antes de hacerlo, pasamos por su casa a recoger un cupón descuento para una tienda de deportes donde vamos a ir a buscar unas nike para mí. Al llegar, y a pesar de la lluvia, no puedo evitar salir del coche a hacer una foto a su casa. Es maravillosa y tiene un bosque que, despojado de hojas por el invierno, pareciera el lugar ideal para rodar una peli de la saga de "sleepy hollow".




Llegamos al Mall a la hora del lunch, y decidimos comer en un restaurante italiano estupendo. Hay dos cosas que sorprenden, al menos a mí (lo de los niveles de amabilidad de los camareros ya no me sorprende, viven de las propinas y dan lo mejor de cada uno)y son por un lado el que, aunque los manteles son de tela, el sobremantel es de papel, lo que no pega nada en este entorno... y por otro lado sorprende que el lugar es primoroso y sin embargo el precio es muy asequible (menos de 30 euros las dos propina incluida)



El restaurante tiene entrada directa al Mall, asi que nos disponemos a hacer la tarde. Nuestro primer destino es una de mis tiendas favoritas, el "bath and body works" donde invertimos ni sé el tiempo probando todo tipo de olores, de geles, de cremas... y salimos con sendas bolsas gigantes... lo ideal es empezar la jornada de compras cargadas... somos super listas...

Después pasamos por la tienda Disney donde por fin encuentro el perro de Up para Jimena y tras esto vamos a la Apple Store. La chica que me atiende me pregunta mi nombre y lo utiliza durante toda la conversación. Creo que esto no se estila en ventas de tiendas en España nunca, pero como cliente suena agradable.
Compro algunos ipod de encargo y ni siquiera tengo que ir a la caja. Una especie de datáfono donde firmo me trae el pago donde estoy. Desde luego, cómodo y eficaz.

Tras el Mall, vamos a varias tiendas de deportes donde, sin éxito, buscamos mis nike. Y, al final del día, y recordando muchisimo a Carmen, acabamos en Marshalls. No sé que me pasa en ese lugar pero me hace hiperventilar... hay tanto para ver y para comprar que llega a agobiar. Pero como gracias a la pastillita mágica de Sue he dormido 10 horas, tengo la fuerza suficiente para perderme entre percheros de ropa y coreando los villancicos de la banda sonora del lugar, para sorprenderme, una vez más, de los precios de aquí.

Salgo con una chaqueta clónica del pelo de Cleve y con la intención de volver el black friday de nuevo.

Cuando abrimos el maletero del coche nos damos cuenta de la inmensidad de la tragedia, así que decidimos que lo mejor es parar de comprar y tomarnos un vino con Sue... siempre nos saldrá mucho más barato...


lunes, 23 de noviembre de 2009

domingo, 22 de noviembre de 2009

De maletas perdidas, parques de bomberos y reuniones familiares


Mi primer día en Durham ha sido bastante entretenido. Llegué mucho antes de lo previsto al aeropuerto de Hartford (los vuelos fueron super puntuales y gracias a Jimena el transoceánico lo hice en fila 1 de envoy lo que equivale a venir durmiendo en tu propia cama). De hecho, llegué media hora antes de la hora a la que había quedado con Eric. Lástima que mi maleta se quedara en Filadelfia, porque si no fuese por este detallito, el día de viaje hubiera sido todo lo perfecto que puede ser un día que inviertes en cruzar un trocito de planeta.
Cuando voy a reclamar la maleta una señora muy amable me pide mi dirección para enviármela. Yo en ese momento y por intuición, no tengo ninguna duda de que me va a llegar. Esta maleta fue estrenada en India y se perdió a la vuelta en Londres, desde donde apareció. Este verano se perdió al volver a Madrid y apareció de nuevo. Y esta vez lo vuelto a hacer. Así que aunque es una maleta con tendencia al despiste, siempre vuelve... y eso está bien. La señora de USAir me pregunta si hay un lugar seguro para dejarla, como un porche o un garaje. Le digo que el garaje estará cerrado si no estamos y que el porche está abierto. Perfecto, dice, la dejaremos en el porche.
Pongo cara de momentoenelquemeheperdidoconelingles y le repito que el porche no es un lugar seguro porque está abierto, en el jardín. Me mira como si estuviera viendo una aparición y me dice que ese es un lugar seguro. Instantaneamente recuerdo que esto no es Madrid, sino Connecticut, donde uno puede dejar una maleta gigante (preciosa y de color berenjena, by the way) en un jardín sin que nadie la robe...
Llegamos a casa de Sue sobre las ocho. Me viene a dar la bienvenida, Clive, el nuevo perro de los Collins, de color arena, pelo largo y con un aspecto de peluche que me encanta. Después de los parabienes, alegrías y cena, me dispongo a habitar mi aposento.


