sábado 5 de diciembre de 2009

Navidades en Connecticut





En Estados Unidos, dos días después de Thanksgiving, queda inaugurada oficialmente la temporada navideña. Es entonces cuando las casas se empiezan a decorar y con ellas, los jardines, las tiendas, los mall, restaurantes, hospitales, aeropuertos... en fin, todo todo. La máxima expresión es el encendido del árbol del Rockefeller Center, que se celebra con una gala navideña que, este año al menos, ha sido brillante.

En casa de Sue ponen el árbol el domingo. Es un árbol enorme, iluminado con minúsculas luces serpenteantes desde el ángel que lo corona a los juguetes y la flor de Pascua que tiene en su base (por cierto, que el caballito mecedora no es del agrado de Clive, que le ve como un rival y es a lo único que ladra). Los adornos los hizo Sue con cuentas doradas, primorosamente engarzadas en grupos de tres y diseminadas con adornos de figuritas varias.

Pero en eso no queda su decoración navideña: los peregrinos y los indios que decoraban la chimenea en thanksgiving son sustituidos por adornos plateados más propios de la estación en la que estamos. Las toallas se cambian por otras rojas con copos de nieve, los tupperware clásicos por otros con dibujos de Santa... y hasta Sue y su madre cambian sus forros polares lisos por otros con abetos y renos... total!!!

En la radio ya solo escuchamos la 100.5 que desde el día después de acción de gracias ya comienza a emitir hasta el 1 de Enero exclusivamente música navideña (uno podría pensar que si fuese M80 se repetirían los villancicos hasta el suicidio colectivo de los oyentes, pero esta emisora de Nueva Inglaterra se encarga en demostrarnos que no solo Bing Crosby y Dean Martin hicieron música navideña sino que desde los Beach Boys a Barry Manilow, pasando por McCartney o Shakira...)

Yo creo que no tengo una opinión muy definida sobre la navidad: a veces me encanta y otras veces me pone triste... incluso a veces me hace odiarla. Sin embargo, cuando voy conduciendo por estas carreteras entre bosques mágicos y veo las casas iluminadas con millones de minúsculas lamparitas o renos de jardín hechos de seto mientras escucho la 100.5 no puedo evitar enamorarme.

Y, de hecho, me resulta mucho más complicado cuando, sin darme cuenta, acabo coreando este clásico que cantaron desde Marilyn a Kyle pasando por Madonna:

Santa baby, just slip a sable under the tree, for me
Been an awful good girl
Santa baby so hurry down the chimney tonight

Santa baby, a '54 convertible too, light blue,
I'll wait up for you dear
Santa baby, so hurry down the chimney tonight

Think of all the fun I've missed,
Think of all the fellows that I haven't kissed
Next year I could be just as good
If you check off my christmas list



miércoles 2 de diciembre de 2009

Margaret O'Brien y la pista de hielo del Rockefeller Center



Ayer estuve en Nueva York. Y como lo bueno que tiene volver a los sitios es que hay lugares imprescindibles que ya has visitado, te puedes dedicar a visitar "los caprichos". Y para mí había uno prioritario: ver la pista de hielo del Rockefeller Center.

Después de un agradable viaje en tren con Kerrie desde una apeadero clónico de los que existen en Disneylandia (obviamente basados en lugares reales, como las pelis) y de llegar a una abarrotada Grand Central Terminal, nos encaminamos, con menos frío del que pensábamos, hacia el Rockefeller Center.

En el camino paramos a compartir un lunch en un lugar repleto en el que sorprende la rapidez de los camareros. El 80% de la gente que acude a este lugar lo hace para "take away", o sea, para llevarse a la ofi la comida, en su mayoría sandwiches o ensaladas. Kerrie me dice que normalmente invierten un máximo de 20 minutos y que la mayoría come en una sala habilitada como cocina en la empresa.

Nosotras nos sentamos en unos taburetes altos mirando hacia la calle. Y la verdad es que es mucho más entretenido que algunas de las últimas películas que he visto. Un ir y venir de los más heterogéneos grupos humanos que uno podría imaginar: yuppies, raperos de color, mujeres extravagantes, judios con rizos en las patillas, cowboys de ciudad, homeles... de todo. Realmente aquí no haría falta ver la tele para entretenerse.

Nos metemos en la masa humana intentando esquivar a los rápidos y llegar sanas y salvas a la quinta avenida. Al llegar allí, obligada parada para mirar al cielo. La silueta de los rascacielos cortándose en el cielo azul es impresionante. Una y mil veces que venga a esta ciudad, una y mil veces me parecerá maravillosa.

Después de respirar hondo y sentir como NY huele a navidad (el escaparate de Saks con maniquies con maravillosos vestidos de gala rojos es simplemente impactante), cruzamos hacia donde la masa humana es mayor: el Rockefeller Center.

Al cruzar la plaza, donde hay preparado un stand de televisón (según Kerrie para retransmitir en directo el encendido del árbol de navidad, que, por cierto, es de Connecticut) intento llegar sana y salva hacia donde está la pista. Y lo consigo.

Y ese momento es especial. Miro la pista y tengo la misma sensación de la primera vez que estuve, que es un lugar más pequeño de lo que aparece en las pelis, pero que tiene tanta magia o más.

En la pista, no más de cuarenta personas patinado. Niños, jovenes y adultos patinando en la misma dirección y no sé si dándose cuenta de que son muy afortunados por estar viviendo ese momento en ese lugar.

Hago una y mil fotos. Intento meter en el fotográma el árbol gigante, el rascacielos y la pista, algo ajustaditos, la verdad. Lo consigo. Y cuando, de repente, y no se de donde, se empieza a escuchar un villancico, tengo que parar. Y, como esa escena de ghost en la que Patrick Swayze sale de su cuerpo y se ve a si mismo desde arriba, me veo situada en esa escena. Y tomo aire y huelo la navidad. Y escucho la música y ella me trae recuerdos: de la cola del cine Imperial en fiestas, de la Plaza Mayor y su música de fondo, del múerdago y el acebo, del oyeniñodequieneres que cantábamos frente al belén, de los regalos bajo el árbol, de la pandereta, del odiado verdugo y la bufanda, de las tres hermanas vestidas iguales para las fiestas.. y de esa escena de "Cita en St Louis" en la que Judy Garland le canta a Margaret O'Brien ese maravilloso villancico... y de lo que este me recuerda a mamá, y a lo que nos quería, y su ausencia...

Y mientras observo como la gente patina, y se cae, y rie, doy gracias al cielo por vivir este instante. Y me giro y sonrío a Kerrie, que probablemente no imagine todo lo que me ha pasado en un minuto. Y con ella, agarradas del brazo, bajamos riendo por la quinta avenida...

domingo 29 de noviembre de 2009

black friday II

Para los no iniciados, voy a intentar explicar lo que es la experiencia de un black friday en Estados Unidos. Tradicionalmente, este viernes posterior a thanksgiving es el día de las ofertas. Parece ser que todos los centros comerciales, tiendas e incluso sitios virtuales aplican unos descuentos mucho más altos de los que se hacen en otras epocas del año.

Para que os hagais una idea, en Target ofertaban un portatil HP con buenas características técnicas que puede tener un precio de unos 700 dólares, por 199. Y la playstation III cuyo precio es de unos 300 $, estaba rebajada a 199 e incluía tres juegos y un sistema de dvd especial.

Claro que yo, acostumbrada a las ofertas del media mark, estaba entre escéptica e incrédula suponiendo que, igual que cuando llegas al media mark la oferta está caducada, o eran tres unidades o no correspondía a lo anunciado en el folleto. Pero aquí me garantizaban que, aunque se tratara de unidades limitadas, iba a haber muchas.

Así que como Stephanie queria una PSIII y yo comprar la cámara de Silvia, nos pegamos el super madrugón para estar a las cuatro y media en walmart.
Nos levantamos de noche profunda, con lluvia y viento y maldita la gana que tengo de ir, pero me sabe mal perderme ni una sola experiencia aquí, aunque para ello me cale. Así que recogemos a Steph y a las cuatro y media estamos en la tienda.

La visión impacta. El gigantesco parking lot está a rebosar y tenemos que aparcar lejos de la entrada. El viento casi hace girar los paraguas y añadiéndonos a un grupo de oscuro (casi parece la noche de los muertos vivientes) nos ponemos en una de esas colas que los americanos organizan tan bien, una de las que hace eses que inventaron en Disneylandia...

Una de las cosas que me impactan es que las personas que están organizando la cola sonríen y te dan los buenos dias y te desean una excelente jornada de compras. Al igual que los que organizan la cola dentro y te buscan los productos. Ni una mala cara, ni sueño, ni desatención al cliente. Esta es una de las areas de las que deberiamos aprender nosotros. Para todos, y a pesar del madrugón, parece una jornada de fiesta.

En la tienda colas interminables bien organizadas por sectores y gente comentando la jugada (aquí la gente habla mucho en las tiendas, es muy curioso)
Compramos la PS III de Steph (hay unidades!!), un guitar hero, mi cámara y otra que compro porque es muy barata y salimos bajo la lluvia al siguiente destino, el radio shack, donde le compro a una dependienta que parece Bambi un móvil y nos damos cuenta de que en esa tienda el único que va a conservar su empleo en las siguientes semanas es un tal Ken porque el resto son un pelin torpes...

Tras la dura jornada de compras, alrededor de las 7,30 decidimos irnos a desayunar. Y como aquí no hay vips, nos vamos al Laur's


Al entra, de nuevo, me siento como si entrara en una peli, esta es como el restaurante de "Alicia ya no vive aquí", un lugar coqueto, con pocas mesas, una barra con taburetes altos y adornada con algunas calabazas resto de Halloween.

En una mesa, tres respetables abuelitos charlando, como si acabaran de volver de una jornada de pesca, relajados y compartiendo uno de esos instantes especiales.

Nosotras nos sentamos en la mesa de al lado y pedimos cada una una cosa diferente. Yo me decanto por una tortilla de queso y un zumo (el café de aquí es un infierno), Sue toma huevos revueltos y Steph una especie de plato combinado.

Todo está muy rico y nos hace que mejore el estómago tras el madrugón. Aunque a pesar de ello, volvemos a casa y como las camas nos tientan, decidimos rematar la jornada en brazos de Morfeo...

viernes 27 de noviembre de 2009

Black friday

Son las tres y media de la madrugada y acabo de salir de la ducha. Me voy con Sue y con Stephanie de compras. Es el black friday. Isn't it incredible???

jueves 26 de noviembre de 2009

Thanksgiving day


Ayer era el gran día. La fiesta esperada durante todo el año, esa en la que las familias y los amigos se unen frente a un pavo para dar las gracias, sobre todas las cosas, por estar juntos.

Y lo primero que hicimos nosotros fue desayunar en familia. Un típico desayuno americano con tostadas francesas (qué paradoja, verdad?), salchichas, huevos revueltos y zumo de naranja.

Y tras este energizante desayuno, comienza la preparación de la cena... cena que sigue el horario habitual, o sea, que es a las cuatro de la tarde...
Eric lidera el proyecto pavo, así que nosotros simplemente seguimos sus órdenes: yo desmenuzo el bizcocho para el stuffing (?), pelo patatas y cebollas mientras él hace el relleno, coloca el pavo en la rustidera y controla el tiempo. A Sue le toca hacer de pinche.





A las tres y pico comienzan a llegar nuestros invitados: Emily y su chico, Jill con su familia, Delia y Franz y los invitados especiales: David y Stephanie que traen una tarjeta de Thanksgiving muy especial... la foto de la primera ecografía del nuevo Collins que vendrá a este mundo. La noticia revoluciona el día y a partir de entonces nos envolvemos en una conversación sobre bebés, embarazos, síntomas... y sobre todo el primer regalo que según David debería tener su hijo: la Playstation 3...

Brad prepara la mesa en la planta calle, o sea, en el apartamento de Cecilia, la abuelita de Eric. Tiene un salón con un mirador maravilloso, y a pesar de que el día amaneció lloviendo, parece que va a mejorar.
Aprovechando el respiro que nos da el tiempo y que el cielo se ha puesto maravilloso y la luz es dorada, salimos a hacer una foto de grupo. Sale razonablemente bien y después de hacer alguna otra foto aprovechando la luz, volvemos a la tarea.



Aquí la comida no se pone en la mesa (salvo alguna guarnición), sino que se situa en una mesa en un lado y cada uno se pone lo que quiere. Yo me pongo algo de pavo, unas zanahorias al horno, un poco de puré de calabaza, otro poco de puré de calabacín, unas cebolletas con crema y el relleno del pavo que no lo meten detro (aquí lo llaman stuffin'). Todo muy rico y mucho más suave de lo que yo imaginaba.




Para los postres subimos a la planta de arriba. Allí tenemos pastel de calabaza, tarta de Cramberries, una especie de Tiramisú (tengo que confirmar el nombre) y alguna otra cosa. Yo ni los miro, el resto los atacan (deben estar más acostumbrados a dejar hueco).

El resto de la tarde la pasamos charlando en el salón, riendo y disfrutando de la compañía. Vamos, como las fiestas en Madrid. Lo que no tengo muy claro es por qué, siendo algo tan de navidad, en esta casa no se juega al Cluedo...


Un día en la High School




El día previo a thanksgiving fue un día interesante. Sue me acerca a West Hartford, a la High School donde trabaja Eric para que conozca una típica escuela americana.
Lo primero que impacta es el tamaño de la High School y el cómo está organizada. Tiene tres plantas en forma de H. En cada planta hay un departamento y nosotros subimos a la tercera, donde está el de idiomas en el que trabaja Eric.
Allí todo el mundo me saluda en castellano y se escucha en las conversaciones del pasillo. Suena raro, pero es simpático.

Eric me presenta a sus compañeros y alguno de ellos me pide que intervenga en su clase. Puede ser divertido. De momento, me voy con Eric a la suya donde sus alumnos están viendo "mar adentro". Una vista general me dice que los adolescentes son de un estilo en cada lugar del planeta. En este incorporan la gorra al revés, los pantalones por las rodillas y las melenas imposibles. Por lo que respecta a actitud, estilo y espabile... absolutamente intercambiables por los madrileños.

Me quedo a la siguiente hora donde tienen que hacer una redacción sobre thanksgiving. Es un grupo de nivel cuatro, que parece ser que no tiene mucho dominio del idioma, así que les cuesta. Les soplo algunas cosillas y veo como las chicas -como en España- se lo curran más y son más aplicadas.

Después de la clase, Eric me lleva a una visita guiada por la High School, y veo departamentos de teatro y psicología, impensables en España y el gimnasio que es como el de las pelis de HSM I a III...
Coincidimos con algunos ex-alumnos. El día previo a thanksgiving son todos bienvenidos y muchos aprovechan para dar señales de vida. Hay -o parece haber- una relación relajada y fluida con los profes. Bien

Colaboro con otro profe en una especie de trivial en castellano y antes de que nos demos cuenta se ha terminado la mañana, así que nos vamos al Mall a comprar una fuente para el pavo. Al salir, cambiamos de planes ya que el paseo por el reservoir resultaría algo incómodo con la lluvia, así que nos vamos directamente a la casa de Guy, una compañera de Eric, profesora de francés que parece que necesita asistencia culinaria.

Ella vive en una casa maravillosa en la montaña, rodeada de un bosque. En el camino paramos a hacer algunas fotos a casas que me llaman la atención y a unos pavos salvajes que encontramos en un jardín. Sí, como los del farville. Sorprendente.



Eric prepara con mucha pericia el relleno del pavo, una pie de cranberries y deja todo listo para el horno. Mientras lo hace, Chester y yo le damos conversación y pelamos manzanas y judías . Cuando llega Guy ya está casi listo todo. En un momento determinado, sale al bosque con entrañas del pavo para dárselo a los zorros, algo que yo nunca haría... que susto más grande... Le acompaño y me dice que tiene un sitio especial donde deja la comida para que ellos la encuentren. Todo esto para una urbanita como yo es francamente diferente.
Compartimos con ella un chile asesino y salimos temprano.