Sue me ha dejado la tercera planta de la casa íntegra para mí. Lo que quiere decir que tengo un dormitorio maravilloso con cinco ventanales, una cama grande vestida con un edredón de flores diminutas, un sofá, tele y un closet estupendo. En mi planta hay igualmente otro dormitorio (por si invito a algunos amigos), un baño y un pequeño living donde tengo un despachito con ordenador. Fantástico todo. Sobre todo por el paisaje que se ve desde las ventanas, con maravillosos prados y casitas de juguete... un disfrute total.

Por la mañana luce un sol espléndido y este lugar se parece más aún al paraiso. Nos vamos a comprar una correa para Clive y de camino pasamos por el parque de bomberos. La última vez le dije a Harry, primo de Sue y bombero voluntario que me encantaría hacerle alguna foto a los camiones, así que para allá vamos.

Llegamos lo suficientemente tarde como para que Harry se haya ido, pero un par de hombres también bomberos voluntarios, amablemente nos dejan pasar y hacer fotos. La primera sorpresa es que el camión de bomberos es verde, la razón se la preguntaré a Harry en cuanto le vea. Hay varios camiones y uno de principios de siglo pasado, una reliquia y una belleza. Nos dice uno de los hombres que allí todos son voluntarios, y que el 70% de los bomberos de USA lo son, solamente los de las grandes ciudades son funcionarios y cobran. Esto sigue pareciéndome raro e imposible en España, donde este tipo de servicios a la comunidad no se conciben sin cobrar.

Nos llegamos a la tienda de mascotas y flipo. Puede haber algo así como cien modelos de correas, quince tipos de champú para perros, cincuenta juguetes de todo tipo, disfraces de papa noel, mil tipos de piensos, vacunas, de todo... Yo le digo a Sue que si me reencarno quiero ser perro en su casa o gato en la de mi amigo Michaval, algo mucho mejor que ser niño en India, desde luego...

Volvemos a casa donde tenemos merienda-cena familiar. Al llegar nos encontramos con la hermana de Sheila, la madre de Sue y habitante de la primera planta de esta casa, una octogenaria con un aspecto hiper juvenil, con vaqueros y corte de pelo a lo garçon que tiene una actividad que ya la quisieran muchos de cincuenta. El tema de la edad aquí es fascinante, desde luego...

Tras un paseito por el jardín con Cleve y Eric, cenamos (a las cuatro de la tarde!!) un menú tipicamente americano: Jamón asado, unos macarrones con queso pamorirse del gusto, ensalada de col y tarta de chocolate que trae Carrie (con ella vienen a cenar su marido y su madre, que con 92 años es una maravillosa artista que pinta, diseña joyas y hace unos quilts fantásticos).

Cuando todos se van nos quedamos Sue, Nancy y yo con un vinito charlando. Nos reimos, hablamos de todo y cuando les hablo de mi jet lag Nancy me pregunta si tomo algo. Me dice que ellas toman una pildora milagrosa que te dan sin receta (creo que una especie de antihistamínico) que me hará dormir toda la noche. Ella sostiene que hay dos cosas en la vida básicas y que curan todos los males: el vino y la dichosa pastillita.

Así que cuando me despierto a las tres de la mañana y veo la famosa pastillita en mi mesilla junto a un vaso de agua pienso que ellas sabrán que para eso son enfermeras. Y no sé si es por la sugestión o por los efectos de la pastilla, pero duermo el resto de la noche como un lirón. Y cuando me levanto, casi ni siento la sinusitis...




Say nighty-night and kiss me
Just hold me tight and tell me you'll miss me..

viernes, 28 de agosto de 2009

Back home


Siempre se dice que una de las mejores cosas de viajar es volver a casa. Cuando después de unos días - en este caso unas semanas - de haber disfrutado nuevas experiencias es el momento de viajar a nuestro lugar de origen y contarlas (para mí una de las mejores maneras de revivirlas, por cierto).