Al terminar, nos vamos a casa de los Chester donde mi amiga Talia está encantada de verme. Pitufito se hace el interesante, aunque a la hora ya somos amigos. Después de cenar, nos vamos a un bar. Parece ser que la noche previa a thanksgiving es la noche de marcha oficial.

Bajo la lluvia llegamos a un bar con buena pinta. Nada más entrar en él me siento como Mark Hamill en la guerra de las galaxias cuando entra al bar donde la gente tiene dos cabezas, tres trompas y aspectos variopintos totales. En este veo varios hermanos travestidos de Cher, un grupo de fans de star treck con el corte de pelo de Mr Spock, negros enormes con camisetas de fútbol americano y cadenas enormes y respetables abuelitos que pareciera que acababan de llegar de pescar.

A pesar de la primera impresión, la música es buena. Y pronto nos bailamos todo. Nos encontramos a una amiga de Eric que a su vez va con dos amigos. Uno de ellos es como un joven Dustin Hoffman y no se pierde pieza.

Después de tomar mil cervezas y copas todos menos yo (el chile me ha asesinado y creo además, que es una buena idea que conduzca), de bailar sin parar y de corear exitos de los 80 y los 90, decidimos irnos. No sin antes observar como el joven Dustin Hoffman cada vez está más suelto. Tanto que casi me dan ganas de decirle lo mismo que a Cleve... don't jump!!!

martes 24 de noviembre de 2009

Shopping day with Kerrie




Ayer amanecí temprano. Y nada más hacerlo y adivinar la luz tras los estores, los levanto y me vuelvo a meter en la cama a disfrutar de la vista. Es francamente agradable.

Kerrie vino prontito a buscarme. El día estaba feote, con lluvia intensa y temperatura baja, así que aprovechamos para ir de shopping. Antes de hacerlo, pasamos por su casa a recoger un cupón descuento para una tienda de deportes donde vamos a ir a buscar unas nike para mí. Al llegar, y a pesar de la lluvia, no puedo evitar salir del coche a hacer una foto a su casa. Es maravillosa y tiene un bosque que, despojado de hojas por el invierno, pareciera el lugar ideal para rodar una peli de la saga de "sleepy hollow".




Llegamos al Mall a la hora del lunch, y decidimos comer en un restaurante italiano estupendo. Hay dos cosas que sorprenden, al menos a mí (lo de los niveles de amabilidad de los camareros ya no me sorprende, viven de las propinas y dan lo mejor de cada uno)y son por un lado el que, aunque los manteles son de tela, el sobremantel es de papel, lo que no pega nada en este entorno... y por otro lado sorprende que el lugar es primoroso y sin embargo el precio es muy asequible (menos de 30 euros las dos propina incluida)



El restaurante tiene entrada directa al Mall, asi que nos disponemos a hacer la tarde. Nuestro primer destino es una de mis tiendas favoritas, el "bath and body works" donde invertimos ni sé el tiempo probando todo tipo de olores, de geles, de cremas... y salimos con sendas bolsas gigantes... lo ideal es empezar la jornada de compras cargadas... somos super listas...

Después pasamos por la tienda Disney donde por fin encuentro el perro de Up para Jimena y tras esto vamos a la Apple Store. La chica que me atiende me pregunta mi nombre y lo utiliza durante toda la conversación. Creo que esto no se estila en ventas de tiendas en España nunca, pero como cliente suena agradable.
Compro algunos ipod de encargo y ni siquiera tengo que ir a la caja. Una especie de datáfono donde firmo me trae el pago donde estoy. Desde luego, cómodo y eficaz.

Tras el Mall, vamos a varias tiendas de deportes donde, sin éxito, buscamos mis nike. Y, al final del día, y recordando muchisimo a Carmen, acabamos en Marshalls. No sé que me pasa en ese lugar pero me hace hiperventilar... hay tanto para ver y para comprar que llega a agobiar. Pero como gracias a la pastillita mágica de Sue he dormido 10 horas, tengo la fuerza suficiente para perderme entre percheros de ropa y coreando los villancicos de la banda sonora del lugar, para sorprenderme, una vez más, de los precios de aquí.

Salgo con una chaqueta clónica del pelo de Cleve y con la intención de volver el black friday de nuevo.

Cuando abrimos el maletero del coche nos damos cuenta de la inmensidad de la tragedia, así que decidimos que lo mejor es parar de comprar y tomarnos un vino con Sue... siempre nos saldrá mucho más barato...


lunes 23 de noviembre de 2009

Jet Lag



domingo 22 de noviembre de 2009

De maletas perdidas, parques de bomberos y reuniones familiares


Mi primer día en Durham ha sido bastante entretenido. Llegué mucho antes de lo previsto al aeropuerto de Hartford (los vuelos fueron super puntuales y gracias a Jimena el transoceánico lo hice en fila 1 de envoy lo que equivale a venir durmiendo en tu propia cama). De hecho, llegué media hora antes de la hora a la que había quedado con Eric. Lástima que mi maleta se quedara en Filadelfia, porque si no fuese por este detallito, el día de viaje hubiera sido todo lo perfecto que puede ser un día que inviertes en cruzar un trocito de planeta.
Cuando voy a reclamar la maleta una señora muy amable me pide mi dirección para enviármela. Yo en ese momento y por intuición, no tengo ninguna duda de que me va a llegar. Esta maleta fue estrenada en India y se perdió a la vuelta en Londres, desde donde apareció. Este verano se perdió al volver a Madrid y apareció de nuevo. Y esta vez lo vuelto a hacer. Así que aunque es una maleta con tendencia al despiste, siempre vuelve... y eso está bien. La señora de USAir me pregunta si hay un lugar seguro para dejarla, como un porche o un garaje. Le digo que el garaje estará cerrado si no estamos y que el porche está abierto. Perfecto, dice, la dejaremos en el porche.
Pongo cara de momentoenelquemeheperdidoconelingles y le repito que el porche no es un lugar seguro porque está abierto, en el jardín. Me mira como si estuviera viendo una aparición y me dice que ese es un lugar seguro. Instantaneamente recuerdo que esto no es Madrid, sino Connecticut, donde uno puede dejar una maleta gigante (preciosa y de color berenjena, by the way) en un jardín sin que nadie la robe...
Llegamos a casa de Sue sobre las ocho. Me viene a dar la bienvenida, Clive, el nuevo perro de los Collins, de color arena, pelo largo y con un aspecto de peluche que me encanta. Después de los parabienes, alegrías y cena, me dispongo a habitar mi aposento.


Sue me ha dejado la tercera planta de la casa íntegra para mí. Lo que quiere decir que tengo un dormitorio maravilloso con cinco ventanales, una cama grande vestida con un edredón de flores diminutas, un sofá, tele y un closet estupendo. En mi planta hay igualmente otro dormitorio (por si invito a algunos amigos), un baño y un pequeño living donde tengo un despachito con ordenador. Fantástico todo. Sobre todo por el paisaje que se ve desde las ventanas, con maravillosos prados y casitas de juguete... un disfrute total.

Por la mañana luce un sol espléndido y este lugar se parece más aún al paraiso. Nos vamos a comprar una correa para Clive y de camino pasamos por el parque de bomberos. La última vez le dije a Harry, primo de Sue y bombero voluntario que me encantaría hacerle alguna foto a los camiones, así que para allá vamos.

Llegamos lo suficientemente tarde como para que Harry se haya ido, pero un par de hombres también bomberos voluntarios, amablemente nos dejan pasar y hacer fotos. La primera sorpresa es que el camión de bomberos es verde, la razón se la preguntaré a Harry en cuanto le vea. Hay varios camiones y uno de principios de siglo pasado, una reliquia y una belleza. Nos dice uno de los hombres que allí todos son voluntarios, y que el 70% de los bomberos de USA lo son, solamente los de las grandes ciudades son funcionarios y cobran. Esto sigue pareciéndome raro e imposible en España, donde este tipo de servicios a la comunidad no se conciben sin cobrar.

Nos llegamos a la tienda de mascotas y flipo. Puede haber algo así como cien modelos de correas, quince tipos de champú para perros, cincuenta juguetes de todo tipo, disfraces de papa noel, mil tipos de piensos, vacunas, de todo... Yo le digo a Sue que si me reencarno quiero ser perro en su casa o gato en la de mi amigo Michaval, algo mucho mejor que ser niño en India, desde luego...

Volvemos a casa donde tenemos merienda-cena familiar. Al llegar nos encontramos con la hermana de Sheila, la madre de Sue y habitante de la primera planta de esta casa, una octogenaria con un aspecto hiper juvenil, con vaqueros y corte de pelo a lo garçon que tiene una actividad que ya la quisieran muchos de cincuenta. El tema de la edad aquí es fascinante, desde luego...

Tras un paseito por el jardín con Cleve y Eric, cenamos (a las cuatro de la tarde!!) un menú tipicamente americano: Jamón asado, unos macarrones con queso pamorirse del gusto, ensalada de col y tarta de chocolate que trae Carrie (con ella vienen a cenar su marido y su madre, que con 92 años es una maravillosa artista que pinta, diseña joyas y hace unos quilts fantásticos).

Cuando todos se van nos quedamos Sue, Nancy y yo con un vinito charlando. Nos reimos, hablamos de todo y cuando les hablo de mi jet lag Nancy me pregunta si tomo algo. Me dice que ellas toman una pildora milagrosa que te dan sin receta (creo que una especie de antihistamínico) que me hará dormir toda la noche. Ella sostiene que hay dos cosas en la vida básicas y que curan todos los males: el vino y la dichosa pastillita.

Así que cuando me despierto a las tres de la mañana y veo la famosa pastillita en mi mesilla junto a un vaso de agua pienso que ellas sabrán que para eso son enfermeras. Y no sé si es por la sugestión o por los efectos de la pastilla, pero duermo el resto de la noche como un lirón. Y cuando me levanto, casi ni siento la sinusitis...




Say nighty-night and kiss me
Just hold me tight and tell me you'll miss me..

viernes 28 de agosto de 2009

Back home


Siempre se dice que una de las mejores cosas de viajar es volver a casa. Cuando después de unos días - en este caso unas semanas - de haber disfrutado nuevas experiencias es el momento de viajar a nuestro lugar de origen y contarlas (para mí una de las mejores maneras de revivirlas, por cierto).

Sin embargo, en muchos casos, la vuelta no está exenta de un cierto sentimiento agridulce. Supongo que todo viene de ese refrán tan español que una y mil veces le escuché a mi madre: "hija, no se puede estar en misa y repicando"

Lo cierto es que, cada vez que conoces a nuevos amigos que viven en lugaras lejanos y estos se hacen un huequito en tu corazón no puedes evitar una cierta sensación de nostalgia por la separación. Nostalgia por la incertidumbre de cuando volverás a compartir momentos con todas esas almas que te han acogido como si fueses uno de ellos.

Sin embargo, en esta ocasión he de decir que tengo un presentimiento. Creo que nos volveremos a ver más veces. Creo que tomaremos de nuevo vino juntos. Que iremos a la playa. Y a fiestas variadas. Y a Lenny and Joe's. Y que volveremos a Marshall's. Y que la próxima vez controlaremos el escaner personal de stop and shop. Y que haremos muchas fotos a los niños. Y que esta vez me bañaré en ese río. Y que volveré a reir con todos esos amigos que ya tienen un huequecito en el alma.

Gracias Carmen por haberme dado la llave de todo. Por tu videncia y por ayudarme en esta experiencia.
Gracias Eric por tu generosidad, por tu confianza, por tu cariño. Por haberme prestado a tu familia, a tus amigos. Dice mucho de tí.
Gracias a Brian y Sheila por haberme hecho vivir una experiencia fantástica en Yale.
Gracias a Bruce, Ann y Ali por su cálida acogida, por llevarme a conocer, por ayudarme a saber más sobre vidas diferentes a la mía.
Gracias Jen, Eric por haberme hecho vivir un ambiente familiar fuera de mi familia. Besad a pitufito y Talia de mi parte.
Gracias Juan y Vicky por darme un momento español fuera de casa. Y risas en castellano.
Gracias Carrie por tu sonrisa, por tu calidez. Nos veremos en España. Fijo.
Gracias Nancy por todo. Por haberme hecho reir. Por haberme hecho sentir de tu familia.
Gracias Sheila por haberme dado calor de abuela. Gracias.
Gracias a Vickie, Larry, Lee y todos los amigos de la pool. Hemos pasado estupendos días juntos.
Gracias Brad por corregirme una y mil veces aunque una y mil veces pronunciara mal. Gracias por tu cariño y tu interés en mi mejora.
Gracias Emily, Harry y familia y todos los amigos de la familia Collins por vuestra cálida acogida. Un placer conoceros
Gracias Franz por tu sonrisa y tu agrado constante.
Gracias Delia por todo. Por ayudarme en los primeros momentos, por integrarme en tu grupo de amigos, por acompañarme a sitios en los que habías estado mil veces. Y por todas las risas que hemos compartido.

Y sobre todo... gracias Sue... mi american mummy. Ha sido tan especial conocerte que ya tendrás un lugar propio en mi corazón. Me has hecho pasar uno de los mejores veranos de mi vida. Me has dado cariño, te has preocupado por mí y has hecho que aprendiera a desternillarme de la risa en inglés. Gracias, de verdad. Eres la pera. De verdad.

Y, por supuesto, querría dar las gracias a todos los lectores de este blog. Muchos de vosotros me habeís escrito dándome ánimos para que siguiera haciéndolo. Y con ello habeís conseguido que plasme mis recuerdos en fotos, música y posts. Y que siempre los tenga a mano. Y que queden más lejos del olvido.

Y gracias a mi familia y amigos por recordarme que me quieren y que esperaban mi vuelta. Siempre es más fácil volver cuando alguien te espera.

Os quiero a todos. De verdad.


jueves 20 de agosto de 2009

Megan wants a millionaire



Durante estas semanas no he tenido tiempo de ver la tele. Claro, con tanta vida social es normal. Y además cada vez que la encendía y me tragaba diez minutos de programa o de serie o de noticiero y media hora de anuncios me ponía a mil... y yo que me quejaba de la publi en España...

El caso es que, de lo poco que he visto me han llamado la atención tres programas.

El primero de ellos es un programa que podría estar hecho por la comunidad de vecinos del condominium de New Britain, porque es como si se hubieran puesto de acuerdo para que cada uno de ellos se preparase un tema y lo desarrollaran para el resto. La semana pasada una respetable abuelita (pero abuelita abuelita) nos dio una clase magistral de consejos para hablar en público (sencilla y sintética) como si nos estuviera dando la receta de la rasperry cake. Alucinante.
Más tarde un hombre nos daba consejos sobre franquicias, y otro sobre cómo hacer un plan de negocio. Así que en realidad no sé si estaba sintonizando una emisora o una práctica de alguna escuela de negocios. En cualquier caso, curiosa

La segunda es un reality show llamado "the little couple" y es la historia de una familia compuesta por dos personas muy muy bajitas. Tan bajitas que a mi me impactó ver un episodio en que se veía como ella era practicamente de la misma altura que el trolley que llevaba de viaje.
En esta pareja, ella es pediatra y él es un hombre de negocios. Y gracias a esta serie uno se da cuenta de que la vida para una persona bajita es muchisimo más complicada que para alguien que lleve silla de ruedas. Increible pero cierto. Mucho más interesente de lo que a priori pudiera parecer.

La tercera es la que me tiene más epatada. Se llama Megan wants a millionaire (by the way... y quien no?). Y en esta una mujer que debería buscar un cerebro primero tiene que elegir entre 15 millonarios solteros (lo alucinante es que haya 15 millonarios solteros por el mundo que quieran ir a un reality show) y les pone juegos como: Qué haràs para celebrar el día de los enamorados? o les hace pasar por pruebas o cuestionarios variados. Vamos, un programa de nivel y alcance. Eso sí, la rubia rubisima tiene la inestimable ayuda de unas amigas que son del estilo.
No sé qué tipo de pervesión puede tener un tio guapo, joven y millonario para ir a un reality a buscar una rubia con el mismo cerebro que el espantapájaros del Mago de Oz. Pero obviamente algo tienen. De hecho esta mañana hemos amanecido con una noticia: uno de los millonarios ha matado a su esposa. O eso parece. Que zuzto más grande...

martes 18 de agosto de 2009

A heart in New York



Mi amiga Isabel dice que venir a Estados Unidos es una buena idea porque es un viaje amortizado. Según vuelves puedes revivir con miles de películas, de documentales, de reportajes fotográficos o simplemente con el telediario, experiencias, momentos y lugares.

Cuando ayer a temprano tomé el tren en New Haven con destino New York y me senté en un asiento al lado de la ventana, no pude dejar de mirar el pasillo esperando que un De Niro se sentara a mi lado. El vagón, no muy grande, con asientos de cuero en blaugrana, era igualito a aquel en que una atribulada Meryl Streep coincidía con mi actor favorito de camino al trabajo.

Pero no. De Niro no subió. Lo debo tener por las tierras australes por lo menos.
El viaje duró mucho más de lo que yo esperaba (1hr 45'). Claro que hizo parada hasta en Pitis, así que era lo normal.

Como una autómata, sigo a la avalancha humana que baja del tren. Algo despistada, aterrizo en la planta baja de la Grand Central Terminal, en la zona de los restaurantes. Subo una planta y en seguida llego a ese hall central, con ese reloj, inmortalizado en mil y una películas.
A pesar de que corro un elevado riesgo de morir aplastada por la multitud, no puedo abstenerme de parar en una de las escaleras y simplemente disfrutar de este momento: estoy en Nueva York!!. Mi ciudad adorada, el centro del mundo, la city, lo más...

Y me siento tan emocionada como la primera vez que llegando al puente que desemboca en Manhattan vímos por primera vez, brillando en la noche como si fueran de oro la skyline de edificios que tanto impacta al visitante.

Hago algunas fotos de la gente entrando y saliendo y decido mi itinerario. He dejado el coche en un parking algo alejado de la estación de tren de New Haven, por lo que no quiero llegar de noche y hacer ese camino sola, así que tengo que organizar bien mi tiempo.

Aunque mi primera idea fue ir al Metropolitan, la descarté. Está 40 calles más arriba y si me meto en él no me dará tiempo ni de dar un paseo. Así que ya lo volveré a ver en otro momento.

Mi primer destino decido que sea Central Park. Y subo la quinta avenida entre una marea humana brutal, disfrutando de cada persona, de cada situación, de la vida en la city...

Tardo más de hora y media en recorrer treinta calles. No quiero perderme nada. Y todo lleva tiempo.
Cuando llego a Central Park busco un carrito de perritos calientes. Los mejores del mundo. O eso, al menos, era antes, porque ahora la salsa de cebolla ha desaparecido, y en su lugar me ponen un perrito que me puedo hacer en casa con un bimbo y una salchicha Oscar Mayer... vaya decepción.

Menos mal que se me pasa cuando entro en el parque y veo, diseminados por el green como las setas en pitufolandia, diferentes grupos humanos: tomando el sol, jugando, charlando, compartiendo el lunch... Decido sentarme junto a un àrbol a ver pasar la vida. Y el hot dog empieza a saberme mejor.
Os garantizo que me hubiera quedado el resto del día allí, pero como tenía la espinita clavada de la foto del flatiron building, decido moverme.

Bajo por la sexta hasta times square. El centro del mundo. Y está todo menos frío frío...La temperatura es para caer redondo por un desmayo y esto, añadido a la gran cantidad de gente, hace que por un momento piense que es mejor recuperarse en un sitio con aire.

Entro en el macy's de la septima y recupero el aliento. De ahí al flatiron building que aparece en el cruce de la quinta con broadway majestuoso, estiloso, imponente.
Frente a él, unas mesas y unas sillas se pueden utilizar free para descansar. Y eso hago. Me compro en un carrito un batido de naranja, piña y frambuesa y sentada frente a èl, lo disfruto.

Cuando me doy cuenta, ha pasado bastante tiempo y yo estoy agotada. Así que me planteo subir a la 42 en metro. En metro? y perderme todo esto?... ni de coña.
Así que sin poder con mi alma (el calor es insoportable) subo hacia la 42. Paro en el Empire State Building y le hago mil fotos, lo mismo que a muchos de los edificios de la zona.

Cuando llego a la estación, tengo la sensación de que hay más gente. Cuando llego al tren efectivamente va más lleno que esta mañana. Las caras ahora transmiten cansancio, calor, agotamiento.

Yo me siento al lado de la ventana y recopilo lo que ví hoy. Al menos hasta que un hombre moreno cruza la puerta del vagón y por un momento, de nuevo,recuerdo a De Niro...


lunes 17 de agosto de 2009

De los americanos, la edad y el cuchi coupon



Ayer domingo teniamos fiesta en casa de Nancy. Su suegra llegaba desde Florida para pasar unos días, así que en su honor se montó una de estas cenas que empiezan a las tres de la tardey a la que estabamos invitados unas 40 personas.

Antes de ir a casa de Nancy pasamos a ver la casa de Carrie. Una maravilla por la que se podría matar, una maravillosa casa en madera gris con dos alas separadas por un maravilloso living y dos edificios anexos en un bosque con 56 acres de terreno: Antes de irnos nos da una cosa para que se la demos a Nancy. Unas orejas de conejo, un collar para el cuello y alguna cosa más. Le pregunto qué es y me dice que Nancy le había prestado el disfraz con el que sorprendió a su marido en Halloween. El disfraz era de conejito del Playboy.

Obviamente que alguien se ponga el disfraz de conejita de Play boy para sorprender a su marido aun siendo original no es algo extraordinario. Lo que sí que me lo pareció (no solo extraordinario, sino maravilloso) es que alguien con más de sesenta años y más de treinta de matrimonio lo hiciera.

Y además de ser maravilloso nos dice que aquí no existen los complejos que existen en España con la edad. Aquí puedes ver a una respetable abuelita de las que en España estaría rezando a la espera de pasar a mejor vida con unos shorts y un t-shirt jugando al golf, viajando, conduciendo, paseando con sus amigas o subida en una noria. Sin complejos.

Y al final mi reflexión fue que yo quiero ser de esas abuelitas, la verdad.

Una abuelita como la suegra de Nancy, haciendo fotos con su cámara digital a todo lo que se le ponía por delante, en esa fiesta tan estupenda que le habían montado.

Precisamente en esa fiesta (muy diferente a las fiestas de casa también, aqui se pone la comida y se van sirviendo y sentando en todos los sitios de la casa, no hay que esperar a todos para empezar) aprendí una nueva palabra dentro de mi vocabulario inglés: cuchi coupon.

Y lo aprendí porque de repente, alguien se lo dijo a su pareja que parece ser que se había ido a hacer la compra solo y dejando que su santa durmiera. Como premio ella le dijo que le daba un cuchi coupon.
Parece ser que cuando tu pareja es majete y va a la compra, o limpia la casa (sin protestar) se le puede dar un cuchi coupon (o dos o tres dependiendo de lo que hayan hecho)

Supongo que no hace falta que traduzca el significado, solo decir que son acumulativos e ilimitados... y que tienen su gracia, la verdad.
Y aunque no sé si recordaré todo el vocabulario que estoy aprendiendo, me da que esta palabra tan simpática sí que la voy a recordar...

domingo 16 de agosto de 2009

La casa de la pradera y la de Gerry




Estos últimos días de mi viaje están siendo muy intensos. Todas las cosas que tengo pendientes de ver o de hacer están siendo cuidadosamente agendadas como si fuesen reuniones importantisimas (muchas de ellas no sé si lo serán pero son estupendas...).
Es por lo que el Sábado tenía previsto ir a Old Sturbridge Village, un lugar en Massachussets que promete revivir la experiencia de la vida en 1830.
A primera hora de la mañana me llama Delia y para variar, cojo el teléfono (es lo que tiene no estar acostumbrado a un sonido de timbre...) y escucho como me dice que se viene encantada a este sitio... fantástico!! siempre es más divertido ir con alguien.

Tardamos unos 40 minutos en llegar al lugar y nos encontramos con un día muy caluroso. Hay que fastidiarse, con el veranito que ha hecho... Me arrepiento al minuto 1 de no haber cogido ni el coletero ni el abanico... pero como agradezco el sol vamos para adelante.

El poblado está construido con casas originales de la época traidas desde muchos lugares de Estados Unidos, y con ellas han formado un pequeño pueblo en el que se puede ver cómo se vivía en la época. Para ambientarlo, una serie de actores, vestidos como si participaran en "la casa de la pradera" van contándote anécdotas sobre cómo se cardaba la lana, se cogía el grano y se molía, cómo eran las transacciones comerciales o la escuela y las reuniones de vecinos. Muy curioso de ver. Solo me falta Laura Ingaills...

Lo mejor del lugar es, además, el enclave en el que está situado, al lado de un río y con unas vistas maravillosas. Si no fuese porque las camas (que se pueden probar) son menos cómodas que las que yo llamaba Gandhinianas en India dan ganas de quedarse una temporadita por allí.

A la vuelta comemos en un Mall. Tengo intención de comprar algunas cosas hasta que veo el tamaño del centro comercial. Me da pereza solo mirarlo...

Ya de vuelta en New Britain, me ducho y me visto para ir a la fiesta de Gerry. Y recuerdo esa pregunta del millón que el otro día me hizo mi hermana: "Maribel, por qué no te has llevado un vestido a Estados Unidos?"... pensando en ello busco lo más elegante para ponerme y me digo de nuevo que aquí los europeos estamos muy bien vistos y que lo que lleve les parecerá estupendo.



La fiesta empieza a las seis y cada uno llevamos algo de comer. Yo hago tortilla de patata y me encuentro en la fiesta con una acumulación de comida y bebida brutal. Todo estupendamente presentado en una mesa donde hay hasta cartulinas escritas con rotulador plata indicando el menú.

Pero lo mejor de la fiesta no es, obviamente, la comida. Hay mucha gente.Yo creo que unos 50. Me presentan a algunos y al resto me voy presentando yo. Y alucino. A todos les parezco la repera de guapa estupenda y sexy... sexy!!! creo que nunca en mi vida me habían dicho que era sexy... ayer me lo dijeron mil veces. Y recapitulando creo que efectivamente, los europeos estamos vistos como con un glamour especial. Y les rechiflamos. Y a mi esto me encanta, la verdad.

Me tiro un buen rato hablando con un tipo sobre la crisis, las casas y mil cosas más. Hasta que viene uno a saludarle y darle la enhorabuena. En ese momento me entero que es el hombre del tiempo del canal 3, que está encantado de que por fin le haya reconocido alguien, y que nos cuenta mil cosas que no me interesan nada sobre más presentadores del canal. Yo le pregunto por qué aquí cambian el pronóstico cada 10 minutos. Le digo que en Madrid sirve el de la mañana para todo el día. Y no sé si es por el glamour europeo, por mi acento o porque este chiste es divertidisimo, pero veo a la gente super divertida. Increible.

Terminamos a las 12.. como habíamos empezado a las seis, lo normal... Le pregunto a Delia si puede conducir ella y me dice que sí, lo que me consuela muchisimo, porque Gerry vive en Avon, y después de la experiencia del día de lluvia bajando por la montaña con el coche en una carretera sin líneas pintadas en el suelo, casi que me viene bien no conducir.

Así que nos subimos en el coche y ponemos la radio. Y Delia y yo bajamos cantando a grito limpio:

Ba de ya - say that you remember
Ba de ya - dancing in September
Ba de ya - never was a cloudy day



viernes 14 de agosto de 2009

Nail Tique


Una de las cosas que me llamaron la atención cuando aterricè por primera vez en Estados Unidos fue que las funcionarias de aduanas llevaban unas uñas larguísimas y muy cuidadas. Y cuando hablo de larguísimas hablo de incomparablemente más largas que las que suelen llevar las mujeres en Europa, ni siquiera las que trabajan en pelis porno (esto me lo ha contado una amiga). Es por eso por lo que se pueden ver multitud de locales dedicados a hacer la manicura y pedicura.

Y como aquí todo el mundo lleva las uñas impecables y hay tantisima oferta, es dificil sustraerse a la tentación de pararse a ver si en esto, también son diferentes a los españoles.

Me acerco a Nail Tique, un local en el Westfarm Mall. Y lo primero que veo cuando asomo la cabeza es una doble fila de mesas con asientos. En estos y frente a las clientes, una serie de mujeres vietnamitas que pareciera que trabajaran en una cadena de produccion. No puedo evitar en este momento recordar ese lugar (no sé si mi hermana Bea lo recuerda)en el que me depilaba las piernas cuando iba a la facultad... creo que estaba en Moncloa o en San Bernardo. Un local en el que nos poníamos en fila y una mujer nos iba dando la cera una tras de otra. Luego volvía y nos quitaba la tira. No era muy higiénico pero era barato. Y nosotras eramos jóvenes. Incluso nos divertía. Que tiempos aquellos...
Bueno, que me enrollo... decido ser valiente y entrar. Me preguntan y digo con el mejor acento que puedo que quiero pedicura y manicura. La mujer me conduce a una línea de sofás enormes con un mini spa en los pies, me pone agua y da a un botón de un mando a distancia del brazo del sofá. ¿pero qué es esto? le pregunto cuando empiezo a moverme como si tuviese ataques epilepticos.... Un masaje, me contesta. En ese momento me doy cuenta que el super sofá, además de darte jacuzzi podal me va a dejar los nudos de la espalda más suaves que la seda.

Me descalzo, meto los pies en el agua, me pongo cómoda con el sofá y me preparo para disfrutar. Si, aunque parezca increible, disfruté. La pedicura que en Madrid me resulta un infierno y con la que paso unas cosquillas desagradables de morir, aquí es una experiencia deliciosa. Una mujer vietnamita, con bata blanca, guantes y mascarilla, trata a mis pies como si fuesen los únicos del mundo. Fantástico.

Me hace la pedicura francesa y pasamos a una de las mesitas a la manicura. Me pregunta que tipo de manicura quiero (esta es otra historia, que aquí cuando dices que quieres algo, empiezan a hacerte mil preguntas para definir). Le digo que la normal y le pregunto qué son esas cartulinas que dicen nail design. Me las enseña y ya entro casi en trance. 250 modelos de diseños de uñas de todo tipo: flores, rombos, líneas, en blanco y negro, en colores fluorescentes, op art, con el smiley, con papa noel, el árbol de navidad, números, letras, signos de todo tipo... un surtido alucinante. Y todas de un tamaño que harían palidecer a Barbra Streisand.

La mujer me pregunta si quiero uno de los diseños y yo respondo horrorizada que no. En realidad es un impulso, porque hubiera molado ver la cara de mis hermanas si aparezco en Madrid con las uñas pintadas con calabazas de Halloween...

Me deja unas uñas que en mi vida me las han dejado así. Me cobra 45$ (unos 30€), me desea feliz noche y me acompaña a la puerta.
Y yo me voy tan contenta a comprarme unas flip flop. Obviamente tengo que enseñar los dedos de los pies, no???

jueves 13 de agosto de 2009

Mystic Pizza



Una de las características de los viajes en solitario es que, con frecuencia, te acuerdas de alguien en un sitio especial. Yo me he acordado de todos los lectores conocidos de este blog en algún momento. Y de algunos, más de uno.

Pues bien, el pasado lunes estuve, al menos en pensamiento, todo el día con Joan y Pilar en Mystic.

Cuando antes de venirme a Estados Unidos coincidí con Charo y con Diego, Charo me dijo que tenía que visitar Mystic, un pequeño pueblo de la costa del que unicamente sabía que fue el escenario de una de las primeras películas de Julia Roberts.

Y con esta información y la recomendación de Carmen y Delia, aprovechando que el lunes el weather forecast parecía favorable (y teniendo en cuenta que aquí el tiempo es regular y me jugaba la visita), tempranito me llegué a este encantador lugar.