Sin embargo, en muchos casos, la vuelta no está exenta de un cierto sentimiento agridulce. Supongo que todo viene de ese refrán tan español que una y mil veces le escuché a mi madre: "hija, no se puede estar en misa y repicando"

Lo cierto es que, cada vez que conoces a nuevos amigos que viven en lugaras lejanos y estos se hacen un huequito en tu corazón no puedes evitar una cierta sensación de nostalgia por la separación. Nostalgia por la incertidumbre de cuando volverás a compartir momentos con todas esas almas que te han acogido como si fueses uno de ellos.

Sin embargo, en esta ocasión he de decir que tengo un presentimiento. Creo que nos volveremos a ver más veces. Creo que tomaremos de nuevo vino juntos. Que iremos a la playa. Y a fiestas variadas. Y a Lenny and Joe's. Y que volveremos a Marshall's. Y que la próxima vez controlaremos el escaner personal de stop and shop. Y que haremos muchas fotos a los niños. Y que esta vez me bañaré en ese río. Y que volveré a reir con todos esos amigos que ya tienen un huequecito en el alma.

Gracias Carmen por haberme dado la llave de todo. Por tu videncia y por ayudarme en esta experiencia.
Gracias Eric por tu generosidad, por tu confianza, por tu cariño. Por haberme prestado a tu familia, a tus amigos. Dice mucho de tí.
Gracias a Brian y Sheila por haberme hecho vivir una experiencia fantástica en Yale.
Gracias a Bruce, Ann y Ali por su cálida acogida, por llevarme a conocer, por ayudarme a saber más sobre vidas diferentes a la mía.
Gracias Jen, Eric por haberme hecho vivir un ambiente familiar fuera de mi familia. Besad a pitufito y Talia de mi parte.
Gracias Juan y Vicky por darme un momento español fuera de casa. Y risas en castellano.
Gracias Carrie por tu sonrisa, por tu calidez. Nos veremos en España. Fijo.
Gracias Nancy por todo. Por haberme hecho reir. Por haberme hecho sentir de tu familia.
Gracias Sheila por haberme dado calor de abuela. Gracias.
Gracias a Vickie, Larry, Lee y todos los amigos de la pool. Hemos pasado estupendos días juntos.
Gracias Brad por corregirme una y mil veces aunque una y mil veces pronunciara mal. Gracias por tu cariño y tu interés en mi mejora.
Gracias Emily, Harry y familia y todos los amigos de la familia Collins por vuestra cálida acogida. Un placer conoceros
Gracias Franz por tu sonrisa y tu agrado constante.
Gracias Delia por todo. Por ayudarme en los primeros momentos, por integrarme en tu grupo de amigos, por acompañarme a sitios en los que habías estado mil veces. Y por todas las risas que hemos compartido.

Y sobre todo... gracias Sue... mi american mummy. Ha sido tan especial conocerte que ya tendrás un lugar propio en mi corazón. Me has hecho pasar uno de los mejores veranos de mi vida. Me has dado cariño, te has preocupado por mí y has hecho que aprendiera a desternillarme de la risa en inglés. Gracias, de verdad. Eres la pera. De verdad.

Y, por supuesto, querría dar las gracias a todos los lectores de este blog. Muchos de vosotros me habeís escrito dándome ánimos para que siguiera haciéndolo. Y con ello habeís conseguido que plasme mis recuerdos en fotos, música y posts. Y que siempre los tenga a mano. Y que queden más lejos del olvido.

Y gracias a mi familia y amigos por recordarme que me quieren y que esperaban mi vuelta. Siempre es más fácil volver cuando alguien te espera.

Os quiero a todos. De verdad.


jueves, 20 de agosto de 2009

Megan wants a millionaire



Durante estas semanas no he tenido tiempo de ver la tele. Claro, con tanta vida social es normal. Y además cada vez que la encendía y me tragaba diez minutos de programa o de serie o de noticiero y media hora de anuncios me ponía a mil... y yo que me quejaba de la publi en España...

El caso es que, de lo poco que he visto me han llamado la atención tres programas.