La primera visita recomendada: el aquarium. Probablemente hubiera podido disfrutar más si no me hubiera sentido como si estuviera disfrutando del primer día de rebajas en Harrods. Ver como una ballena hace un tirabuzón en quinta fila no mola mucho, la verdad.

Así que aprovecho que parece que sale el sol para irme en dirección al Seaport. Aparco y entro en un puerto con casitas de madera formando una especie de villa donde se reproduce la forma de vida de los primeros colonizadores. Me entero de cómo construían los barcos, de cómo utilizaban la imprenta, de cómo pescaban las ballenas, de cómo eran sus almacenes. Y pienso en Pilar y en lo que le gustan estas cosas. Y echo de menos que esté conmigo.

Más tarde me acuerdo de Joan. Cuando cojo un barquito que me da un paseo en el que me cuentan la historia de Mystic mientras yo hago fotos de todo lo que me rodea. Hasta que en un momento determinado el sol me da de cara. Y pienso que desperdiciarlo es un pecado. Y simplemente lo disfruto. Agua y sol. Perfecto.

Termino la tarde paseando. En un momento determinado veo una representación de una pequeña comedia y la veo. Sin prisa. Una escena de enredo en la que sacan voluntarios a niños del público y ellos disfrutan muchísimo. Y sus padres, más.

A la vuelta paro en un pequeño pueblo que Delia me recomienda: Stonington. Y no defrauda. Uno de esos sitios por los que pasas y sabes que volverás.
Mi GPS me hace dar mil vueltas por el pueblo así que llega un momento en que casi podría dibujar el plano, por lo que decido decirme que antes de existir Manolo en mi vida yo viajaba y llegaba a los sitios, así que decido seguir mi intuición y por una vez no me falla. En seguida aparezco, sin pérdida, en la 95N...


martes 11 de agosto de 2009

La vida ante sus ojos


Sería una obviedad decir que el entorno físico en el que te encuentras influye en tu vida y en tu trabajo.
Estoy segura que la vida es mucho más fácil para un guardia urbano en Avila que en Calcuta. A pesar de que en Avila cada vez hay más tráfico,probablemente decidiría multiplicarse por cero si de repente se viera en las atiborradas y anárquicas calles de la ciudad india.

Es por esto que cuando ví el domingo el estudio de Norman Rockwell en Stockbridge, Massachusetts lo primero que pensé es que en ese entorno tan idílico la creatividad tenía que surgir sí o sí.

No creo que en mi época escolar tuviese referencia de este magnífico ilustrador, sí que recuerdo haber ojeado algún libro en VIPS porque a Miguel Angel le encantaba.
Desde entonces, profundicé algo más en su obra y cuando Carmen me dijo que su estudio-museo era un sitio de los que había que ver en este viaje no lo dudé.

Lamentablemente y como suele ser relativamente frecuente, llovía. Así que la subida a la montaña hasta el lugar donde está su estudio no fue tan placentera como hubiese sido en un día soleado... pero lo fue lo suficiente como para imaginar que ese camino debe estar habitado por elfos y hadas...

Como siempre, el lugar tiene un parking cerrado y cómodo. Llego y veo tres edificios. El más moderno es el museo y los otros dos corresponden a su estudio y a una casa de muñecas donde está la administración.

El museo está lleno. Lleno total. Pido una audioguia y me dispongo a visitar la primera de las salas. En el momento en el que presiono el play comienza la magia. El narrador de la historia de cada cuadro, salpicada con anécdotas familiares e influencias sociales es el hijo del artista quien cuadro a cuadro nos desgrana una historia vital trenzada con una época decisiva de los Estados Unidos.

Creo que es la mejor audioguia que he tenido la oportunidad de escuchar. Y lo es porque, además de la historia de cada cuadro, nos ofrece la opción de ampliar información. Esta, y el completo enamoramiento en el que caigo, son los culpables de que ese día invirtiera 3 horas en la visita a un museo con ocho salas.

Tres horas que, os garantizo, se me pasaron en un plisplas, viendo delicatessen como esta imagen:



En la que una niña de color tiene que ser escoltada por la policía para llegar al colegio, imagen inspirada en la historia de Ruby Nell Bridges que fue la primera niña de color en asistir a una escuela que antes era solo para blancos.

Temática social, anécdotas, política, cine, sociedad... todo fue inmortalizado por Rockwell en sus portadas del Saturday Evening Post. Y yo, que soy una mujer de suerte, las he podido disfrutar "live".

La siguiente visita, cruzando una pradera inmensa, es el estudio del ilustrador. Un estudio con un banco en la puerta trasera donde me senté y ví ese maravilloso valle brumoso desde el mismo lugar donde él lo vería mil veces. Y pensé en lo afortunado que fue al poder disfrutar de ese lugar, de ese paisaje, de esas ventanas inmensas desde donde podía ver pasar la vida ante sus ojos, un lugar que rezuma paz, relajo, tranquilidad...

Tras abrir bien los ojos para guardar este lugar en mi memoria, sigo a mi gps por un camino equivocado que desemboca en un pequeño puente roto. El bosque es tan espeso, tan mágico, tan especial que no puedo por menos que parar, abrir la puerta y, aprovechando que en ese instante paró de llover, sentarme un ratito a esperar. Fijo que, aunque no las viera, había hadas... llegué a sentir el aleteo de sus alas. De verdad...

domingo 9 de agosto de 2009

Greenwich Country Club



Dentro de mi saturado calendario social, el sábado tocaba ir a Greenwich, a comer con Bruce, el hermano de Brian, y su mujer, Ann.
He de decir que los mails anteriores a la cita ya me hicieron sentir algo alterada: Los Murdocks me invitaban a comer al Greenwich Country Club porque estan de reforma en su casa, y en un párrafo del mail dicen: "si quieres podemos bañarnos o jugar al tenis"...

¿Jugar al tenis?... la sola lectura de este párrafo me puso los pelos de punta, más después de descubrir, gracias a Google, el aspecto del citado club. No tengo zapatillas, ni modelo adecuado (¿me tendré que comprar uno? ¿tendrán boutique Fred Perry en el Mall?)... después de lo que pasé a recordar que hace 15 años desde la última vez que jugué al tenis (antes de mi rotura de tendón y de mi operación de espalda) y que probablemente no de pie con bola (nunca mejor dicho). Busco en el diccionario la palabra mágica: sprain (esguince). Creo que con esto irá mejor. Me quito un peso de encima y me dispongo a ir a casa de Delia a cenar. Organiza una cena con unos amigos.

Antes de salir reviso el correo. Bruce me recuerda que no lleve vaqueros porque no se aceptan en el club. Uf... otro contratiempo más. Bueno, en realidad yo llevo vaqueros de forma muy esporádica, así que no hay problema.

Para ir a la cena de Delia me pongo unos pitillo azul marino y una blusa de Jill color lavanda preciosa que estreno en este momento.

Aprovecho para comentarle que voy mañana al Country Club de Greenwich y le pregunto si voy bien (segura de lo divinisima que estoy). Me mira y me dice: ¿qué tal si te compras un vestido?...
En ese momento, definitivamente, se me hiela la sangre.

Tengo que autocoachearme para convencerme de que voy a ir estupenda vaya como vaya porque soy estupenda, culta, limpia y europea... y llevo una melena que ya la quisieran muchas por aquí. Así que supero el tema indumentaria.

Y reforzando mi autoestima llego on time al Club. Justo en el momento en el que aparco están saliendo Bruce, Anne y Ali (su hija) por la puerta, así que nos reconocemos de inmediato. Mejor.

Un paseo breve y directamente a comer. Bruce me recuerda los horarios de comida españoles. Yo, no los quiero ni recordar. Vaya descontrol cuando vuelva...

Hablamos de mil cosas, de la familia, de Estados Unidos, de España, de viajes... una estupenda conversación antes de hacer una visita turística con helado incluida a Greenwich y al Old Greenwich, una suerte de pueblecito encantador, limpio, con casas de madera preciosas y que ha sido catalogado como uno de los 100 mejores lugares para vivir de todo Estados Unidos.

Damos igualmente un paseo por la playa, a la que hay que acceder con un pase y desde la que se ve, pequeñito pequeñito, Manhattan.

Terminamos la tarde jugando al golf (yo por supuesto hago el documento gráfico) y me despido de esta familia tan encantadora hasta la próxima.

Y con el regusto de haber pasado un buen día me dirijo, de nuevo, hacia el norte...




sábado 8 de agosto de 2009

Yale



Ayer temprano y con un día soleado por delante cogí el coche en dirección a New Haven (quien me iba a decir a mí que por estas casualidades de la vida iba a estar en la ciudad que da nombre a mi empresa proveedora..). Carmen ya me había dicho que no era una ciudad especialmente interesante, y eso mismo me pareció a mí mientras atravesaba un enorme puente con atasco incluido. O quizá sea que en este viaje no tengo yo el cuerpo para ciudades y que me va el entorno rural. No sé. De cualquier forma, me dirigí al lugar en el que había quedado con Brian y Sheila, los padres de mi amigo Brian (sí, el marido de mi mejor amiga...)

La cita es para tomar el lunch en uno de esos sitios que son peligrosísimos para mí: El Atticus, uno de esos cafés con bookstore incorporado en el que yo soy capaz de pasar la tarde más feliz que un regaliz y salir con la visa tiritando del frío...

El padre de Brian es ex alumno de Yale y la verdad es que a mí me parecía una visita interesante de hacer, algo diferente. Y él amablemente se ofreció a llevarme por un camino de colleages por el que, sin duda, me hubiera perdido.

Cuando salimos del café (no miro nada por si acaso me tienta) me pregunta si quiero ir a algún sitio en especial. Como la verdad es que no tengo ni idea de cómo está estructurada la zona, me dejo guiar por la experiencia. Y esto funciona.

Brian dice que lo mejor es ir a la biblioteca, que es el edificio más llamativo. Y hacia allá vamos.

Según atravesamos Chapel Street aparecen los primeros edificios. Y por un momento recuerdo a los de Oxford y Cambridge. Realmente Nueva Inglaterra tiene el sello que dejaron los ingleses en muchos de los lugares donde se asentaron, y este no debia ser menos.

El camino es extraordinariamente agradable, es como si nos hubieramos escapado a Europa, y Brian aprovecha para contarme algunas curiosidades de la Universidad y de sus edificios. También me comenta que ha tenido ex alumnos ilustres que han llegado a ser presidentes como Clinton o Bush.
La universidad tiene un sistema de admisiones muy estricto y solamente admiten a un 10% de los inscritos, con lo que haber sido alumno es todo un honor, desde luego.

Después de un breve paseo en el que vemos los colleges por fuera, llegamos a la biblioteca. El edificio parece una iglesia, y aún más cuando uno entra en el enorme hall de entrada y se ve al fondo una vidriera gigante.

A la izquierda, según se entra, dos salas enormes llenas de cajones pequeños. Sheila me dice que era donde estaba toda la información sobre la biblioteca. No sé cuantos cajones habría... pero varios centenares seguro. No en vano Yale cuenta con el segundo sistema bibliotecario más grande de cualquier universidad.

Frente a estas dos salas, al otro lado del pasillo, unas salas gemelas a estas, pero diferentes. En estas otras hay ordenadores en fila, dispuestos a dar información al segundo, sin tener que rebuscar en los cajones... desde luego, internet acabará siendo considerado el invento del siglo...Vaya contraste...

En las alas siguientes, salas de lectura enormes, con sofás de cuero blando, de esos en los que uno se quedaría a pasar la tarde leyendo. De hecho no solo deben dar aspecto de cómodos sino que lo serán. Había algunos chicos tumbados en los sofás, sin zapatos, como si estuvieran en casa. No sé por qué pero no me imagino esto en la Complutense...

Salimos y tengo oportunidad de ver el patio, donde bajo un àrbol hay una chica leyendo. Y me pregunto si será consciente de la suerte que tiene.

El camino de vuelta al coche lo hacemos atravesando colleges. Pegados unos a otros y con distribución similar. Y en todos ellos un jardín interior que hace que, de repente, uno sienta como si hubiera vuelto a Europa...


jueves 6 de agosto de 2009

Magnolias de acero


Magnolias de acero,es la historia de seis mujeres muy diferentes y especiales, que viven en un pequeño pueblo de Louisiana. La historia está ambientada en un ambiente rural. Y tiene como lugar de encuentro una pequeña peluquería en la que se comparten tristezas, alegrías, amores, desilusiones... todas las emociones que van construyendo día a día nuestra vida.

Pues bien, no en Lousiana pero sí en Connecticut, yo hoy he estado en la peluquería de Magnolias de Acero... y he de admitir que lo he hecho por imperiosa necesidad: llevar el pelo como la abuelita Paz de blanco no me ponía nada y, aunque la idea de ir a otra peluquería diferente a mi estupenda Luis y Tachi no me dislocara, la opción alternativa era inviable.

La primera diferencia con mi peluquería habitual es que esta situada al lado de un bosque. Y por muy bonito que sea el retiro, no es lo mismo, la verdad.
La segunda es que veo una hilera de secadores de pie de esos que hacía siglos que no veía. Fantásticos.
La peluquería es pequeña y coqueta. Tiene dos partes separadas: una para hombres y otra para mujeres.

En total hay tres personas trabajando para las dos peluquerías, lo que así a primera vista parece bastante estresante. Le pregunto a Sue si suele venir mucha gente y me responde que allí solo van a cortarse el pelo.¿Y a peinarse? -digo yo- No, dice ella, ya te peinas en casa tú (lógica aplastante, claro), aquí solo vienen todas las semanas las mujeres mayores.

La verdades que esto me sorprende. Yo, cuando tengo trabajo, voy cada semana a la peluquería. A peinarme. Solo. Y desde luego mis hermanas y muchas de mis amigas también. Así que pienso que no es un muy buen negocio ser peluquera en Connecticut.

Chris, la peluquera, conoce a Sue desde hace muchos años, así que tengo confianza con ella para mirarle con cara de perrito abandonado a efectos de que no me deje el pelo color rasperry. Con gesto profesional saca su muestrario de tonos y elige el mío. Lo hace tan convencida que me tranquiliza, la verdad.

Cuando comienza a secarme veo que sí, que podía confiar en ella. Menos mal.

Lo que no sé es si debo decir algo que no corresponde o no haberlo dicho, pero ella se limita a secarme el pelo. No brushing. No salir de la pelu para ir de cena. No mirarte en los escaparates disfrutando de una melena vaporosa. Solo secar.

El resultado no me preocupa hasta que, después de comer, Sue me lleva a un precioso salto de agua cercano (donde estuve a punto de ser devorada por los mosquitos, por cierto) y donde había una humedad considerable.
No me preocupa hasta que, cuando llegamos a casa de Sue, beso a Brad y me dice eso de: "te veo muy distinta..." (una frase que nunca ha presagiado nada bueno...)
No me preocupa hasta que me miro en el espejo retrovisor y veo la cruel realidad: soy una mezcla entre Mafalda y el mudo de los hermanos Marx...


miércoles 5 de agosto de 2009

De playas privadas, Santa Pola y Gossip Girls



Ayer, después de confirmar una y mil veces el weather forecast (por si las flies...), decidimos, con Jen y los niños, ir a la playa.

Y como este concepto es muy diferente al que tenemos en España, a mí me sigue llamando mucho la atención y me provoca curiosidad, la verdad. Esto de las playas privadas no lo acabo de entender.

Cogemos el coche y las toallas y nos dirigimos a la playa. Jen me cuenta que es una playa privada y que ellos pagan por la temporada unos 300$ por el uso de la playa y las instalaciones.

Cuando dejamos el coche me doy cuenta de a lo que se refiere con "las instalaciones". Entramos directamente en una zona el la que hay habilitado un edificio con cierto aspecto de corrala y pequeñas habitaciones, cada una de ellas compartida por dos familias. En estas, se puede dejar la toalla, los bañadores, las hamacas... y hasta tienen una ducha para quitarse la arena antes de irse. Fantástica idea.

Cada uno de los habitantes de las habitaciones la ha decorado a su gusto, y la mezcla de todas es absolutamente divertida, una decoración ecléctica que resulta muy simpática.

Lo curioso del sitio no es eso, sino que la gente se queda charlando en mesitas o sillas en la puerta de su chiringuito, lo que hace que tengamos una versión Gossip de Playa Lisa... uniendo en el sentimiento a los veraneantes de Silver Sand Beach y Santa Pola (quien lo diría). Si no fuese por el cambio de idioma, pensaría que de un momento a otro iba a escuchar el bingo playero que pontaban en Playa Lisa por la noche...

Dejamos los bolsos en la pequeña habitación (con las tarjetas de crédito, el dinero y todo lo de valor.. cuando vuelva a casa me va a costar deshacerme de este concepto de tranquilidad...) y vamos hacia la piscina. Hay dos: una para adultos y niños y la otra solo para adultos. Como llevamos amiguitos pitufos, vamos a la infantil.

Y allí encontramos una piscina con vistas al mar -que eso mola- y con gaviotas que de vez en cuando vienen a beber del agua clorada... un misterio.

Paso la tarde haciendo fotos a diestro y siniestro a los niños y a los adultos sin que nadie me diga nada (creo que aquí están algo menos neuróticos con las fotos) y cuando viene el orgulloso padre de las criaturas nos vamos a cenar a un restaurante en el mismo complejo (sin muchas sofisticaciones pero con buen sabor).

Después de cenar (suena raro decir eso cuando eran las siete) nos fuimos a dar un paseo por Silver Sand Beach y es entonces cuando tuve oportunidad de ver las casitas y los casoplones que llegaban hasta un faro cercano.

Como aquí se estila hablar con la gente que te encuentras, saludamos a esta chica recién salida de la portada del "Sport Ilustrated" con gafas de Gucci y flip flaps de Tommy. Sus perros llevan collares de coach (para quien no lo conozca, una marca muy pro de bolsos y complementos)



Según estamos hablando con ella nos damos cuenta que empieza a anochecer, y que el sol está cambiando de color hasta llegar a un espectacular tono carmín, así que decidimos separarnos y Jen y yo vamos por la costa a ver el atardecer.
Llegamos tarde y solo alcanzamos a ver la luz tamizada que el sol deja en el mar.
Es como en la vida, a veces también se llega tarde.
El mejor consuelo es que, hoy, de nuevo, saldrá el sol...


lunes 3 de agosto de 2009

Friendly people



Siempre he pensado que es duro que lo que sorprenda sea lo positivo. Quiere decir que no es lo frecuente y esto es definitivamente malo. Y es por eso por lo que determinados comportamientos que estoy viendo en este bonito estado además de agradar, me sorprenden.

Sorprende que cuando pides algo en un super, vuelen por dártelo.
Sorprende que cuando te ven despistada en la gasolinera te pregunten si necesitas ayuda.

Hoy me ha sorprendido que un señor en la piscina (un sesentón, mi mercado objetivo... ;) ) me haya visto ir a por una hamaca y que se levantara para ayudarme (estando como estaba a unos 10m leyendo el periódico tan contento, que se podía haber escaqueado...)y que además se me haya presentado y ofrecido para lo que quisiera.
Me sorprende que la gente te hable en la piscina y te den conversación. Hoy he conocido a una mujer que al enterarse que no era de aquí me ha presentado a todos los vecinos que estaban en la piscina y ha montado ir a tomar una copa hoy para que conociera un bar de estos tipo Ally McBeal a los que tengo ganas de ir.

Y me ha sorprendido que un tipo lleno de tatuajes, hoy en el Trader's Joe, me preguntara cuales eran mis planes en este precioso día. No me imagino al del carrefour haciéndome esa pregunta.

Y la última sorpresa ha sido que me ha pedido que le haga una foto. No solamente no te ponen verde sino que se dejan. Definitivamente sorprendente. Los habitantes de esta parte de Connecticut son claramente friendly people. De verdad.

Listen "Keith urban Keith urban - somebody like you"

domingo 2 de agosto de 2009

De marshmallows y primeras veces



Una de las cosas que nunca dejaré de agradecer a la vida es que, a pesar de cumplir años y vivir experiencias vitales buenas, mejores o mediopensionistas, sigo teniendo intacta la capacidad de asombro, lo que es una ayuda inestimable para disfrutar de la vida y de las experiencias nuevas o no tanto.

Cierto es que según vas cumpliendo años, cada vez es más dificil vivir situaciones nuevas y es por eso que cada una de ellas se torna magnífica cuando ocurre. Anteayer disfruté muchisimo viendo a mis sobrinos por la webcam y sobre todo viendo la cara de mi hermana Bea que estaba viviendo un encuentro en la tercera fase tecnológica.
Ayer tuve la oportunidad de tener una nueva "primera vez". Después de cenar en casa de Brad y Sue, esta me dijo que luego iríamos al fuego de los vecinos. La verdad es que me sonó raro, pero como no acabo de pillar el 100% de lo que escucho y aquí son muy aficionados a los fireworks, creí que nos ibamos a situar en algún lugar estratégico para verlos.

Pero no, cuando ví que salíamos con la sangría, los vasos de papel y el cochecito de golf hacia una fogata que veíamos desde la casa, me dí cuenta de que iba a ser otra cosa...
Efectivamente, cuando llegamos al fuego (perfectamente situado en un alcorque para evitar cualquier peligro) y vi que alrededor de él había un montón de gente bebiendo y riendo me dí cuenta de que se parecía más a una noche scout que a un espectáculo de fuegos artificiales.

Tras las pertinentes presentaciones,, y viendo que iba a compartir la noche con algunos de los protagonistas del próximo casting de High School Musical IV, decidí integrarme en el grupo (la aclimatación en estos casos es una regla de oro) y seguir practicando mi inglés.

En un momento dado me preguntan si quiero un marshmallow. La verdad es que a mí me sonaba el término por haberlo visto en dos ocasiones: en las viñetas de Charlie Brown de mi infancia y el otro día en el stop and shop. Les pido que me lo describan para ver si me va a gustar y no acaban de dar con la definición, así que decido probarlo.

El marshmallow es una especie de terrón de azucar grande (una vez probado os diré que creo que es equivalente a nuestras nubes de golosina) que pinchan en una especie de tridente y pasan por la hoguera. Puedes tomarlo poco hecho, medio o pasado, y una vez caliente el interior queda con una textura tipo la del queso brie. Luego lo meten en una especie de sandwich hecho con una galleta y una onza de chocolate... y os aseguro que el resultado es riquisimo.

El primer marshmallow me lo hace Jessica. Pero en el segundo me pico y me apetece hacerlo a mí. Así que lo pincho en el tenedor gigante, lo paso por el fuego y lo remato. Y de nuevo me acuerdo de mi sobrino Nacho. Y pienso que va a ser un privilegio que viva esto a la edad que toca, porque yo lo estoy viviendo algo añosa (aunque feliz, por supuesto).

La noche es muy agradable. Por aquí en los exteriores de las casas no hay luces (o no las ponen) con lo que la oscuridad es total. Gracias a eso, las estrellas casi se pueden tocar y contribuyen a que la noche sea perfecta... bueno, casi...yo echo de menos alguien tocando la guitarra y cantando, pero no sé si aquí son más de banjo...

Cuando vuelvo a casa, a la altura de Portand me sorprenden, ahora sí, los fireworks.
Azules, rojos, verdes,amarillos y púrpura explotan al final de mi camino. Definitivamente, el caldero está bajo el arcoiris...


viernes 31 de julio de 2009

Las hijas del Sr Clemens, la lluvia en Connecticut y la suerte de vivir en un bosque


Durante toda la noche había llovido. Si hubiera sabido antes que iba a venir de vacaciones a Galicia, me hubiera traido un paraguas y el chubasqueiro... El caso es que también llovía cuando me desperté, y un rato más tarde, y luego... así que pensé que una actividad cultural era la apropiada para el día.

Así que busqué en la guía de Nueva Inglaterra la casa de Mark Twain, le dije a Manolo que me llevara y en menos de media hora (eso sí, con lluvia de monzón) llegué al 351 de Farmington Avenue, en Hartford.

Como suele ocurrir en estos lugares de interés turístico, hay un enorme parking adyacente para que se pueda dejar el coche sin morir de estrés. Gracias a ello y al paraguas de Eric que está haciendo horas extraordinarias, pude llegar a la entrada del museo.

Pido mi entrada y de nuevo, y como en mil sitios, me piden mi código postal. Les digo que soy turista y que si quieren que les de mi código de España, encantada. Me dan la bienvenida calurosamente como si fuese algo extraordinario (que estoy segura que no lo es, pero se agradece) y me citan para la visita guiada de tres cuartos de hora más tarde.

Invierto ese tiempo en ver la tienda de regalos (me lo hubiera traido todo) y una pequeña sala con algunos objetos de la época (grilletes de esclavos, una imprenta, sus gafas y algunos objetos personales..) y una parte con bancos en los que había reproductores y se podía elegir escuchar las lecturas de algunas de sus novelas. Elijo un fragmento de "las aventuras de Huckleberry Finn" y durante los cinco minutos que dura la grabación me sumerjo en esa historia que tantas veces leí de niña... tengo que volverlo a hacer en cuanto vuelva, me digo.

Frente a mí, una madre intenta infructosamente que su hijo deje los cascos y salgan de la sala. El niño se niega y a mi me parece una escena preciosa... es dificil abandonar a Twain, verdad??

A las 3,15 comienza la visita guiada. La guía nos dice que vamos a visitar la casa como si fueramos invitados de los Clemens. Y nos dirigimos con ella hacia una casa enorme, color teja con un par de edificios delante que pertenecían a las viviendas del servicio y un jardín maravilloso que apenas se distingue tras la cortina de agua.
Abre la puerta con su llave y ya la primera imagen de la casa impacta. Un hall de entrada con las paredes con madera y marqueteria y una luz suave que imitaba a la antigua luz de gas.

A partir de ahí, un montón de curiosidades: los Clemens vivieron 17 años en esta casa en la que fueron muy felices y en los que fueron escritas las obras más conocidas de Twain. Una casa cálida, con muchos avances respecto a la época (cada habitación tenía baño propio, lo que en 1874 no era nada corriente y tenía un sistema de refrigeración y calefacción )y en la que a uno le apetecería instalarse en cuanto terminase la visita guiada.

Vemos el comedor y la biblioteca y la guía nos cuenta como era la relación de Mark Twain con sus hijas: en cada comida les contaba historias, tenían un código de colores como un lenguaje secreto y en la biblioteca, él hacía de elefante y ellas de cazadoras, todo esto en un mirador lleno de plantas con una cristalera maravillosa que ellos denominaban:"la selva". Les inculcó la pasión por la lectura y por el estudio y parece que era muy afectivo con ellas. Yo, que pienso que puedes llegar a lo que quieras, también tengo claro que tu casilla de salida vital es importante. Y creo que las hijas de Twain tuvieron mucha suerte de tener un padre así. La verdad.

Tal como está organizada la visita, y por las cosas que cuenta la guía como anécdotas de la familia y la época, uno realmente se siente como si hubiera sido, por una hora, huesped de los Clemens. Y uno siente que realmente fueron felices allí.

Salgo muy satisfecha de la visita (gracias Carmen por recomendármela) y me dirijo, bajo una cortina de lluvia al Stop and Shop para comprar una tarta para el postre (estoy invitada a casa de Juan y Vicky). Aquí no hay pastelerías como las de casa, así que puede ser una buena opción.

Por la noche, me dirijo hacia Simsbury y, cuando abandono la carretera principal, es como si me metiera en una montaña donde se adivina que vive gente solo por los buzones que se ven a ambos lados de la vía y alguna luz esporádica. La lluvia me impide disfrutar como quisiera del viaje, pero me hace sentir como si fuese al lugar más aislado del mundo. Veo niebla y visualizo una foto de un hada apareciendo por el bosque. La verdad es que sería bonito poderla hacer...

Llego a casa de Juan y Vicky y es un gusto. Son tan acogedores que es como estar en familia. La enorme casa además, me da una sensación conocida, como una casa de pueblo española americanizada, lo que tiene un punto muy interesante.
Cenamos con otros amigos salmón, maiz y ensalada, regado con cava que siempre casa bien. Nos quitamos la palabra unos a otros y acabamos a las mil.

Y, despacito porque llueve a cántaros y hay poca luz, me vuelvo, encantada del día, a esta estupenda casita que tengo okupada...

jueves 30 de julio de 2009

On the beach


Ayer amanecí temprano.
Eric escribió a Sue para decirle que me tenía que llevar a la playa y a comer a un sitio que le gusta mucho, y ella inmediatamente se puso a la tarea.
El tiempo aquí no estaba de rechiflar, pero pensé que mejoraría según llegase a Durham dondenormalmente es mejor. Pero... no fue así aunque a pesar de todo, ella agarró una especie de quilt para sentarnos en la arena, los bañadores y el bronceador (que no se diga que no somos gente positiva.

Recorremos las pocas millas que separan Durham del Hammonasset Beach State Park y antes de que me de cuenta estamos entrando en el parking, el trayecto se me ha hecho cortísimo, creo que si algún día sale el sol me iré a pasar el día allí.

Como hace mal tiempo y no nos vamos a quedar, le decimos a la chica de la garita de la entrada (una entrada con carriles como las de las autopistas de peaje) que nos deje pasar sin pagar los 7$ que cuesta dejar el coche allí. Ella nos dice que podemos pasar 15 minutos a echar un vistazo. Sue le dice que anote el número de la matrícula y ella dice que no, que no hay problema. Sue me comenta que se fia de nosotras por sus canas (yo pienso que aquí se fian todos de todos mientras no les demuestres lo contrario).

Carmen me dijo que aquí las playas son privadas. Este concepto que en España es inexistente y que además obliga a servidumbres de paso a fincas lindantes con la playa aquí es normal y parece ser que cada verano, motivo de polémica puesto que hay algunos que no son nada partidarios de no tener playas (lo normal). Por la tarde, de hecho, estuvimos conduciendo por la costa por playas preciosas a las que solo puedes acceder si eres vecino y pagas tu tasa correspondiente. Además, solo puedes ir a la playa que te corresponda, lo que yo creo que dificulta mucho que conozcas a nadie fuera de tu entorno. Al final, los habitantes de Connecticut van a acabar como los Borbones, con poca mezcla de raza ...

La playa de Hammonasset es una de las pocas donde los que no viven en el mismo vecindario pueden acceder. Y esto, en principio augura cienes de personas aquí. No las encontramos. Claro que puede ser porque el tiempo bueno bueno no es, pero sin embargo, cerca de la entrada vemos la zona de acampada con el cartel de "lleno total", así que la segunda razón debe ser que es tan larga que hay sitio para todos.

Según paramos para ver la playa, me doy cuenta de lo que echo de menos el mar. Siempre pienso que en otra vida debí ser pez, por muchos motivos, pero uno de ellos es que cada vez que meto los pies en el mar, me siento en casa.
La playa es bastante salvaje, con dunas, del estilo de la de Eastham en Cape Cod, y hay una zona en la que unos cuantos valientes se bañan. No podemos aguantar la tentación y metemos los pies y disfrutamos de ese momento tan agradable.

Detrás de la playa hay una explanada amplia, con unos postes gigantes de madera que Sue dice que son para las aguilas. Mientras nos limpiamos los pies para entrar de nuevo en el coche, hablamos con un hombre que piensa que el día es maravilloso para pasarlo en la playa a pesar de las nubes. Yo le digo que de donde vengo estamos acostumbrados a tener el sol en la playa. El me pregunta que de donde vengo y le digo que de España y me responde en correctisimo español que "a veces no hay quien aguante el sol allí". Sorprendida, le pregunto cómo es que habla tan bien español. Y me dice que es Español, que nació en Barcelona y que hace unos años que trabaja en Connecticut. Ya decía yo que tenía un aspecto diferente...