El primero de ellos es un programa que podría estar hecho por la comunidad de vecinos del condominium de New Britain, porque es como si se hubieran puesto de acuerdo para que cada uno de ellos se preparase un tema y lo desarrollaran para el resto. La semana pasada una respetable abuelita (pero abuelita abuelita) nos dio una clase magistral de consejos para hablar en público (sencilla y sintética) como si nos estuviera dando la receta de la rasperry cake. Alucinante.
Más tarde un hombre nos daba consejos sobre franquicias, y otro sobre cómo hacer un plan de negocio. Así que en realidad no sé si estaba sintonizando una emisora o una práctica de alguna escuela de negocios. En cualquier caso, curiosa

La segunda es un reality show llamado "the little couple" y es la historia de una familia compuesta por dos personas muy muy bajitas. Tan bajitas que a mi me impactó ver un episodio en que se veía como ella era practicamente de la misma altura que el trolley que llevaba de viaje.
En esta pareja, ella es pediatra y él es un hombre de negocios. Y gracias a esta serie uno se da cuenta de que la vida para una persona bajita es muchisimo más complicada que para alguien que lleve silla de ruedas. Increible pero cierto. Mucho más interesente de lo que a priori pudiera parecer.

La tercera es la que me tiene más epatada. Se llama Megan wants a millionaire (by the way... y quien no?). Y en esta una mujer que debería buscar un cerebro primero tiene que elegir entre 15 millonarios solteros (lo alucinante es que haya 15 millonarios solteros por el mundo que quieran ir a un reality show) y les pone juegos como: Qué haràs para celebrar el día de los enamorados? o les hace pasar por pruebas o cuestionarios variados. Vamos, un programa de nivel y alcance. Eso sí, la rubia rubisima tiene la inestimable ayuda de unas amigas que son del estilo.
No sé qué tipo de pervesión puede tener un tio guapo, joven y millonario para ir a un reality a buscar una rubia con el mismo cerebro que el espantapájaros del Mago de Oz. Pero obviamente algo tienen. De hecho esta mañana hemos amanecido con una noticia: uno de los millonarios ha matado a su esposa. O eso parece. Que zuzto más grande...

martes, 18 de agosto de 2009

A heart in New York



Mi amiga Isabel dice que venir a Estados Unidos es una buena idea porque es un viaje amortizado. Según vuelves puedes revivir con miles de películas, de documentales, de reportajes fotográficos o simplemente con el telediario, experiencias, momentos y lugares.

Cuando ayer a temprano tomé el tren en New Haven con destino New York y me senté en un asiento al lado de la ventana, no pude dejar de mirar el pasillo esperando que un De Niro se sentara a mi lado. El vagón, no muy grande, con asientos de cuero en blaugrana, era igualito a aquel en que una atribulada Meryl Streep coincidía con mi actor favorito de camino al trabajo.

Pero no. De Niro no subió. Lo debo tener por las tierras australes por lo menos.
El viaje duró mucho más de lo que yo esperaba (1hr 45'). Claro que hizo parada hasta en Pitis, así que era lo normal.

Como una autómata, sigo a la avalancha humana que baja del tren. Algo despistada, aterrizo en la planta baja de la Grand Central Terminal, en la zona de los restaurantes. Subo una planta y en seguida llego a ese hall central, con ese reloj, inmortalizado en mil y una películas.
A pesar de que corro un elevado riesgo de morir aplastada por la multitud, no puedo abstenerme de parar en una de las escaleras y simplemente disfrutar de este momento: estoy en Nueva York!!. Mi ciudad adorada, el centro del mundo, la city, lo más...

Y me siento tan emocionada como la primera vez que llegando al puente que desemboca en Manhattan vímos por primera vez, brillando en la noche como si fueran de oro la skyline de edificios que tanto impacta al visitante.

Hago algunas fotos de la gente entrando y saliendo y decido mi itinerario. He dejado el coche en un parking algo alejado de la estación de tren de New Haven, por lo que no quiero llegar de noche y hacer ese camino sola, así que tengo que organizar bien mi tiempo.

Aunque mi primera idea fue ir al Metropolitan, la descarté. Está 40 calles más arriba y si me meto en él no me dará tiempo ni de dar un paseo. Así que ya lo volveré a ver en otro momento.

Mi primer destino decido que sea Central Park. Y subo la quinta avenida entre una marea humana brutal, disfrutando de cada persona, de cada situación, de la vida en la city...

Tardo más de hora y media en recorrer treinta calles. No quiero perderme nada. Y todo lleva tiempo.
Cuando llego a Central Park busco un carrito de perritos calientes. Los mejores del mundo. O eso, al menos, era antes, porque ahora la salsa de cebolla ha desaparecido, y en su lugar me ponen un perrito que me puedo hacer en casa con un bimbo y una salchicha Oscar Mayer... vaya decepción.