Después de la playa decidimos irnos de shopping y más tarde a comer al sitio recomendado por Eric, el Lenny & Joe's. Un lugar encantador, familiar y especializado en pescado, algo que echo mucho de menos aquí.

Llegamos al restaurante y la camarera saluda a Sue con un abrazo. Parece ser que es la mujer del handyman (el hombre que hace chapuzas en las casas) que a veces va a casa de los Collins.
Comemos una sopa de pescado para poner un piso al cocinero. Tras ella, un roll de lobster riquisimo con ensalada de col. Creo que es el día que más me ha gustado la comida desde que estoy aquí..
A la salida, desfalco el stand de las camisetas para que los niños vayan todos iguales de Lenny & Joe's que fijo que es un sitio que en Madrid no conocen y eso siempre mola...

Por la tarde y como estaba previsto, comienza a llover. Cenamos en casa de Sue con Owen y Nancy y me vuelvo porque parece ser que tengo un invitado para dormir. Cuando llego compruebo que está como en casa. Incluso se ha traido una nevera portatil para sus cervezas y una serie en DVD.

Hoy me voy a jugar a los chinos si me acerco a la piscina o no... parece que hay sol pero dan tormentas... el tiempo en Connecticut está loco loco...

martes 28 de julio de 2009

Swimming pool day



Una de las cosas que más me gustan del verano (y del año en general) es la sensación de, después de un buen baño en la piscina, secarme al sol. Creo que pocos placeres habrá comparados a este que además tiene la ventaja de que ni engorda ni es pecado, con lo que les gana por goleada.

Así que una de las cosas que le pregunté a Eric antes de venir es si había alguna piscina cercana. Y la hay. Curiosamente a tres minutos andando de su casa.
Claro que no todo podía ser perfecto, y Eric ignoraba si tenía pases de piscina, dónde y cómo funcionaban.

Pero me dijo eso de: "vé y dile al tipo que vives en mi casa y que te deje entrar...". Y esto pensaba yo hacer. Lo característico de este verano en Connecticut es que está siendo dominado por las tormentas y que muy buen tiempo no hace. Entre eso y que mi vida social está ocupando gran parte de mi tiempo, no tuve oportunidad de ir.

Ayer, viendo el weather forecast, dijeron que hoy haría bueno. Así que en previsión, y antes de tener que volverme a casa con mi toalla, mi libro y dos palmos de narices, ayer me pasé por la piscina a preguntar si me iban a dejar pasar.

El chico, un asiático con un acento atroz, me pidió el carnet. Y allí que iba yo con mi speech preparado: "Soy la habitante de la casa 310, el dueño está en España y no recuerda donde está su carnet, pero me ha dicho que me dejariaís entrar" (seguido por mi mejor sonrisa de: soy extranjera y rubia...)

Cuando ya pensaba que el tipo me iba a mandar a hacer puños para hoces, sorprendentemente coteja en su lista si Eric estaba y... bingo!!. Así que me da un formulario de tres folios para que lo rellene.

Yo, viendo el solecito, la piscina en forma de haba y el árbol gigante con hamaca debajo donde me pensaba poner al día siguiente le dije por supuesto a todo que sí, que me lo llevaba a casa y ya lo traía mañana.

Hoy, con nubes y claros he ido de nuevo. Eso sí, hoy ya con el kit de bañista piscinera clásica (bañador, toalla, pareo, bronceador, chanclas, libro e ipod) y... mala suerte... no estaba el vietnamita...

Cuando pensaba que iba a tener que explicarle de nuevo la historia al doble del Michael Jackson cuando este tenía 15, he pensado que mejor ir a la política de hechos consumados. Así que le he largado el papel relleno con los habitantes de la casa 310 (Eric, te he puesto a tí también... :D :D) y el tipo en dos minutos me ha traido un carnet plastificado con mi nombre. He flipado. Esto es eficiencia y fiarse de los otros, desde luego...

La piscina es muy agradable. Una praderita rodeando las dos piscinas: la de adulto y la infantil. Hay ardillas visitantes, no hay duchas (se supone que no les debe preocupar la grasa de los bronceadores), hamacas diseminadas y curiosamente mesas de las de hacer picnic en el campo... claro que cuando he visto que los pocos que venían lo hacían con fiambrera y nevera portatil, lo he entendido todo...

Así que me he pillado una hamaca y me he dispuesto a disfrutar del sol... cuando ya llevaba un rato he pensado que debería hablar con alguien, por eso de la práctica, pero lo que había por allí no era de mis perfiles favoritos: dos mujeres beyoncenianas, a lo suyo con sus niños, una mujer en la piscina, con gafas de bucear que se ha pasado todo el tiempo que he estado allí mirandose los pies bajo el agua, una pareja de jóvenes encantados de conocerse... menos mal que he descubierto a mi amiga perfecta del día...

Tiene 9 años y se llama Isabella. Este año ha aprendido a tirarse de cabeza, aunque le entra agua por la nariz y no le gusta. Por ese motivo, el pino lo hace tapándose la nariz con la mano y no le queda muy allá. La voltereta la hace mejor, y su especialidad es tirarse de canto.

Hemos hecho unas carreras en las que me ha ganado en todas, me ha dicho que ha venido con su tía (que se ha dedicado a pimplarse una bolsa gigante de pringles aprovechando que había colocado a la niña) y que a ella le gustaba mucho nadar y que quería ir a las olimpiadas.

Y todo esto con un inglés exento de esfuerzos por que la entendiera, por supuesto.

Hemos quedado en vernos el jueves y practicar cómo tirarnos de cabeza con salto. A ver como nos salen.

Después de esto, me he vuelto a casa porque tenía un curso de arreglos de jardín. Y es la primera vez que nos da plantón el profesor. El otro chico (al que por supuesto le he pegado una charleta importante, no lo hago por vicio sino por la crisis, que tengo que aprender inglés como sea...) estaba indignado y ha dicho que les iba a escribir para que le devolvieran su dinero y que no esperaba más (yo hubiera esperado algo más, la verdad) y que el barrio era fatal y que no debería quedarme sola allí.

Así que he puesto pies en polvorosa y me he venido para casa. Hoy he decidido darle al play en el CD del coche de Eric.
Y, mientras recorría la zona residencial de West Hartford, he escuchado la canción que probablemente menos le pegaba a este entorno... yo creía que solo a mí me gustaba esta canción...

Y cantando a grito limpio, llego, antes de que oscurezca, a Wisteria...

yo no te pido la luna
tan sólo quiero amarte
quiero se esa locura que vibra muy dentro de ti
yo no te pido la luna
sólo te pido el momento
de rescatar esta piel y robarme esa estrella
que vemos tú y yo al hacer el amor



lunes 27 de julio de 2009

El río de la casa de Nancy



No sé bien si por ser hija de topógrafo o por algún otro motivo desconocido, siempre me han provocado mucho interés esos conflictos familiares y vecinales sobre las lindes. Supongo que bajo esto subyace el sentimiento de propiedad tan hispano que a veces ha generado que familias armoniosas dejasen de serlo y que vecinos que hasta ese momento se prestaban el pan y la sal acaben más enfadados que los hermanos de Puerto Hurraco.

Es por eso por lo que el sistema de casas diseminadas en las praderas como si fuesen setas que llevan por aquí me llama poderosamente la atención. Siempre me pregunto dónde termina una casa y empieza otra, lo que en España es fácil de saber: donde está la valla (aunque siempre hay vecinos que tienen tendencia a sacar la sillita un poco más hasta que se van haciendo con los territorios, pero eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento...)

Y no solo es el tema de la propiedad. Es, sobre todo, el tema de la pradera. Creo que no he visto una sola casa desde que he llegado aquí que tenga el cesped mal cuidado o el jardín estilo selva que tanto se lleva en la sierra madrileña. Supongo que a nadie le gustará estar segando el cesped del vecino por muy chulos que sean esos carritos del estilo del de Forrest Gump. El otro día le pregunté a Brad por esto, y me decía que para ellos no es tan importante si una casa termina en ese seto o en el otro, porque hay libertad para pasar por los prados.

Uno siempre tiene la tendencia a extrapolar las vivencias a las propias del lugar de origen y la verdad es que no veo que esto fuese un sistema que gustase nada en España. La sola idea de tu vecino poniendo sus zapatos en tu cesped recien cortado fijo que no era nada interesante.

Sin embargo, a mi me parece un sistema estupendo. Es como cuando yo digo en las reuniones de la comunidad que la gente tiene que entender que tan suyo es el portal como su piso y que hay que cuidarlo igual. En realidad lo que aquí llevan es una vida en comunidad mucho más que si vivieran en un bloque de apartamentos.

Ayer fuimos a cenar a casa de Nancy. Tiene una casa preciosa (como no!!) y un cesped maravilloso supongo que consecuencia a partes iguales del clima de aquí y el trabajo de su marido. Le pregunté a Jimmy dónde terminaba su finca, y me dió unas indicaciones vagas sobre aquel pino y el otro seto...

Pero lo más alucinante es que en la parte de atrás del jardín, Nancy tiene un rio. Si señores, un rio con sus piedras gigantes, sus árboles y su corriente. Un rio donde los niños se bañan y hacen fuego de campamento. Cuando lo ví no pude dejar de acordarme, de nuevo, de mis sobrinos y lo que disfrutarían en un lugar como este.
Les pregunté qué pasaba si alguien se quería bañar en el río. Y ellos me dijeron que lo podían hacer. Pero me da la sensación de que no es por servidumbre de uso sino porque aquí debe haber tantos kilómetros de rios que no merece la pena meterse en casa de nadie (casa que no tiene valla, por supuesto) para bañarse.

Tengo una amiga que tiene un Renoir en su casa. Ahora tengo una amiga que tiene un río. Bien pensado es mejor el río. No tienes que pagar un seguro carísimo y además sabes que nadie se lo llevará. Creo que definitivamente, si tuviera que elegir, me quedaría con el rio. Fijo


sábado 25 de julio de 2009

Vamos de excursion



Ayer amaneció con sol. Y esto fue una novedad, porque durante la noche no sé la cantidad de litros de agua que debieron caer por este rincón del mundo... pero fueron muchos, de verdad.

A las ocho teniamos el meeting point para ir con la westlife a ver las ballenas a Plymouth (Massachussets). Puntuales y organizados, vamos entrando en un autobús escolar. Somos unos cincuenta, con perfiles muy diferentes. Varias madres con niños (¿los padres durmiendo?), un grupo de hispanos dignos de ser protagonistas de un episodio del programa de Jerry Springer... una familia de color con tres hijos que dudo que quepan en el autobús (deber ser de los alevines de la NBA), una mujer vestida como si fuese a Pachá de ligue, algunos matrimonios senior.. y yo.

Con mi Lacoste azul marino, mis vaqueros y mis menorquinas amarillas desentono total en este grupo humano. Pero en estos casos lo mejor que se puede hacer es sonreir, así que en seguida recibo lo mismo de vuelta.

El viaje a Plymouth dura unas dos horas y media. El autobus nos deja en la zona del puerto, donde se cojen los barcos para el whale watching. Nos dan las instrucciones del día en un papel y nos emplazan dos horas y media más tarde para coger el barco.

Estupendo!! tengo un rato para visitar esta pequeña ciudad. Cargada con mi cámara voy andando por lo que en España se denominaría paseo marítimo pero que es muy diferente. Las baldosas haciendo dibujos sinuosos se susituyen por praderitas y bancos, donde uno se puede sentar a ver el mar.

Me llego hasta la Plymouth Rock que está en una especie de templete frente al mar. Esta piedra simboliza el lugar del desembarco de William Bradford y los peregrinos del Mayflower. Es como un símbolo de la primera roca que pisaron los peregrinos al llegar a Estados Unidos.

Después me acerco a ver el Mayflower (bueno, más bien una reproducción) que está frente a la roca. Y una vez vistos los principales lugares de interés cultural, me dirijo hacia la zona histórica.

Me encuentro con un casco antiguo típico de la zona de Nueva Inglaterra: casitas de madera, con colores suaves, preciosas. Me recuerdan a las que aparecían en la película Tiburón (voy a ver si Carmen me recuerda el nombre del pueblo en el que se rodó). No puedo evitar compararlo (y mira que no me gusta hacer eso) con Provincetown, y Plymouth pierde: la alegría y el ambiente de la pequeña localidad de Cape Cod abruman al visitante y dejan un regusto inolvidable.

Visito un local market donde venden productos locales y artesanales: miel, hortalizas, colchas bordadas a mano... curioso.

A la 1.15 estoy puntual en el lugar desde saldremos con el barco. Somos muchos menos de los que eramos la última vez que fui a ver ballenas... ¿será la crisis?.
Entro la primera en el barco y le pregunto a una mujer del cuerpo de guardacostas cual es el mejor lugar (la mujer tiene los sesenta cumplidos, debe medir al menos 1,80, es rubia y lleva las coletas que suele llevar mi sobrina Isa..). Me dice que mejor en uno de los laterales pero que me podré mover. Así que me pongo en un banco en el centro del barco, en un lateral.

Detrás de mí escucho hablar en francés y me doy cuenta de que Lolita ha venido. Entre tanto americano, una chica de quince años, con biquini blanco y minipantalon, gafas de sol panorámicas y melena rubia, tumbada en uno de los bancos, llama bastante la atención. Sobre todo si ella se encarga en hacerlo... A su lado su compañera de intercambio, americana (si las ves de espaldas podrían ser clones), con granos, gafas y una camiseta de Tommy Hilfiger, algo avergonzada por la indiscrección de su amiga...

El camino hasta donde las ballenas están dura alrededor de una hora. Mientras, una bióloga marina nos cuenta millones de cosas sobre ellas. Algunas las entiendo, otras no me interesan pero hago el esfuerzo.

Empezamos a ver ballenas y los niños empiezan a emocionarse. Al principio ballenas pequeñas, ballenas bebé las llamaba la bióloga. Y tardamos mucho en ver las grandes.
Eso sí, cuando se ven son toda una experiencia. Uno de los barcos está a su lado y ellas juegan, saltan y aprovechan para comer... y cuando emergen, decenas de gaviotas las rodean (se comen el pescado que ellas arrastran) y es un precioso baile de color y vida.



Hago muchas fotos. Quizá alguna esté bien. Ya las veré en Madrid con el lightroom porque aquí con el portatil y el photoshop ni me molesto. Hago fotos de la gente que me interesa más. Realmente parecemos diferentes. En realidad no sé si lo somos.

Llegamos a Plymouth después de una hora de camino de vuelta disfrutando del sol y de la brisa del mar. Hoy me siento como de vacaciones de playa, de las de toda la vida.
Tenemos tiempo para dar otra pequeña vuelta. Me dedico a observar a todos los moteros de Harley que veo por allí y que son muchos, con motos tuneadas y aspecto de malotes.

En el autobús de vuelta nos ponen la tercera parte de Indiana Jones. Eso sí, para no molestar a los que duermen, practicamente inaudible. Así que a los que duermen les molesta la luz de la pantalla y a los que vemos la peli nos molesta no escucharla. Por no molestar a nadie se molesta a todos, como en la vida...

Llegamos on time y la organizadora nos va despidiendo uno a uno. En el parking lot del Target me espera pulgoso (la idea de ir andando de noche por aquí a casa me ponía los pelos de punta, así que decidí bajarme en coche)para traerme a esta encantadora casa que tengo okupada....

jueves 23 de julio de 2009

Donde reside el amor


Donde reside el amor es una preciosa película del año 95 protagonizada, entre otras, por Winona Ryder y Ann Bancroft que relata la historia de una mujer con una crisis de pareja que para poner distancia física y mental decide ir a casa de su abuela, donde entre esta y unas amigas le estan confeccionando un quilt para su boda.

Ese quilt donde cada una pone su historia es una mera excusa para disfrutar, durante la hora y media que dura la película, de un intercambio de sentimientos, vivencias y emociones muy especial. Cada una de las mujeres se desnuda en ese momento en el que las barreras bajan, la tensión se relaja y uno solo tiene que pensar en lo que tiene entre las manos.

Yo, al contrario de lo que le pasaba a las protagonistas de tan bella película, odio coser. Y no solamente lo odio sino que además, es algo que me estresa. Por eso cuando esta tarde he llegado al curso sobre bolsos navajos que comenzaba hoy he pensado que mi madre se estaría matando de la risa allá donde estuviera, solo de ver el estrés que me provoca el enhebrar un hilo en una aguja.

Sin embargo, y ya que tenía tres horas por delante en tamaña labor he pensado eso de que con lo bien que cosía mi madre lo mismo algún gen despistado me quedaba. Y me he puesto a la tarea.

En un momento determinado, mientras la profesora nos contaba que su hija se casaba en Pennsylvania el mes que viene y cada una de nosotras hablaba de su vida y su momento, me he visto protagonista de esa película. He mirado desde arriba y he visto una escena tan relajante, tan cálida y tan especial que incluso he disfrutado cosiendo las minúsculas cuentas del bolsito navajo, una tarea que requiere concentración total que, en algunas ocasiones, es algo muy interesante, la verdad.

Las tres horas se me han pasado en un plisplas. Y, algo más tranquila que cuando salí de casa, vuelvo conduciendo despacito entre los reflejos que la lluvia, un día más, nos deja en esta parte del mundo...


Marhsalls



La primera vez que Carmen me dijo que tenía que ir a Marshalls, dijo que cuando llegara, lo primero en lo que iba a pensar es en matarla a la vuelta y pensar: ¿por qué narices Carmen me ha mandado aquí?. El otro día estuve en Marshalls y no tuve exactamente esa sensación. Luego supe el por qué: no había ido al big big Marshalls....

Lo primero que presagia la catástrofe es una hilera kilométrica de carros de plástico (mucho menos pesados que los de nuestro Carrefour) a la espera de clientes.
Cuando las puertas se abren y el golpe de aire frío te da la bienvenida, la mirada no alcanza para ver el final. En ese momento da hasta agonía -que dirían los andaluces- pensar en lo que queda por delante.


La sección de ropa es simplemente inmensa. Enormes hileras de percheros, ordenados por tallas en los que lo mismo puedes encontrar un vestido de tirantes tipo tienda de chino que un modelo original de Donna Karan, Tommy Hilfiger o Ralph Laurent.

En esta ocasión, prefiero dejar la ropa en segundo término. Hay tanta que no tendría tiempo. Así que optamos por decidirnos a visitar la sección de zapatos. Estados Unidos es el reino de las flip flop (zapatillas de chancla de toda la vida en Madrid). Las hay de todo tipo de modelos, colores y diseñadores. Nos probamos mil y no nos compramos ninguna a pesar de que en un arranque consumista podría habérmelas comprado todas, pero pienso en todo el tiempo que me queda por aquí y en otras oportunidades que tendré de venir.

Paseamos por la ropa de niño y alucino. Modelos de Timberland con camiseta, sudadera y vaqueros originales para niños de un año y pico 14.99 (alrededor de 10 euros). Zapatillas all star unos 9 euros al cambio. Me pregunto por qué la ropa será tan cara en Madrid en comparación a esta...

Pero el acabose llega en la sección de ropa interior. En Madrid, si tu talla es mayor que la 90, te ves abocada a ir con sujetadores de yayona o a pagar un congo por cada uno de ellos. Aquí veo hasta la talla 115 en muchos de ellos. Y no los típicos, sino una variedad espectacular: de todos los colores, los modelos, de rayas, de cuadros, de flores, de colores fluorescentes, de camuflaje... impresionante!!. Me llevo 8 al fitting room y me divierten muchisimo. Miro los precios: 10,99$ (alrededor de 7€). Va a ser el momento de la renovación de mi underwear...

Seguimos avanzando y vamos a la sección de muebles. Veo una cómoda pintada a mano, preciosa por 129$ (90€)y pienso en mis recién comprado muebles de El Globo que me han costado un poco más... Voy a la sección de menaje, a la de plantas, alfombras, maletas y sigo alucinando con los precios.

Llega un momento en que uno se siente algo superado y hay que huir. Menos mal que salimos a tiempo para tomar el lunch en Max Amore, un lugar encantador, como ese en el que tomaban copas cada tarde los protagonistas de Ally McBeal.

Le pregunto a Sue como va el sistema de propinas aquí. Ni corta ni perezosa le cuenta a nuestra camarera que soy de fuera y que estoy interesada en ello y la camarera, amablemente me comenta que tienen un sueldo fijo bajo (alrededor de 100$ a la semana) y que el resto de su salario depende de las propinas (me imagino preguntando esto a un camarero en Madrid y pienso la cara que me hubieran puesto)

Terminamos la tarde en un shopping center estupendo. Entro en Jill's y me gusta todo. Vamos directamente a la sección de Sale y encuentro una blusa estupenda. No la tienen de mi talla asi que llama a todas las tiendas y queda en mandarla a casa de Sue con el precio rebajado y sin cargo adicional. Increible. Cuanto tenemos que aprender en lo que se refiere a atención al cliente en nuestro país...

De camino a casa de Sue paro en un cementerio cercano. Tan diferente a los nuestros. Mucho menos pretencioso, solo hierba y pequeñas lápidas alineadas. Me siento al lado de un árbol gigantesco y siento la paz de ese lugar. Más tarde le pregunto a Brad y me dice que solo en Nueva Orleans las tumbas están por encima de tierra. Esto recuerdo haberlo escuchado cuando fuimos allí y nos contaron que estaban en alto porque las crecidas del Mississipi hacían que a veces los muertos aparecieran en cualquier sitio. Parece ser que este peligro no lo tenemos aquí (gracias a Dios).

Después de un ratito me dirijo a Durham donde vamos a cenar con Emily, la prima de Eric y su novio. Ella, encantadora, me cuenta su viaje a Yellowstone y a Glacier Park. Cenamos en una mesa en el jardín, en la parte trasera de la casa y disfrutamos de una temperatura excelente y de un atardecer precioso.

Cuando empieza a oscurecer vuelvo a casa. Localizo una emisora que es como nuestra M80. Y antes de que sea consciente de que he hecho el camino, llego a la desviación de Corvin Corner...


miércoles 22 de julio de 2009

Rainy day




Ayer amaneció lloviendo. Pero esto lo sentí antes aún de abrir la ventana. Mi espalda me avisaba, implacable.
Y a pesar que no apetecía más que quedarse leyendo bajo el edredón, me levanté al primer toque del despertador.
Como cada día, lo primero que hice fue ir a la cocina y levantar el estor. Observar esta calle tan Wisperia y ver como el vecino vuelve de nosedonde. Pensar en lo diferentes que son nuestras vidas y conectar la cafetera. Medio embobada, el aroma a marcilla traido desde Madrid me dice que tengo que moverme.

Me ducho, me visto y me dispongo a conducir el estupendo convertible del padre de Eric... lástima que esté disfrutando de un descapotable un día de lluvia torrencial... en fin, lo mismo me lo deja algún otro día. El otro día me encantó la sensación de conducir sin capota, con mi gorra y mis gafas de sol. Casi me sentí de la tierra.

Llego a Shelton a media mañana. Mi destino: la empresa con la que llevo colaborando tres años y en la que solo conozco al responsable de los free lance. Me hace ilusión conocer a esos compañeros con los que trabajo en equipo en remoto y que tantas veces nos hemos escrito.

El encuentro no defrauda mis expectativas: es un placer comprobar que en la distancia corta las personas suelen ser mejores. A partir de ahora, intuyo que los mails serán más cálidos.

Como con Rick en un chili's. Una de esas ensaladas gigantes que tienen por aquí y con la que sobreviviría una familia entera de la India. Hablamos del trabajo, de la situación y de cosas más interesantes, como que se ha comprado un camión de bomberos de segunda mano (esto tuve que confirmarlo tres veces por si me había enterado mal) que ha restaurado y con el que estuvo, por ejemplo, en la parade del cuatro de Julio. Me dice que a veces se lo presta a los amigos para sus fiestas de cumpleaños. Me lo ofrece igualmente a mí. Yo me imagino a Jonete en el camión y no puedo con la vida. No se cómo pero hay que llevarlo. Seguro.

A la vuelta voy a Durham a cambiar el convertible por el coche de Eric. Me encuentro a Nancy en la barra de la cocina, bebiendo vino. Le pregunto disimuladamente a Sue si lleva allí desde hace tres días (fue la última imagen que tuve de ella). Ella se rie y me sirve un vino. Aprender inglés no sé si lo haré, pero voy a ser una experta en vinos americanos...

Vuelvo escuchando la 92.5 en la radio. Empiezo hasta a saberme las canciones. Es un camino agradable, aunque llueva. Todo consiste en disfrutar del clima, verdad???

martes 21 de julio de 2009

Healthy Food


Una de las cosas que uno descubre en el minuto uno de poner el pie en Estados Unidos es la especial relación que tienen con la comida. Desde los puestos de pretzels y donuts del aeropuerto al aluvión de pizzerias y hamburgueserias, pasando por los restaurentes italianos y chinos (qué decir de los carritos de perritos calientes de Nueva York, pecaminosos totales...), todo incita a comer. Bueno, no solamente a comer, sino a comer un tipo de comida denominada "fast" porque tan rápido como se come tan rápido se instala en tus caderas.

Así que este año y conociendo el percal he decidido prescindir la mayor parte de veces posible (en algunas ocasiones es casi inevitable) de ese tipo de comida e inclinarme hacia la healthy food. Gracias a la recomendación de Carmen de visitar el stop and shop (con una zona de fruta y verdura fresca maravillosa)y al hecho de comer o cenar en casa la mayoría de las veces creo que puedo tener este tema controlado o, al menos vigilado de cerca.

La buena noticia es que desde la primera vez que viene a ahora, ha habido un cambio en la oferta de los super y la fruta y la verdura y, en general, la comida saludable, se ha hecho un hueco en el mercado.

Ayer Delia y yo quedamos para cenar, y fuimos a una especie de mercado de comida fresca en el que había una barra de ensaladas maravillosa (y de todo tipo de comida que ni quisimos mirar...). Lo curioso es que ibas con el plato y la misma cajera que te cobraba las coca colas, pesaba el plato y te lo cobraba. Fuera de esta zona había otra en la que uno podía comer lo que había comprado. Eso sí, viendo, mientras degustas orgullosa tus espinacas, que el tipo de al lado se está pimplando una cuatro quesos cuyo aroma te puede matar en cualquier instante...

En fin, todo sea por los nuevos modelos de otoño...

sábado 18 de julio de 2009

I want to be like Huckleberry Finn


Hoy amaneció lloviendo. No era una lluvia fuerte, ni siquiera sonaba al chocar con el suelo. Era más bien una lluvia asturiana, de esas que pareciera que ni siquiera mojan, pero que molestan.

Así que pensé en ponerme unos zapatos cerrados, coger el paraguas y prepararme para otra potencial thunderstorm de camino a Durham.

Sin embargo, y como las predicciones del weather channel, que pueden cambiar en cuestión de minutos, cuando salí a la calle había dejado de llover e incluso tímidamente asomaba el sol.

Como mañana es el cumpleaños de Sue, cogí el coche en dirección a Marshalls, un lugar que según mi mejor amiga Carmen debía visitar sí o sí, a ver si encontraba algo que regalarle. Y eso que regalar algo a alguien a quien apenas conoces es complicado, pero como de igual manera tendría que ir porque si vuelvo sin hacerlo Carmen me matará, me llego a uno que hay en West Hartford.

Como todas las tiendas de aquí, es enorme. Entro y veo la sección de zapatos. Craso error. Miro y oteo así de lejos alrededor de cincuenta modelos de esclavas. Me pruebo unas y me encantan. Y las otras también. Y de lejos, unas flip flap me llaman... así que como veo que mi vida va a ser un sindios allí y que solo tengo una hora,opto por irme, fundamentalmente por el bien de mi economía.

Al lado, en la food court veo que hay plantas. Quizá sea una buena idea regalar una, es algo poco comprometido y que en general, gusta. Entro y en seguida diviso una orquidea aterciopelada color violeta oscuro que me gusta. El floristero, un tipo con una media melena a lo Peter Horton, me pregunta si necesito ayuda. Le miro y me sonríe. Y su sonrisa multicolor ilumina el super...

Le pido una funda para el tiesto y se ofrece a ir a buscarme una. No, digo yo, ya voy yo. Pero antes de terminar, con esta amabilidad que gastan por aquí, había vuelto con tres tiestos que podrían servir. Me sugiere uno pero me dice que mejor en azul (a mi a estas alturas y epatada por la sonrisa multicolor tanto me da un color que otro) y va a buscarlo. De repente, busca en su mostrador y saca un tiesto de zinc en verde oxidado que es el que le va fetén. Le doy las gracias y cuando voy a pagar me dice que es un regalo. Increible.

Llego a Durham y me voy con Sue y su familia a casa de su sobrina. Es el cumpleaños del niño y han quedado alli. Sue lleva nachos y sangría y allí hay pizza y alguna otra comida saludable.
Cuando llego me siento como si fuese invitada a la mesa con la familia de "little miss sunshine". Me siento en una silla y abro bien los ojos. Qué suerte que tengo de poder estar en ambientes tan diferentes al mío. Todo tipo de perfiles en esta reunión: niños, jovenes, mujeres de mediana edad, hombres de todo tipo... Me presentan y voy charlando con ellos. Me encuentro a un hombre que me habla de la Barcelona del 72. Yo casi ni recuerdo la de antes del 92, así que lo que me cuenta me suena a chino. Otra mujer me pregunta cuanto tiempo voy a estar y muchos dicen que mi inglés es encantador. Y, como diría mi amigo Jose, ellos son muy majos.

En un momento determinado, le dan los regalos al niño. Y tiene tantos que no sabe ni a cual hacer caso de los nervios y la excitación. El resto le ayudan a abrirlos, juegan con él... pero en diez minutos nuestro protagonista está en el arenero con un camión sin hacer caso a los nuevos regalos... veo que los niños son iguales en todas partes.

Más allá me fijo y veo a un niño subido en un neumático que está colgado de un árbol. Su padre le columpia y el vuela por el cielo de Middletown. Y grita. Y ríe. Y yo recuerdo a Huckleberry Finn y sus aventuras. Y deseo tener cinco años. Y entiendo a Carmen cuando me dice que quiere que sus hijas vivan esto. En este momento lo entiendo muy bien...



Spanish wine night



Ayer viernes estaba invitada a casa de Sue y su familia a tomar un vino y picar algo. Estuvimos hablando sobre la comida que les había gustado cuando fueron de viaje a Madrid, así que quedé en preparar unas tortillas de patata y sangría.

Conseguir los ingredientes de la tortilla no fue dificil, aunque aquí el aceite de oliva es un bien preciado y en los supermercados con lo básico, tipo Target no lo tienen. Carmen ya me dijo que lo tendría que comprar en el stop and shop. Y así fue. El resultado fueron unas tortillas que casi parecía que las hubiera hecho en Madrid.

La compra de vino para la sangría fue mucho más problemática. Fuí a una liquor shop en la que te avisan con un cartel en la puerta de que si tienes menos de 21 años ni te molestes en entrar. Como, al menos por algunos meses, he superado esa edad, me dispuse a entrar en el super. Solamente entrar ya agobia. Aquí todo es grande, y ver un super del tamaño del del Corte Inglés de Goya solo lleno de vino, como que casi da algo (hay una pequeñisima parte destinada a coca colas y limones, pero pequenísima). Además, las botellas no son como las nuestras, sino que son de 1,5 litros, salvo las de importación.

Normalmente en Madrid yo sabría qué tipo de vino comprar para una sangría... pero aquí me encuentro sobrepasada por los tipos, los tamaños, los gustos... las botellas tienen etiquetados tan atractivos que dan ganas de llevárselas todas. Elijo cuatro botellas de marlot de una marca denominada little penguin o similar y de una forma muy poco profesional: simplemente porque me gusta el diseño.