Menos mal que se me pasa cuando entro en el parque y veo, diseminados por el green como las setas en pitufolandia, diferentes grupos humanos: tomando el sol, jugando, charlando, compartiendo el lunch... Decido sentarme junto a un àrbol a ver pasar la vida. Y el hot dog empieza a saberme mejor.
Os garantizo que me hubiera quedado el resto del día allí, pero como tenía la espinita clavada de la foto del flatiron building, decido moverme.

Bajo por la sexta hasta times square. El centro del mundo. Y está todo menos frío frío...La temperatura es para caer redondo por un desmayo y esto, añadido a la gran cantidad de gente, hace que por un momento piense que es mejor recuperarse en un sitio con aire.

Entro en el macy's de la septima y recupero el aliento. De ahí al flatiron building que aparece en el cruce de la quinta con broadway majestuoso, estiloso, imponente.
Frente a él, unas mesas y unas sillas se pueden utilizar free para descansar. Y eso hago. Me compro en un carrito un batido de naranja, piña y frambuesa y sentada frente a èl, lo disfruto.

Cuando me doy cuenta, ha pasado bastante tiempo y yo estoy agotada. Así que me planteo subir a la 42 en metro. En metro? y perderme todo esto?... ni de coña.
Así que sin poder con mi alma (el calor es insoportable) subo hacia la 42. Paro en el Empire State Building y le hago mil fotos, lo mismo que a muchos de los edificios de la zona.

Cuando llego a la estación, tengo la sensación de que hay más gente. Cuando llego al tren efectivamente va más lleno que esta mañana. Las caras ahora transmiten cansancio, calor, agotamiento.

Yo me siento al lado de la ventana y recopilo lo que ví hoy. Al menos hasta que un hombre moreno cruza la puerta del vagón y por un momento, de nuevo,recuerdo a De Niro...


lunes, 17 de agosto de 2009

De los americanos, la edad y el cuchi coupon



Ayer domingo teniamos fiesta en casa de Nancy. Su suegra llegaba desde Florida para pasar unos días, así que en su honor se montó una de estas cenas que empiezan a las tres de la tardey a la que estabamos invitados unas 40 personas.

Antes de ir a casa de Nancy pasamos a ver la casa de Carrie. Una maravilla por la que se podría matar, una maravillosa casa en madera gris con dos alas separadas por un maravilloso living y dos edificios anexos en un bosque con 56 acres de terreno: Antes de irnos nos da una cosa para que se la demos a Nancy. Unas orejas de conejo, un collar para el cuello y alguna cosa más. Le pregunto qué es y me dice que Nancy le había prestado el disfraz con el que sorprendió a su marido en Halloween. El disfraz era de conejito del Playboy.

Obviamente que alguien se ponga el disfraz de conejita de Play boy para sorprender a su marido aun siendo original no es algo extraordinario. Lo que sí que me lo pareció (no solo extraordinario, sino maravilloso) es que alguien con más de sesenta años y más de treinta de matrimonio lo hiciera.

Y además de ser maravilloso nos dice que aquí no existen los complejos que existen en España con la edad. Aquí puedes ver a una respetable abuelita de las que en España estaría rezando a la espera de pasar a mejor vida con unos shorts y un t-shirt jugando al golf, viajando, conduciendo, paseando con sus amigas o subida en una noria. Sin complejos.

Y al final mi reflexión fue que yo quiero ser de esas abuelitas, la verdad.

Una abuelita como la suegra de Nancy, haciendo fotos con su cámara digital a todo lo que se le ponía por delante, en esa fiesta tan estupenda que le habían montado.

Precisamente en esa fiesta (muy diferente a las fiestas de casa también, aqui se pone la comida y se van sirviendo y sentando en todos los sitios de la casa, no hay que esperar a todos para empezar) aprendí una nueva palabra dentro de mi vocabulario inglés: cuchi coupon.

Y lo aprendí porque de repente, alguien se lo dijo a su pareja que parece ser que se había ido a hacer la compra solo y dejando que su santa durmiera. Como premio ella le dijo que le daba un cuchi coupon.
Parece ser que cuando tu pareja es majete y va a la compra, o limpia la casa (sin protestar) se le puede dar un cuchi coupon (o dos o tres dependiendo de lo que hayan hecho)

Supongo que no hace falta que traduzca el significado, solo decir que son acumulativos e ilimitados... y que tienen su gracia, la verdad.
Y aunque no sé si recordaré todo el vocabulario que estoy aprendiendo, me da que esta palabra tan simpática sí que la voy a recordar...