Busco infructuosamente fanta de limón. Es curioso que aquí exista la fanta pero solo la de naranja. Compro soda de limón de la marca tropicana y confío en que sirva. Compro ginebra (siempre es importante un toque)y con este cargamento más la fruta que compré por la mañana me voy a Durham.

Cada vez que sigo a mi tom tom para ir, me doy cuenta de que si no existira, creo que aparecería en Vermont, porque aunque el camino no es muy complicado hay un par de puntos donde se cogen los cruces que como te descuides, los pierdes.
Pillo el traffic jam de rigor en el puente de Portland (tengo algún día que parar a hacerle una foto) y llego a Durham unos cuarenta minutos más tarde.

De nuevo, al coger la carretera que va a casa de Sue no tengo por menos que abrir bien los ojos y disfrutar de esa luz tamizada por los árboles, de esa sensación de paz que transmite.

Cenamos pronto (al menos para un hispánico), lo que cada vez pienso que es mejor, porque uno se va a la cama con la digestión hecha, tomamos tarta de cumpleaños que trae Nancy y recibimos la visita de unos vecinos.

El vecino es bombero voluntario. Le pregunto qué es eso y me dice que como el pueblo es tan pequeño no tienen ni bomberos ni policías. Y que algunos vecinos son voluntarios. Es por eso por lo que lleva una camiseta chulisima con el anagrama de Durham y la palabra volunteer y un busca. Me dice que no interfiere mucho en su labor diaria porque solo recibe una llamada al día. Esta orgulloso de ser voluntario y yo me pregunto si esto existiera en España si los vecinos estarían orgullosos o protestando todo el rato... voy a pensar en esto un rato...

Hablamos mucho con él, su mujer y su hija y me doy cuenta de que cada vez soy más capaz de tener una conversación fluida. Nos sentamos en el porche, descansamos y tomamos sangría... y yo abro los ojos mucho para poder guardar en mi disco duro esta escena de relax. Quizá me haga falta recordarla en algún momento...

viernes 17 de julio de 2009

Manolete Manolete, ... si no sabes torear... pa qué te metes???



Los refranes son sabios, y este que titula el post es uno de los que más utilizo yo en mis cursos. Creo que a veces (y sobre todo en España) tenemos tendencia a actuar -si hay que ir, se va- antes de pensar. Y me aburro a ayudar a reflexionar a los participantes sobre la importancia de primero otear el terreno y pensar antes de actuar.

Pero a veces, en casa del herrero, cuchillo de palo. Y esto fue lo que me pasó ayer en la ducha, donde me dí cuenta de lo paleta que soy a veces y de lo necesario que es el viajar para dejar de serlo.
En mi maleta traje gel de baño en envase hotel, sobre todo por si acaso aquí se había acabado y yo tardaba en ir al bath and body shop que es mi sitio adorado mundial para comprar todo tipo de lujos asiáticos para el cuerpo...

El primer día que me duché en esta casa, ví un dosificador justo detrás de la alcachofa de la ducha. Y sin pensar en otra opción, lo asocié a los dosificadores de jabón que he visto mil veces en España... primer error: hacer caso al lo que ves -o piensas que ves- a primera vista. Así que como tenía gel, no lo utilicé.

Pero anteayer, y al ver el color transparente tan estupendo del presunto gel, pensé que podría probarlo. Y aquí cometí el segundo error: no pruebes nada sin leer antes la etiqueta...
Presioné el botón y nada. No salía nada de gel. Así que pensé que, como no llevaba las gafas y no veía un pimiento, estaba tocando el botón equivocado... tercer error: confirma que ves bien antes de tocar un botón.

Aunque la situación cambió radicalmente cuando cerré el grifo de la ducha. En ese momento comenzó a salir por aspersión una especie de Fairy que prometía dejarme enjabonada cual sartén en espera de pila... En ese momento decidí huir de la ducha (casi me mato en el intento... :D :D), eso sí, matada de la risa de mi propia paletería y encantada de estar sola y que nadie tuviera que ver esta escena tan de PacoMartinezSoria.

Lo que pasa es que, al final, he considerado que era una obligación amiguil describir tamaño artefacto y sus posibles consecuencias. Para que no os pregunteís, como yo hice: qué hace una chica como tú en un sitio como este...

jueves 16 de julio de 2009

Sunny day in Durham


Aun con hebras de jet lag, amanezco primero a las seis y luego a las ocho (otra de las características de las casas de por aquí es que en su mayoría no llevan las persianas como equipamiento de serie, lo que hace que, para alguien que está acostumbrado a dormir en la oscuridad total, el primer rayo de luz de la mañana sea el que le haga despertar).Tengo suficiente tiempo para recoger todo, antes de salir para Durham donde Sue, la madre de Eric, me espera para pasar juntas el día (o al menos eso me ha parecido entender en la conversación telefónica que tuvimos ayer).
Lo primero que hago tras salir de la casa es rezar. Sí, también rezo por algunos de vosotros, pero en este caso focalizo mis esfuerzos en rezar para que el tom tom encuentre la dirección y me lleve sana y salva. Bien!!. Lo consigue y voy despacito (no tanto como para que me pongan una multa -ya me avisó Delia que podía pasar- pero si lo suficiente como para ir tranquila), escuchando música y disfrutando del paisaje.


Durham
está a una media hora de aquí. Una parte del camino se hace por la highway, pero en un momento determinado se atraviesan algunos pueblos (no en el concepto hispánico de atravesar, en el que puedes darle la mano a la yaya que está tomando el fresco a la puerta de su casa), sino que a veces el camino coincide con alguna de las calles principales de estos pueblos.

Con mi habitual memoria de pez sería incapaz de recordar el nombre de uno tan siquiera, pero la mayoría de ellos tienen una hilera de tiendas encantadoras, una iglesia con una aguja larga y un parque absolutamente inmaculado. Al pasar también veo un puente magnífico. Y me digo que tengo algún día que parar para hacerle fotos porque es un puente precioso, muy diferente a los que se llevan por mis pagos.

Llego a Durham y de nuevo doy gracias al cielo por el progreso. Mi tom tom me deja exactamente en la casa de Sue. Me paro al principio del camino para disfrutar la vista: una colina con árboles y un par de caminos de arena que llevan a una casa colonial, enorme, como la de la dama y el vagabundo. Blanca, de madera, con una enorme bandera americana ondeando en un porche con flores de colores y sillones blancos de mimbre. Alrededor de esta casa y situadas como las setas de pitufolandia, algunas otras viviendas, igualmente blancas y una especie de cobertizo pintado en rojo óxido con una enorme estrella en su frontal. Inmediatamente, uno desearía vivir aquí.

Sue me recibe con un abrazo. Como si me conociera de toda la vida. Me presenta a su marido y me enseña su casa. E inmediatamente cogemos el coche para un paseito de reconocimiento por la zona. Pasamos por una zona residencial que me recuerda a Wisteria lane. No me cuesta nada imaginar a cualquiera de las desesperadas mujeres viviendo por aquí. Atravesamos algunos pueblos y me enseña dónde estan las tiendas imprescindibles (en ese momento no quiero comentarle nada sobre mi memoria porque la mujer lo hace con toda la ilusión...)

Más tarde compartimos un snack para comer y volvemos a la casa. Mientras ella va al dentist, yo me dedico a dar un paseo y disfrutar de esa colina, de esa hierba verde infinita, del pequeño lago, de los patos... Me siento un rato en un banco bajo un arbol y simplemente disfruto...

Al rato llega Sue que me pregunta si quiero un vino para el paseo. Le digo que es un poco pronto para mí (es lo que tiene el cambio de horarios), así que ella coge el suyo y me lleva a un pequeño cochecito de golf que tiene en el garage. Me subo e inmediatamente pienso que Nachete tiene que venir aquí y vivir todo esto, subir por una colina con Sue y su vino estrategicamente situado en el volante, viendo los patos, los caballos y perseguidos por un par de perros que juegan con nosotros.

En un momento determinado, Sue se dirige hacia la carretera. Le pregunto si ese cochecito puede ir. Y me dice que no. Y le pregunto si aquí está permitido conducir mientras te bebes un vaso de vino. Y me dice que tampoco. Y al decirlo, se le pone esa sonrisa que debió estrenar cuando tenía cinco años. En ese momento decido relajarme y disfrutar de ese paseo en el que compartimos charla con amigos, conocemos a un nuevo vecino y saludamos a todos los que pasan por allí.

El día termina con una cena en una mesa en el mismo paraiso: steak a la parrilla, ensalada Cesar y raviolis con espinacas de guarnición. Compartimos la mesa con Nancy, amiga de Sue y hablamos de lo divino y lo humano y de ir a ver a Sting a Boston. Y entre broma y broma descubro que me puedo matar de risa en inglés. Y esto me mola.Mucho.


miércoles 15 de julio de 2009

Stop and Shop




Teniendo en cuenta que mi intención es permanecer aquí durante un rato, esta mañana, cuando amanecí, pensé que una buena idea sería hacerme un poco con el terreno. Y no solo con el terreno físico, sino con todos aquellos usos y costumbres que así a primera vista, me chocan.

Lo primero que me llamó la atención ayer fue el lugar donde se guarda la llave de la casa: bajo el felpudo, como en las pelis. Supongo que en Madrid obviamente sería impensable... pero igualmente lo sería en la mayoría de los lugares de España...lamentablemente, por cierto.

Una vez constatado que este es un lugar donde se duerme muy bien, ausente de ruidos y demás incomodidades, decidí comenzar mi primer día yendo a comprar algo para el desayuno. La sorpresa es que la llave de "pulgoso" (uno de los dos coches de Eric) no ponía en marcha el coche. Traté con todos los trucos, sin éxito, así que como Walter (un amigo de Eric que ha estado unos días aquí) iba a venir a devolver el coche bueno por la tarde pensé que, teniendo en cuenta que cerca había un supermercado gigantesco podría bajar andando. Lástima que mi llegada fuera de noche y fuese incapaz de recordar hacia donde estaba...

En este ensimismamiento estaba cuando de repente, bajó la vecina de arriba de la casa. Así que aprovecho para preguntarle cómo se va al Target. Me indica, y cuando voy a recoger el bolso, veo como ella coge su coche. Me invita a subir con ella para acercarme.

Me cuenta que vive en esa casa solo hace dos meses, que su novio es jugador de baloncesto profesional y que ella chapurrea el español porque estuvieron viviendo en Argentina. Amablemente me deja en la puerta del Target y me dice su nombre: Hope. Y yo pienso que suena mucho más bonito que nuestro Esperanza...

Entro en el Target y me da pereza hasta mirar. Es enorme. Todo tipo de productos se alinean en infinitos estantes. Contabilizo hasta veinte tipos diferentes de humidificadores: grandes, pequeños, medianos, con forma de pato, de pinguino, de casita, de flor... impresionante...

Invierto una hora en ver de todo (me aburro a la mitad) y opto por buscar la comida infructuosamente. Solo tienen artículos de primera necesidad: veinte tipos de chips, quince de cereales, coca colas y galletas. No es exactamente lo que yo denominaría artículos de primera necesidad, la verdad.

Desayuno en una cafeteria del centro comercial y pienso que cuando tenga coche iré a comprar la comida.

Vuelvo andando a casa y me doy cuenta de uno de los motivos por los que los americanos no andan: no hay aceras!!... tengo que ir por la misma carretera hasta la casa... menos mal que van despacio...
Me pierdo y pego la hebra con una mujer que me acompaña a casa. Me cuenta su trabajo, el clima que hace y lo lindo que es vivir aquí.

Por la tarde y, ya con Delia, vamos al Stop and Shop, el centro comercial que a Carmen le rechifla. Entro y me doy cuenta del por qué. Solo con el mostrador de la fruta uno puede entrar en trance viendo la variedad inmensa de especialidades, la combinación de colores de las frutas, el olor a campo que se siente... Así que empezamos a llenar el carro: melón rosa, manzanas, cerezas, sandía... cuando vamos a pesar todo aparecen dos precios en la pantalla de la báscula: uno normal y otro con descuentos para los titulares de la tarjeta stop and shop que me dió Carmen en Madrid.

No tenemos muy claro por qué aparece esto aquí cuando debería aplicarse en la caja. Así que preguntamos a un chico de color (lo de chico es un eufemismo porque era un armario de dos cuerpos...) con una sonrisa de las que iluminan tu día cómo funciona esto.

La sorpresa es cuando nos lleva a un panel lleno de luces de colores. Un panel central con una especie de espejo y alrededor suyo unos cajetines con lo que parecen mandos de videojuego. Eso sí, todo con luces intermitentes. Me siento como si participara en la ruleta de la fortuna...

Pasamos la tarjeta por el espejo (que era un scanner) y uno de los mandos se ilumina: bingo!! nos ha debido tocar algo!!
Cuando el armario ve mi cara de ilusión se ve con la obligación de contarme que ese es nustro personal scanner y que tenemos que utilizarlo cada vez que cojamos un artículo con código de barras. Hay que dar un botón, esperar el pitido que dice que se ha contabilizado y parece ser que todo se graba para luego aplicar los descuentos en la salida. Le digo al tipo que we don't have that kind of things en España y nos vamos encantadas con nuestro mando, es como volver a cuando eras pequeña y jugabas a las tiendas, pero en moderno. Pienso en lo que le gustaría a mi sobrina Isa.

Lo mejor del mando es que de vez en cuando hace spam... y suena como cuando en las Vegas te toca el premio en las tragaperras, lo que hace que nos dé más de un colapso al corazón cuando estamos tan tranquilas mirando el super y eso va sonando...

La jornada de shopping termina en el Best and Buy donde compro un cargador para el tom tom, que ha decidido no aplicar la itinerancia.

Volvemos a la casa, tomamos un vino, hablamos de lo divino y lo humano y, muy prontito porque aún no me hice con este horario, decido emigrar a la maravillosa cama que me espera al final del pasillo...





All I got to be is, be happy
All it's got to take is some warmth to make it
Blow Away, Blow Away, Blow Away

martes 14 de julio de 2009

A cien millas de Manhattan


Lunes 13 de Agosto del año en curso.
Después de un viaje "interesante" en el que se combinó la comodidad de un transoceánico en bussiness con la intranquilidad de un vuelo que se demora durante horas por un problema mecánico, por fin aterrizo en el aeropuerto de Bradley, en Hartford, Connecticut.

El aeropuerto sigue la norma de muchos de los aeropuertos estadounidenses, así que no me llama mucho la atención, aunque sigue sorprendiéndome la tranquilidad con la que una fila enorme de coches espera a sus familiares y amigos sin que nadie toque el claxon, sin que la policia despeje la zona y con una tranquilidad pasmosa.

Estoy esperando con mis maletas en la puerta de la terminal cuando un hombre viene hacia mí y me abraza. Le correspondo no sé bien por qué y gracias a Dios encuentro tras él a una mujer morena que debe ser Delia. Me alegra infinito su presencia, no solo por tener un contacto aquí sino porque estoy cansada y no sé bien donde tengo que ir...

Salimos de Bradley en dirección a New Brittany, una especie de zona residencial cercana a West Hartford donde de momento veo poca luz y urbanizaciones con un aspecto muy de Nueva Inglaterra.

En una de ellas paramos. La casa de Eric es una especie de adosado donde en la parte de arriba vive un vecino y en la de abajo él. Es muy coqueto: bastante amplio, con una gran cocina americana y muchas ventanas que me hacen pensar que mañana tendré mucha luz.

Delia me da unas indicaciones generales sobre la casa. A estas horas y con 22 horas de pie soy incapaz de retener ni una de ellas, así que le doy las gracias amablemente y la emplazo a que nos veamos otro día.

Cuando Delia y su marido se van, me doy cuenta de que lo último que comí fue hace 14 horas, y que el estómago me protesta. Busco infructuosamente una galleta, un trozo de queso... sin éxito...

Así que opto por lo que sí que tengo delante: esa magnífica cama king size que me espera en este encantador lugar situado a cien millas de Manhattan...